Opinión

Día veintinueve

Bitácora de Viaje (de Estudios Socioterritoriales)

Por: Manuel Basaldúa Hernández

El mito del “turismo científico” es atribuido generalmente a los profesores universitarios que además son investigadores, y que acuden fuera del estado o del país a los congresos o reuniones de especialistas de su tema.

Algunos miembros de la comunidad académica ajenos a estas tareas se quedan con la impresión de que es una actividad que se acerca más a una serie de paseos o recorridos turísticos. Y que estas actividades la realizan los investigadores a costa del erario público o de las arcas de la universidad. También se piensa que los viajes se hacen más a los lugares exóticos, y que se acude solamente al día de la presentación de la ponencia y luego el resto del viaje se dedican a pasearse y conocer lugares bellos y famosos.

Se tiene razón en ello y no se tiene razón. Pero nada más alejado de ser un “turismo científico”. Quien califique de tal naturaleza la actividad de los investigadores en su calidad de ponentes en congresos nacionales o internacionales, caerá en una postura simplista. Utilizo la frase “se tiene razón en ello y no se tiene razón” como parafraseo de la propuesta de Immanuel Wallerstein: “todo cambia, nada cambia”. Frase que además se retoma en un artículo breve titulado “Conocer el mundo. Saber el Mundo: el fin de lo aprendido”.

He escuchado con atención y también con mucha emoción los relatos de mis colegas que han viajado y que han realizado recorridos a lo largo y ancho del mundo. Y en ocasiones he comparado sus travesías con las mías. Si se escucha fuera de contexto, tales recorridos parecen de los más placenteros y dedicados al solaz de estos eminentes universitarios. Privilegiados con tales recursos suficientes para llevarlos a cabo. Sin embargo, veo con satisfacción que contamos con un cuerpo de investigadores que han recorrido el mundo trayendo conocimientos de otros lugares para compartirlos con los alumnos y la comunidad universitaria. Cosechando redes sociales y acrecentando capital social que da pauta para llevar a cabo intercambios académicos, programas de posgrado, y mostrar las capacidades y competencias de nuestra universidad y de nuestro cuerpo académico. Así también mostrar los esfuerzos y producciones en el campo del desarrollo del conocimiento, de la tecnología, del arte y de la cultura.

En contraparte, ser un profesor investigador en su calidad de ponente no es viajar placenteramente. Se tiene que invertir recursos económicos que deben completar la parte de los viáticos entregados para tal fin. Tolerar la burocracia de algunas oficinas de países que exigen visado, de cumplir con algunos requisitos, del tedio para llegar al aeropuerto, de las largas esperas en el aeropuerto, de las revisiones. Se invierte un desgaste físico, en el que se incluye el estrés por la presión de realizar un escrito que debe ser expuesto al escrutinio de los pares, se tiene el reto de cumplir con compromisos institucionales y de tener éxito al exponer a la universidad en estos bretes. De cerciorarse que la constancia se entregue y sea la correcta, de que se publique en la memoria, de que tenga la calidad requerida para ser incluida en una publicación. De entregar los comprobantes adecuados y correspondientes. De dejar a tu familia por ciertos periodos de tiempo y sacrificar esos tiempos que son exigidos por los demás integrantes. De arreglar tu programa de clases para no retrasarte y afectar a los alumnos. De buscar que sea el escenario adecuado para exponer tus ideas y hacer una autoevaluación sobre la trayectoria del trabajo. Cuando esta práctica es recurrente no es precisamente un viaje de placer, y se aleja de ser “turismo científico”, tampoco se convierte en un premio para tales investigadores.

La globalización experimentada en este ejercicio de intercambio y de exposición se hace para que se vierta en cada centro educativo y en cada programa de trabajo donde gana la comunidad al contar con personal cosmopolita, internacional y que retroalimenta a todos los que componen su medio.

El espacio para este escrito es breve para retomar los señalamientos de Wallerstein respecto a la visión de los científicos sociales cuando se acercan al mundo. Por ahora, reitero que es necesario que se siga fomentando el apoyo a los profesores investigadores que viajan y difunden nuestro trabajo en el mundo. Y que estos académicos viajeros lo sigan haciendo por el bien de la comunidad universitaria. Continuaremos en las siguientes entregas. Invitamos a los profesores investigadores que nos compartan sus experiencias, y nos acerquen a otros territorios. Y que nos digan si es o no “turismo científico”.

twitter@manuel.basaldua

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