Opinión

Edmundo Domínguez Aragonés (+)

Por: Salvador Rangel

El gobierno y pueblo de México son y han sido casa para perseguidos políticos. La historia es larga, resalta el apoyo brindado por el gobierno del presidente de la República, Lázaro Cárdenas del Río, a los españoles víctimas de la Guerra Civil española. A partir del 2 de abril de 1939, acepta México recibir a los inmigrantes; llegan cientos de niños, empresarios, artistas, maestros, personas de gran valía a las que bien se les puede decir “inmigración intelectual”, todos ellos vinculados al gobierno republicano.

Entre la pléyade de inmigrantes están el cineasta Luis Buñuel, la pintora Remedios Varo y Enrique Díaz Canedo, que en 1938 se exilió en México, donde desempeñó su actividad de crítico literario hasta su muerte, ocurrida en 1944 en Cuernavaca. El filósofo Joaquín Xirau llegó en 1939; se integró a El Colegio de México, fue profesor de la Universidad Nacional Autónoma.

José Giral y Pereyra, político y bioquímico, presidente del gobierno (1936) durante la Guerra Civil y presidente del gobierno republicano en el exilio en México, de 1945 a 1947. Fue profesor de Química.

Max Aub, dramaturgo, fue deportado a Argelia, consiguió escapar en 1942 y se trasladó a México. Su obra teatral es extensa. Escribió poesía, un estudio sobre la novela española contemporánea y un manual de historia de la literatura española.

Pedro Garfias: en 1938 se le concedió el Premio Nacional de Literatura, por un jurado que presidía Antonio Machado. Viajó a México a bordo del vapor Sinaia, fue profesor en la Universidad de Nuevo León.

José Gaos, filósofo, en 1938 se exilió en México. Participó en la consolidación de la Casa de España en México, institución que en 1940 se convirtió en El Colegio de México y cuyo motivo fundacional fue acoger a los intelectuales españoles exiliados, para los cuales —Gaos— uno de ellos, acuñó el término de transterrados.

El poeta Felipe León Camino Galicia sale de España en 1938, en plena Guerra Civil, y se exilia en México. Allí trabaja de bibliotecario en Veracruz y después es designado agregado cultural de la embajada de la España republicana; innumerables son sus poemas, entre ellos destacan Versos y oraciones de caminante (1920-1929) y Versos y oraciones de caminante II. Emilio Prados, poeta.

Margarita Nelken. En 1937, un año después de iniciarse la Guerra Civil, se afilió al Partido Comunista de España (PCE). Durante la contienda organizó numerosos actos y campañas para conseguir la movilización femenina. En 1939, salió a la Unión Soviética y después, en México, fue cofundadora, en 1949, de la Asociación Mexicana de Críticos de Arte.

Pedro Bosch Gimpera, historiador y arqueólogo. En 1941 viajó a México, adquiriendo un año después la nacionalidad. Fue jefe de la División de Filosofía y Ciencias Humanas de la UNESCO en París y Doctor Honoris causa por la Universidad de Heidelberg. Desempeñó labores de investigación y docencia en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Los nombres y las aportaciones que éstos hicieron a México son incontables. Edmundo Domínguez Aragonés llegó a Veracruz con sus padres cuando tenía ocho meses de nacido. Escritor incansable, estuvo casado con María Luisa Mendoza La China, con quien escribió Dos palabras y Allende el Bravo.

Fue jefe de prensa del departamento de Prensa, actor de películas como Calzonzin inspector, El recurso del método, La mujer perfecta y La viuda de Montiel. Autor de novelas y obras de teatro.

Escribió un cuento, considerado un clásico de ciencia ficción, Árbol de vida, 1981, donde presenta un tierra tan contaminada que de ella sólo sobrevive, en un invernadero, el último árbol del planeta. Falleció en México, el 11 de septiembre.

Y los nostálgicos los recuerdan así: Españoles que murieron lejos de su patria, pero que hicieron tanto por el país que los albergó, que los hace inolvidables.

angel_salvador@hotmail.com

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