Opinión

Economía con pies de barro

Por: Omar Árcega E

Uno de los mayores temores de los mexicanos se está haciendo realidad: la economía va mal y de malas. Desde hace unos 6 meses los indicadores macroeconómicos presentan deteriores constantes, la generación de empleos crece a un ritmo de tortuga, el crecimiento del PIB cae y todo esto está repercutiendo en tu bolsillo y en el mío. Lo más grave: los que menos tienen son los más lastimados.

 

Repartición de culpas

El gobierno federal se esfuerza por echarle la culpa a la crisis mundial y a los problemas económicos de Estados Unidos. Aunque son variables del asunto, no alcanzan a explicar por qué durante el primer semestre de este año sólo se crearon 16,400 nuevos empleos, han bajado nuestras reservas internacionales o que desde principios de año, el gobierno cambie sus estimaciones del crecimiento del PIB, si nos va bien en este año alcanzaremos un poco más del 1%. Incremento insuficiente para un país con serios problemas de empleo informal y con una población de “ninis” en rápido crecimiento. Una parte de la situación, ciertamente se debe al contexto internacional, pero otra, se debe a la torpeza con la cual el gobierno mexicano ha actuado.

La federación no ha sabido darle mayor potencia a dos motores de la economía nacional: 1. El gasto gubernamental y 2. La construcción de un sólido mercado interno. Con respecto al primer apartado tenemos datos de que en el primer semestre del año se registró un grave subejercicio fiscal, es decir el dinero que estaba presupuestado para gastarse no ha llegado a los beneficiarios o a las obras que ya estaban planeadas, esto ha hecho que importantes cadenas productivas caminen más lento o de plano se paralicen.  Licitaciones, contratos, concursos, concesiones, se quedaron petrificadas, lo que generó mucho menos empleos de los necesarios.

Esta torpeza en parte se debe al cambio de gobierno, mientras los nuevos funcionarios conocían la dinámica y los recursos existentes, pasaron valiosos meses donde el flujo de dinero se detuvo. Actualmente se habla de que el 98% de los recursos se han activado, pero ese vació del primer semestre dejo sus consecuencias y ahora las pagaremos por lo menos unos 6 meses más. Estos problemas de subejercicio no son nuevos en nuestro país y aun no encontramos los incentivos para que los funcionaros no tengan temor a ejercerlos en su totalidad.

El segundo problema es más estructural. Desde hace décadas México no cuenta con un mercado interno sólido que nos permita sortear con mayor éxito las caídas de la economía mundial. La desaparición acelerada de la clase media, impacta en la contracción del mercado, con lo cual la gente consume menos, hay menos dinero para gastar y esto repercute en el crecimiento económico, un círculo perverso que requiere un verdadero reajuste. Sin embargo el gobierno de Enrique Peña Nieto no parece estar dispuesto a iniciar una reactivación en este rubro, pues en la posible reforma hacendaria que se haga, se contempla el gravar IVA para alimentos y medicinas, aumentarlo en los productos que ya lo tienen y subir las tasas del ISR. Es decir los mexicanos tendremos menos dinero para gastar, lo que impactará en un menor nivel de vida para todos y generará un mercado interno mucho más débil. A esto sumemos un crecimiento del desempleo y de la economía informal y tenemos que la política económica estará hecha un caos. No se vale gravar más a los que pagamos impuestos, el sentido común indica que se deben crear mecanismos  para incluir en la economía formal a los que están fuera de ella. Debe haber incentivos para que a la gente le convenga más estar dentro de la economía que fuera de ella.

Los retos

Lo que ocurra en los próximos ocho meses marcará económicamente la presidencia de Enrique Peña Nieto, pues se discutirá la reforma hacendaria y energética, mediante las cuales se puede aumentar o disminuir los ingresos gubernamentales y se puede fortalecer o debilitar el mercado interno. Al mismo tiempo se deben crear los mecanismos pertinentes para evitar el subejercicio fiscal.

La resolución de todas estas problemáticas requieren creatividad, amor por México y poner el interés de la nación por sobre los intereses partidistas, requiere legisladores y un ejecutivo conscientes de su papel histórico, con miras de estadista. Lamentablemente uno observa a la clase política y solo percibe ciegos aferrándose a migajas, enanos rebasados por la altura de los obstáculos por sortear. Por otro lado observamos a la sociedad, y en ella se ve la pasividad asesina que permite a las élites políticas hacer y deshacer, no cabe duda, cada país tiene los gobernantes que se merece. Urge una política económica que sea efectiva en el indicador de crecimiento, pero también justa en el indicador de distribución, éste es el reto de esta y las próximas generaciones.

twitter.com/Luz_Azul

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