Opinión

E-lecciones

Por: Omar Arcega

Twitter.com/Luz_Azul

Cuando usted esté leyendo estas páginas, seguramente ya sabremos el nombre de la mayoría de los próximos presidentes municipales de Querétaro, de todos los diputados locales y federales. Es probable que desconozcamos el de gobernador del estado, a menos que se lleguen a acuerdos interpartidistas para que el perdedor no impugne una elección tan cerrada.

Pero más allá de estos resultados, conviene hacer una reflexión sobre lo que estas campañas 2015 nos enseñaron. Es necesario hacer estos balances para ser conscientes de los fallos e intentar corregirlos, nuestra joven e imperfecta democracia lo necesita.

Aun antes de que estas campañas iniciaran, hizo su aparición la tenebrosa guerra sucia, los errores de los que detentaron el poder durante 6 años tuvieron como resultado el descontento en ciertos sectores de la población, los cuales empezaron a visualizar un voto de castigo.  Para contrarrestar esto, se empezó a generar un golpeteo de baja intensidad contra las principales figuras de políticas de oposición: Pancho Domínguez y Marcos Aguilar. Y este esfuerzo de desprestigio continuó y se fue incrementado hasta casi el día de la elección. Aun en plena veda electoral, los ataques continuaron. Todo esto, causó la percepción de que los partidos más que ofrecer propuestas solo se atacaban unos a otros. Esto generó que sectores de la ciudadanía externaran su deseo de no votar en esta ocasión, pues percibían en todos los candidatos cierto tufo maloliente.

Pero más allá de esto viene la primera lección: el abuso de las campañas negativas lleva a la pérdida de la legitimidad del sistema político. A partir de esto, algunos propondrán  mayor regulación de los órganos electorales respecto a las campañas. En muchos aspectos esto ha demostrado ser contraproducente en México, sobre todo por los defectos de que tiene nuestra ley electoral.  Como una forma de ir quitando incentivos para el abuso de las campañas negativas, yo propondría que por ley, al menos el 75% de los spots en radio y televisión tuvieran como finalidad dar a conocer propuestas de gobierno. Obviamente, esto puede generar que este tipo de campañas se traslade a los espacios virtuales, donde no hay ningún tipo de restricción, pero a nivel de sociedad su impacto sería menor.

Otro motivo de malestar entre los ciudadanos fueron los debates entre candidatos. Dado el poco tiempo que se da a los candidatos y lo disperso de la atención de la teleaudiencia, las propuestas que se ofrecen no pueden ir acompañadas de grandes armatostes técnicos .Lo que se dice en el debate debe ser con lenguaje sencillo, frases cortas pero sustanciosas. Tampoco se pueden manejar muchas ideas, a lo sumo 3 o 4 puntos importantes. Un debate sirve para conocer más al candidato que a las propuestas, ver cómo reacciona ante los cuestionamientos o críticas, el temple con el cual enfrentan los momentos de tensión. Debido a lo acartonados que se resultaron estos encuentros, amplios sectores de la población no vieron en ellos la posibilidad de clarificar su preferencia electoral. Aquí tenemos nuestra segunda lección: debates donde se cuida en exceso a los candidatos no sirven para nada.

Entonces,  tenemos, que mejorar estos encuentros. Debemos abandonar los esquemas acartonados, que los candidatos respondan a ciudadanos, periodistas  académicos, eso sí nos mostraría su agilidad mental, el conocimientos que tienen sobre las problemáticas públicas. Nos permitiría percatarnos cómo reaccionan ante situaciones inesperadas. Esto no depende tanto de leyes electorales sino de la voluntad de los contendientes,

Finalmente, las elecciones 2015 nos dejan una reflexión para el futuro: ¿Qué hacer con el voto nulo? Resulta evidente el desprestigio de la clase política, sin embargo no hay forma de que electoralmente paguen un costo y con ello generar incentivos para su autocorrección. Entonces debemos replantearnos el papel que tiene el voto nulo, el cual es una legítima expresión de descontento popular. Sería deseable que el voto nulo tuviera un peso electoral, que sirviera para descontar a los partidos políticos sus prerrogativas, que si se rebasan porcentajes del 60% se estuviera obligado a reponer la elección.

Las campañas 2015 nos deben servir para mejorar las reglas del juego en el 2018, esto con la finalidad de que los ganadores lleguen con la legitimidad suficiente para impulsar sus propuestas de gobierno, de no ser así estamos condenados a tensiones electorales que solo desgastan al sistema político y hacen deseable volver al país del autoritarismo, a la nación de un solo hombre y su partido.

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