Opinión

Educación líquida

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

(Zygmunt Bauman, “Sobre la educación en un mundo líquido: conversaciones con Ricardo Mazzeo” Paidós, 2013)

 

Los líquidos, a diferencia de los sólidos, no conservan fácilmente una forma durante mucho tiempo y están constantemente dispuestos a cambiarla. Para ellos cuenta más es el flujo del tiempo que el espacio que pueden ocupar.

La fluidez o la liquidez son metáforas adecuadas para tratar de entender la fase actual de la historia de la modernidad.

El problema con la realidad líquida es que es tan difícil de pronosticar su desarrollo y cómo reaccionará a nuevas situaciones, crisis, dilemas de confianza.

Nos sentimos impotentes. Si uno no es capaz de pronosticar cómo las cosas evolucionarán, no puede tomar medidas de precaución, entonces no se puede defender, preparar ante hechos que nos toman por sorpresa.

Es como si todo –dice Bauman– estuviese patas arriba comparado con la modernidad de hace 150 años, cuando todo parecía más duradero, perdurable, sólido.

Ahora, gente de 20, 30 o 40 años no tiene ni idea de lo que va a pasar con ella dentro de 20 o 30. La planificación del futuro desafía nuestros hábitos y costumbres para pensarlo.

La impresión general es que permanentemente estamos en una encrucijada, hay muchos caminos en distintas direcciones y no sabemos muy bien qué sendero seguir. Peor aún, no sabemos qué sendero estamos transitando.

El gran reto de este siglo es cómo restablecer el equilibrio entre política y poder, porque ahora la política es local y el poder es global, y todos estamos expuestos a las mareas de la modernidad líquida. Mareas aceleradas por los cambios socioculturales provocados por el impacto transformador de las tecnologías digitales.

Son tiempos líquidos y la educación requiere nuevos modelos para construir una identidad digital como sujetos con una capacidad de sobrevivir y surfear en estas aguas turbulentas.

En un entorno tan fluido, hablar de compromiso a largo plazo no parece natural. Sociólogos como Bauman constatan que los jóvenes no aspiran a tener un empleo estable, no lo quieren, quieren mantener abiertas todas las alternativas. No quieren ser como sus padres.

Se vive el síndrome de la impaciencia, un estado de ánimo que considera como abominable el gasto del tiempo. Así, el consumismo característico de otros tiempos, no se define por la acumulación de las cosas, sino por el breve goce de éstas.

Desde esta visión, se ve a la educación como un producto más que como un proceso, así, la educación parece abandonar la noción del conocimiento útil para toda la vida para sustituirla por la noción del conocimiento del usar y tirar. Esa concepción es uno de los retos a vencer.

La educación debería ser una acción continua de la vida y no dedicarse exclusivamente al fomento de las habilidades técnicas.

Lo importante es formar ciudadanos que recuperen el espacio público de diálogo y sus derechos democráticos para ser capaces de controlar el futuro del entorno y del suyo propio.

La memoria, base de la educación tradicional, parece hoy día un componente secundario. El esfuerzo educativo no guarda una correlación clara con el éxito social. Y la cultura ya no es un conjunto “sólido” de saberes, sino algo fugaz, cambiante, “líquido”.

“Aún debemos aprender el arte de vivir en un mundo sobresaturado de información. Y también debemos aprender el aún más difícil arte de preparar a las próximas generaciones para vivir en semejante mundo”.

Dice la reseña de la editorial:

Enfrentados al desconcierto propio de nuestra sociedad líquida, muchos jóvenes sienten la tentación de quedarse al margen, de no participar en la sociedad. Algunos de ellos se refugian en un mundo de juegos online y de relaciones virtuales, de anorexia, depresión, alcohol e incluso de drogas duras (sic), pretendiendo con ello protegerse de un entorno que cada vez más se percibe como hostil y peligroso. Otros adoptan conductas violentas, uniéndose a bandas callejeras y al pillaje protagonizado por quienes, excluidos de los templos del consumo, desean participar en sus rituales. Una situación que se produce bajo la mirada ciega e indiferente de nuestros políticos, y ante la que es preciso reaccionar.

rivonrl@gmail.com

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