ColumnistasOpiniónVoces de la Salud

Disruptores endocrinos, ¿una relación tóxica en mi vida…?

A lo largo de nuestra vida nos encontramos en contacto con diferentes tipos de compuestos químicos y poco se conocen sus efectos en nuestra salud. Dentro de ellos existe un grupo de compuestos que se conocen como “disruptores endocrinos” que poseen la capacidad de alterar las funciones de las hormonas que los seres humanos sintetizamos de forma natural y que nos ayudan a realizar muchas funciones biológicas como crecer, reproducirnos, pensar, dormir, entre otras.

Se ha descrito que los disruptores endocrinos son empleados para elaborar productos que usamos todos los días como botellas de plástico reutilizables, champús, envases de alimentos, cosméticos, recibos de compra, pisos de vinílicos, entre otros. De forma particular, diversos productos de plástico contienen bisfenol A (BPA, por sus siglas en inglés), un plastificante que brinda resistencia al impacto y flexibilidad al producto. El BPA fue sintetizado por primera vez a finales del siglo XIX por el químico ruso Aleksandr P. Dianin, pero fue a partir de la década de 1950 que comenzó a emplearse de forma masiva para fabricar plásticos resistentes y transparentes, lo que impulsó su expansión en la industria del plástico y materiales sintéticos. Entre los productos que pueden contener BPA se encuentran botellas reutilizables de agua, recipientes para alimentos, recubrimiento interno de latas de alimentos, papel térmico de recibos, juguetes y artículos domésticos. Un aspecto relevante es que el BPA puede liberarse lentamente de estos materiales, especialmente cuando se exponen a temperaturas altas o cambios de acidez en el medio, permitiendo que pequeñas cantidades puedan migrar hacia los alimentos, bebidas o al medio ambiente. Por lo que la principal vía de exposición del BPA en el ser humano es a través de la ingesta de alimentos o bebidas, sin embargo, otras vías de exposición pueden ser mediante la piel al contacto con papel térmico como recibos o por inhalación de polvo contaminado. Debido a la amplia presencia en productos de consumo y uso cotidiano, se considera al BPA una sustancia ubicua, es decir, que está ampliamente distribuida en el medio ambiente.

En los últimos años, diversas agencias reguladoras han evaluado la seguridad del BPA, por ejemplo, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), al revisar diversos estudios científicos estableció una dosis diaria tolerable de 0.2 nanogramos de BPA/kg de peso corporal/día, esto quiere decir que una persona puede ingerir o exponerse a dicha cantidad de BPA al día, sin que presente un riesgo considerable para su salud.

Existen varios estudios experimentales y epidemiológicos que han evaluado los posibles efectos de BPA en la salud humana y su exposición se ha asociado a diversas patologías como síndrome de ovario poliquístico y/o endometriosis en mujeres, alteraciones de los niveles de testosterona y/o infertilidad en hombres, alteraciones neurológicas y en el desarrollo, relación con enfermedades metabólicas como, obesidad, diabetes mellitus 2, síndrome metabólico y/o dislipidemias, con algunos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares (ECV). Recientemente se ha estudiado al BPA como un posible factor ambiental que podría influir en el desarrollo de ECV. En este contexto, en la Universidad Autónoma de Querétaro nuestro grupo de investigación evalúa al BPA como un posible modulador ambiental de ECV empleando modelos experimentales y estudios en poblaciones humanas, con el objetivo de comprender sus efectos biológicos y promover el establecimiento de regulaciones sanitarias sobre su empleo en nuestro país para generar entornos más seguros para la población mexicana.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba