Opinión

Día treinta y cinco

Bitácora de Viaje (de Estudios Socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

El territorio del arte es infinito, pero se presenta fragmentado en espacios acotados. Uno puede pensar en las salas de exposición clásicas, como las del Museo Regional de Querétaro, que poseen una sobriedad que engrandece las obras que alberga en sus salas temporales y permanentes.

Las bóvedas del techo brindan un ambiente de tranquilidad y serenidad para la contemplación de los cuadros o de los objetos que se exhiben en ese lugar. Aquéllas contrastan con las salas de exhibición del Museo de la Ciudad, que aunque pertenecen a edificios vetustos, históricos, éstos tienen un toque de jovialidad. Elemento que es contagiado por los artistas contemporáneos que ahí exponen, y convierten el lugar en un remolino de emociones y sentimientos que extraen de sus visitantes. Los collages y las obras emanadas del performance, con imagen de ruinas o uniones lúdicas, constituyen la personalidad de ese lugar.

Éstos son los museos presentes, locales, evocados arbitrariamente por la referencia inmediata de la experiencia reciente. Personajes que emergen rescatando los edificios idos. Los espacios emblemáticos que ofrecieron grandes momentos emotivos son los Idus de Marzo. Rescatados solamente por algunos de los pósters o carteles que son la huella impresa que peligra perderse de la memoria. Uno de esos lugares fue el Centro Cultural de Arte Contemporáneo. Un edificio emblemático situado en Polanco, en la ciudad de México, que lamentablemente cerró al término de la década de 1990.

Este Centro Cultural llegó a albergar muchas exposiciones completas y únicas, pero la más emotiva fue sin duda la que se tituló como “Leo Castelli y sus artistas”. En esa ocasión se logró reunir a lo más representativo del arte de nuestro tiempo moderno, logrando que los asistentes fueran, además de numerosos, participantes en la creación de emociones al tener contacto con las obras. Arte conceptual que marco épocas y que dejó marcadas huellas en la historia del arte.

“Cualquier objeto que sea elevado a su categoría de arte, lo convierte en un elemento inútil para lo que se creó, pero necesario para expresar el espíritu humano”, señalaba Castelli. Y entonces, el recorrido en el Centro Cultural se convertía en un viaje lleno de sorpresas y admiración. Las cosas cotidianas volvieron a recuperar su majestuosidad bajo aquella idea de Castelli, pudimos observar la sopa Campbell’s de Warhol, así como a sus Marilyns Monroes en su descomposición de colores básicos, como también las llantas tasajeadas en una pared blanca, con el título, “Gaucho sobre pared”.

El estudio del arte se convierte también en el estudio del espacio. La cultura es también un aspecto importante que debe analizarse y convertirse en objeto de estudio desde la perspectiva del territorio, dado que significa una interrelación necesaria para reconfigurar y darle una nueva significación al territorio, como al mismo arte. En este sentido, para ti, estimado lector, ¿cuál ha sido tu espacio de arte que recuerdes, te ha movido el alma?

twitter@manuel.basaldua

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