Opinión

Diciembre y el deseo estabilizador

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

@rivonrl

El Poli, un gobierno extraño a sus gobernados, izquierda sin proyecto ni liderazgo inspirador, gobernación sin sustancia, Iguala, Ayotzinapa, Tlatlaya, San Fernando, economía oscilatoria y trepidatoria a un tiempo, los Abarca y su legado, todo confluyendo en la tormenta perfecta… del espectáculo.

Con éstos y otros alicientes la gente se ha volcado a las calles. Mil movilizaciones no hacen un proyecto, aunque no por ello el poder duerma tranquilo.

Guadalupe-Reyes es el puente del deseo que contribuirá a apaciguar ánimos. Tendremos un diciembre de alegrías poco convincentes. Si fuera sonrisa diría que se avecina un diciembre sardónico. Pero el deseo, mejor dicho, su transfiguración, logrará lo que ningún decálogo.

Un rayo de luz emitido desde nuestro planeta tarda en llegar a Marte, según posiciones (los viajes espaciales no son líneas rectas y los planetas no son puntos fijos), entre 3 o 4 minutos (minutos luz). Nuestra imaginación es capaz viajar al planeta rojo en forma simultánea.

La imaginación se mueve maravillosamente en el elemento que es ella misma. Sin embargo, con más frecuencia de la necesaria, algunas mentes no distinguen entre imaginación y la más simple realidad.

Esta imaginación, que consiste en liberar impulsos internos sin reflexionar cuidadosamente su contenido, es en realidad una esclavitud.

El imaginador imagina un mundo al que luego “cree” posible llegar simultáneamente, como si viajar a Marte fuese cuestión de pura imaginación, sin cálculo racional ni desarrollo tecnológico. Ignora cierto número de reglas y experiencias, saberes y fracasos simplemente porque son más lentos, cansados, dolorosos.

Esclavo de lo que le pasa por la cabeza y esclavo de otras reglas que ignora, pero son las responsables de que lo que pasa por su cabeza pase por su cabeza.

(Recordemos un manifiesto pospatafísico de la década de los 70, somos “Ratas que deben construir ellas mismas el laberinto del cual se proponen salir”).

Por México rondará un trozo fantasmagórico de piel de zapa, un poder mágico que hará creer a todos —o a la mayoría abrumadora—, les cumplirá cada deseo. Sin embargo, en una variante de la historia, cada deseo no es concedido sino pospuesto, la piel se encoge y consumirá parte de la energía colectiva vital. Y así.

El deseo estabilizador requiere del puente Guadalupe-Reyes, requiere de la razón confusa, de la imaginación y el consumo. Requiere de un “ahí afuera” como fuente de felicidad.

El consumo es un fenómeno natural del comportamiento humano. El consumismo, el exceso de múltiples apetitos. La sociedad de consumo está fuera de lo real; esclava de la imaginación, no discrimina entre lo superfluo y lo necesario. El consumidor suele actuar al margen del código elemental de sus necesidades.

Nuestros códigos culturales multiplican las necesidades al transformarlas en deseos; los deseos se enredan con los gustos y éstos con los placeres.

Los dientes afilados del deseo-consumo apaciguarán nuestro diciembre político.

Vicente Leñero (Hace poco más de dos años escribí en estas mismas páginas sobre…)

En sesión solemne del jueves 12 de mayo de 2011, en el Palacio de Bellas Artes, Vicente Leñero leyó “En defensa de la dramaturgia”, discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, silla número XXVIII.

Dijo allí:

“…ya estoy aquí,… en la silla de mi entrañable amigo Víctor Hugo Rascón Banda, desaparecido hace apenas tres años. Me honra su estafeta, no sólo por lo trascendente de nuestra amistad sino porque él representó como dramaturgo —representa aún— la figura más importante de una generación: la llamada (…) Nueva Dramaturgia Mexicana, impelida a vigorizar, frente a la tiranía de los directores de escena, la imprescindible tarea de escribir para el teatro”.

Leñero ofreció una panorámica de la obra de Rascón Banda, de la que destacó una preocupación central por la temática del delito, el “Teatro del delito”.

Una síntesis: Manos arriba (sobre la corrupción en la vida cotidiana), Máscara contra cabellera (sobre el ambiente sórdido de la lucha libre) y La fiera del Ajusco (sobre el caso de una marginada que asesinó a sus hijos). Pero a esa trilogía se podría agregar una larga lista de obras de temática delictuosa: Los ilegales (el submundo de los mojados en la frontera norte), Guerrero negro (inspirada en el caso Caro Quintero y el infierno del narcotráfico), Contrabando (el narcotráfico en los pueblos de la sierra chihuahuense), Playa azul (el caso terminal de un alto funcionario corrupto caído en desgracia), Los ejecutivos (el error de diciembre del 94), El criminal de Tacuba (los asesinatos de Goyo Cárdenas).

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