Opinión

Día sesenta y uno

Bitácora de Viaje (de estudios Socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

Toronto es una ciudad que está rodeada de lagos majestuosos. Quizá el adjetivo suene exagerado, pero la dimensión del Lago Ontario no se ve trastocada por la grandeza del Lago Erie ni el helado Lago Hurón y el escondido Lago Simcore. La distinción de Toronto es su gran Torre que alberga las enormes y potentes antenas de radio y televisión. De estas, destaca la antena de la CBS, que mundialmente ha difundido la cultura en general, y la cultura canadiense. Lo mismo que la CNI.

 

A propósito del aniversario de Radio Universidad Autónoma de Querétaro, recuerdo un viaje que realice a Canadá, y después de haber recorrido las inmensas calles de esa ciudad que tampoco duerme, como Nueva York y Tokio (no conozco aún Tokio). Me encontré en la calle de Front Street West lugar que alberga las instalaciones donde se transmiten las emisiones de esta importante corporación radiofónica.

Radio UAQ desde sus inicios retransmitía muchos de los programas realizados por estas emisoras internacionales. De las que acompañaban a estas “transcripciones” se encontraban Radio Jerusalen, de la Radio Israel, La Deustche Welle de Alemania, La RAI, de la Radio Italiana, la RTVE de España, con la cual me hace recordar a Liz González y a Ezequiel Martínez Ángeles, RCI también de Canadá, y que nos traía sus sesiones de Jazz con sus sesiones intensas de sus músicos queridos. Y desde luego de la CBS, con información mundial.

Toronto compite con New York, desde mi punto de vista, en lo multicultural. Por eso sus transmisiones tienen una profundidad y una relación con las diversas culturas a las que les da cobijo y con las cuales ha edificado su patria. Por eso la radio es importante en las comunicaciones de esta población multifacética. Y esto es lo que ha estructurado una forma de difundir y compartir su producción. En Querétaro, supimos mucho de Canadá a partir de estas transcripciones, y en 2004 tuve la oportunidad de conocer las entrañas de este corporativo que durante varios años nos enviaba puntualmente sus producciones.

Bueno, les platico, lo que hasta ahora ha sido mi mejor experiencia en la visita de museos de historia sobre la comunicación. El Museo de la CBC es un lugar que hay que conocer, sobre todo si la radio es su pasión.

El edificio es un conjunto de granito, estructuras metálicas y con una cantidad enorme de cristal. Muy propio de los canadienses de la parte inglesa. La CBS se encuentra en el piso uno y diez del centro de comunicaciones y de monitoreo de terremotos. Sin embargo parece que la radio lo ocupa todo.

En el piso uno, a la entrada del Museo empieza la experiencia, porque se retoma la exhibición con los primeros aparatos de comunicación militar, con la cual la radio tuvo un importante empuje. Las cajas de transmisión portátil que llevaban en la espalda los soldados canadienses en la Segunda Guerra Mundial, hacen ver el portento de la ingeniería canadiense. Esta sala da entrada a una serie de habitaciones que simulan el interior de una casa habitación.

La sala de una casa, es confortable, aparece un sofá, su tapete central, algunos libreros, y un estante cerca de la ventana que tiene una vista a un parque. En ese estante se encuentra el radio. De esos aparatos voluminosos de bulbos, que tienen una forma como de capilla, no solo por la forma, sino por el tamaño. Y su par de botones para el volumen y la sintonía. El Círculo de la aguja para indicar el radial y su tela que vibra con los sonidos graves de la transmisión.

Uno accede después a otra sala, otra década, en la que el radio más modernizado y los muebles le dan un entorno más confortable y deja ver las señas de la época más industrializada, más compleja. La radio con cuatro bandas, en las que además de la amplitud modulada, cuenta con varias de onda corta. Desde luego que uno puede escuchar las emisiones recuperadas de la historia de la radio. Desde el año de 1936 esta corporación de radio canadiense fue considerada como la portavoz de la nación, de acuerdo a sus datos. Por ello, su existencia significó y ha significado el enlace de costa a costa y sus fronteras en las frías tierras del norte del continente.

Así sucesivamente, uno va transitando de sala en sala de las viviendas canadienses, hasta que de repente uno observa una gran ventana en donde los locutores, productores, guionistas, se encuentran transmitiendo desde una de sus salas de transmisión. Construido en 1993 con un costo de 350 millones de dólares el edificio que alberga a la CBC luce majestuoso entre todos los rascacielos de Toronto.

El edificio llena todos sus espacios, y destaca la existencia de tres estudios de radio, diez y nueve estudios para la producción, así como otros tres estudios de televisión, además de dos estudios de televisión local, y departamentos para sus escritores, oficinistas, guionistas, actores, y locutores.

Anteriormente se contaba con un espacio para la fonoteca. Ahora desde luego que se cuenta con espacio para una enorme cabina de transmisión continua las 24 horas y contiene gran parte de sus transmisiones robotizadas. Tiene también un radioteatro, el Graham Spry en donde se cuentan las historias de la radio y otras historias de Canadá. Grata impresión sobre la historia de los medios después del recorrido por este edificio.

Por eso, cuando uno ve esas instalaciones y observa las de Radio Universidad Autónoma de Querétaro, y compara también su producción, valora más lo realizado por los productores, su personal y sus técnicos de esta radio universitaria.

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