El cierre de la Casa de la Vinculación Social

La “Casa de la Vinculación Social, espacio alternativo en Querétaro” (CVS) surgió por iniciativa de actores sociales que articularon cosmovisiones y utopías para que los miembros de un barrio urbano popular se reconocieran como sujetos de la historia, con derecho a una vida digna y feliz, responsable y capaz de actuar con su entorno.
De entre varios actores, destacaron la Dirección de Vinculación Social (de la Universidad Autónoma de Querétaro), cuando se veía “comprometida con la sociedad que le da vida”, y la “Asamblea General del Pueblo, A.C.”, organización de Felipe Carrillo Puerto. Ambas urdieron conjuntamente programas y estrategias para promover, en la población, el cuidado de la naturaleza, de la salud física y social, el fortalecimiento de su identidad cultural, el reconocimiento de su historia local, la promoción de las artes y las ciencias, y la organización popular.
La CVS se levantó en uno de los barrios populares más abandonados y despreciados por el aparato municipal, pero, paradójicamente, más ricos en fuerza vital y cultura: el pueblo de Carrillo. Fue concebida y desarrollada como espacio de intercambio y tejido de saberes populares y especializados, como consecuencia de afanes históricos y científicos de gente de todas las edades. La CVS manifestó que, más allá del recinto universitario (programas, profesores, extensionistas, practicantes, prestadores de servicio social, técnicos de diversas áreas), está el nutriente básico y esencial del mundo. Éste es el único que, en su expresión descarnada de realidad y verdad, puede problematizar a la universidad, contrastar sus interrogantes, validar sus juicios y hacerla abandonar la eventual ceguera mercantil que le haya impuesto el capitalismo dominante. A cambio, la universidad puede ofrecerle al pueblo convicciones, saberes, herramientas teóricas, metodológicas y técnicas, para que comprenda mejor sus posibilidades de vida y optimice sus prácticas. Por su parte, el pueblo participante puede confiar en sí mismo, compartir saberes, difundir talentos, hacer oír su voz y relacionarse con otras agrupaciones que buscan mejorar su entorno.
Esta lógica de diálogo crítico-creativo supera la concepción del “extensionismo”, que cuestiona Freire en su libro “Extensión o comunicación”; en la extensión, la universidad se concibe como “elite, poseedora del conocimiento” que “ayuda” a la población (de modo asistencialista). En la comunicación, en cambio, se reconoce a la población portadora de saberes, experiencia y talentos con que nutre a la universidad.
En sus primeros 4 años de relación con la UAQ, la CVS tuvo un diálogo muy intenso. Una y otra emprendieron proyectos conjuntos y activaron la organización comunitaria. Con el cambio de administración, en la UAQ se suspendieron los vínculos de colaboración. De pronto, al interior de la UAQ, sin más aclaración, pareció que se tornó complejo y hasta riesgoso mantener el diálogo con la población. Dio la impresión de que, al definirse 100% UAQ, esta institución se concibió de manera integral y sin necesidad de mezclarse con la gente no académica (que no fuera una empresa).
Los miembros de la CVS, en asamblea, discutieron si cerraban la casa o continuaban sin la UAQ. La decisión unánime de seguir llevó a nuevos proyectos, nuevas relaciones, nuevos logros, por otros siete años. Así, se mantuvo (ahora de manera extrainstitucional) un intenso intercambio, rico, nutritivo y muy valioso entre gente que procedía de la universidad y la población local. Participantes de la CVS ganaron experiencia con diversas redes, agrupaciones e instituciones dedicadas a la educación alternativa, al debate político, al arte, a ferias de la salud, a economía solidaria, a la defensa del territorio, del agua y de la vida, a promover la lectura y la escritura, el cine, la radio, la fotografía, la geografía y la historia, la pintura y la música, a huertos urbanos, al rescate de espacios verdes para la convivencia familiar.
En sus 11 años de vida, la CVS, con sus grupos participantes, produjo más de 20 murales, elaboró 3 libros colectivos, 2 documentales y múltiples videos, trabajó en el rescate de dos parques públicos, montó una exposición sobre el antropoceno, ganó tres financiamientos, uno nacional (PACMIC) y dos internacionales (de la FIMEM y de la UNESCO).
La CVS no continúa más. Sus principales organizadores se mudaron de Querétaro.
La UAQ perdió una oportunidad única.
Lo bueno es que el empuje de los proyectos populares alternativos continúa.
