Opinión

Diez de mayo

Sólo para nostálgicos

Por: Salvador Rangel

La tradicional fecha dedicada a honrar a las madres mexicanas surgió en 1918, a instancias de un periódico, Excélsior, que en combinación con la Cámara de comercio decidió fijar una fecha y, naturalmente, incrementar las ventas.

La figura maternal ha servido para vender toda clase de bienes y servicios; en el cine nacional, durante la llamada “época de oro”, se presentaba a la mujer como una madre abnegada, discriminada, que ofrecía hasta la vida por sus hijos, soportaba maltratos de su pareja, pero era su “cruz” y nada de pensar en divorciarse o abandonar el seno familiar. Si bien es cierto que una madre es símbolo de ternura, amor y entrega a sus hijos, esto no significa soportar discriminación o maltrato de su pareja.

Hoy en día, la sociedad ha cambiado en términos generales, mas no en lo particular. Es decir, ya no se ve mal que una mujer se divorcie, sea madre soltera, estudie, se prepare y trabaje, pero hay sectores que no ven bien a una hija divorciada.

La mujer reclama espacios que por derecho le corresponden como ser humano; la lucha no ha sido fácil, el primer problema inicia en la familia, aún existen padres que impiden que sus hijas estudien, las confinan a actividades familiares.

No son pocas las familias que obligan a las hijas a casarse en contra de su voluntad; otras ven en el matrimonio la salida a problemas familiares, pero, lejos de resolverlos, caen en el mismo esquema: se suple al padre, al hermano autoritario, por un esposo igual o peor.

Y en la sociedad, la mujer enfrenta problemas de discriminación de género, las madres solteras padecen al acoso de jefes, líderes sindicales y hasta líderes políticos que a cambio de “apoyo” laboral, las acosan. Cuando la mujer decide hacer pública esta situación, por lo general pasa de víctima a victimaria, es decir, dejan entrever que ella propicia la agresión. Y no se diga cuando acude a oficinas que imparten justicia: no pocas veces los interrogatorios resultan ofensivos y degradantes para la víctima.

En relación al ámbito laboral, la mujer padece discriminación, las empresas solicitan certificado médico de salud, pero en el fondo es para saber si está embarazada la solicitante.

En Querétaro, en 2012, el entonces secretario del Trabajo, Tonatiuh Salinas, reconocía que en la entidad existía discriminación laboral, al expresar que de cada cien pesos que se pagaba en las nóminas, sólo 38 pesos correspondían a sueldos de mujeres, aunque ellas ocupaban más del 50% de las plazas laborales.

Hay otro aspecto en cuanto a las madres, las que se encuentran presas por delitos federales, principalmente por actividades relacionadas con delitos contra la salud. Según datos del INEGI, en 1999, en las cárceles estaban recluidas 876 mujeres sentenciadas; en 2012, eran 1,490 las sentenciadas por el mismo delito. La presión que ejercen los hombres o parejas hacia las mujeres las orilla a delinquir, bien sea en la distribución de droga o al tratar de introducirla a un centro penitenciario. Es precisamente la mujer la que está el pendiente de su pareja cuando se encuentra en prisión, busca por todos los medios su excarcelación. Y cuando la mujer es detenida, enfrenta tratos indignantes, vejaciones, acoso sexual.

Existen innumerables grupos de apoyo para las mujeres recluidas, muchas de ellas presas por la falta de dinero para pagar los servicios de un abogado o cubrir una fianza.

Y qué decir de las madres “niñas”, que a la edad de catorce o quince años ya son responsables de otros niños. Frente a este problema, por lo general, el primer rechazo que reciben es el de su familia: prácticamente las sacan de la casa o son víctimas de discriminación. Esta situación orilla a la joven madre a buscar apoyo fuera del entorno familiar y no falta quién se aproveche de su situación vulnerable para hacerla su pareja, y que al poco tiempo la abandona con uno o dos hijos más.

Frente a esta situación, la sociedad trata de modificar los patrones de conducta con respecto a la mujer. El primer paso es la educación familiar, permitir que las mujeres estudien, que se valgan por sí mismas, pues el matrimonio no es un seguro de vida o de tranquilidad.

Y los nostálgicos verán en las páginas de sociales a las “mamás bonitas”, pero hay otra cara: las desamparadas, las detenidas -justa o injustamente- de las que nadie se acuerda, no nada más el 10 de mayo, sino todos los días. Ellas no existen para muchos.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba