El desafío de educar en el pensamiento crítico hoy

El interés por impulsar una escuela pública-popular-crítica es anterior a la fundación de la SEP (1921). La Reforma plasmó este ideal en la Ley Orgánica de Instrucción Pública (1867) con Gabino Barreda, quien buscó sustituir la escolástica religiosa por el método científico. El Diario Oficial del Gobierno Supremo de la República (1873) señala: “La libertad de conciencia, la completa separación entre Iglesia y Estado y la emancipación del pensamiento, que habían sido durante algunos siglos el sueño constante de los espíritus progresistas, hoy son una realidad”. El Artículo 3º constitucional (desde 1917) establece: “El criterio que orientará a esa educación se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios. Además, será democrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”
Concretar esto en la práctica, sin embargo, ha resultado muy difícil, pues no bastan los decretos. C. Marx lo advirtió: “No es la conciencia la que determina el ser social, sino el ser social el que determina la conciencia”.
¿Cómo es el ser social que ahora determina la conciencia de las y los mexicanos?
Narciso Bassols, ideólogo postrevolucionario, dijo: “…buena parte de la historia de México se explica por una trágica y muy antigua pugna entre los intereses, las tendencias, las fuerzas vitales y las ideas que sostienen el campo y la ciudad”.
La aspiración de que México sea una sola nación contrasta con la enorme pluralidad de culturas, condiciones geográficas, clases sociales, ideologías, religiones, etc. solo que el reconocimiento de tal diversidad no merma al pensamiento dicotómico (de izquierda o de derecha) pues es un hueso duro de roer que divide a la sociedad en “buenos/malos”, “superiores/inferiores”; polariza a la gente en guerras intestinas de fanáticos religiosos-libertarios-individualistas-conservadores versus fanáticos ateos-anticlericales-herejes-socialistas-progresistas. Quien tiene pensamiento dicotómico se cree parte de “la fracción buena, en el lado correcto de la historia”.
El pensamiento dicotómico (mítico-mágico-romántico) es más propio de modos de producción/comprensión de comunidades primitivas, esclavistas, feudales (en el plano sociogenético), y de la infancia, niñez y adolescencia (en el plano individual psicogenético).
En cambio, el pensamiento racional, filosófico, científico, complejo, propio de la gente adulta, se va desarrollando muy lentamente, del teocentrismo al antropocentrismo, al biocentrismo; de la creencia en seres suprahumanos que mueven los hilos de la historia a la comprensión de que son las decisiones u omisiones humanas las que provocan miseria, guerras, genocidios, ecocidios…, o transformaciones hacia la emancipación de personas y pueblos, el cuidado de la naturaleza y un mayor bienestar para todos.
La sociopsicogénesis enseña que todos estos cambios no son lineales-evolutivos, sino implican múltiples contradicciones (la diosa-razón o el dios-dinero), estancamientos (subdesarrollo) y regresiones (tecno-feudalismo), etc. Así, actualmente observamos a mucha gente adulta que se comporta como infante o adolescente egocéntrica, incapaz de regular sus afectos, que hace berrinches, se lía a golpes, se pierde en la búsqueda del placer inmediato, etc.
También enseña que, en el desarrollo del pensamiento, las etapas anteriores no desaparecen cuando llega la siguiente, sino que se van integrando en esquemas de comprensión más amplios.
Así, la persona adulta consciente que reconoce la complejidad de la realidad puede emplear narrativas dicotómicas como estrategia en las luchas por el poder (familiares, laborales, partidistas, etc.), pues para ganar un pleito, más vale señalar al adversario como “la-el malo”, que abrirse a la complejidad.
Una clave para promover el desarrollo del pensamiento crítico en niñas, niños y adolescentes está en el tipo de pensamiento que muestran los adultos con su ejemplo.
¿Qué ejemplo damos hoy a las nuevas generaciones?
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