Opinión

El desorden político y educativo

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

Quienes dirigen nuestro país y deciden por nosotros están desesperados. Pretenden ser reconocidos como gobernantes, comprometidos con el progreso nacional, pero el pueblo los ve como la delincuencia organizada que son. Creen merecer sus cargos, sólo porque “trabajaron duro” para ganar las elecciones, aunque no sepan nada de su puesto.

Si son legisladores, en vez de procurar la justicia distributiva, se ofrecen de “gestores” para mantener el voto popular, pero no escuchan. Pueden aumentarse cínicamente el sueldo y también el predial a los ciudadanos; pueden despilfarrar la fortuna pública en membresías de organismos internacionales; condonar impuestos a mega consorcios y, antes de concluir su cargo, obtener empleo con ellos, entrando por “la puerta giratoria”, dejar sus puestos, buscando otros, y conseguir pensiones vitalicias. Pero no pueden controlar a tantos disidentes, salidos del huacal, y menos a los tozudos normalistas, que “no entienden que las reformas son por el bien de México”.

Para brillar como justicieros, provocan a los mentores insumisos, tachándolos de mediocres e ineptos, exhibiéndolos como delincuentes, merecedores de Almoloya; asustándolos con el despido; pichicateando recursos para sus escuelas, o bien, ofreciéndoles premios, mejoras salariales o jugosas carreras en Nueva Alianza, si se portan bien.

Nuestros gobiernos presumen de inocencia, frente a la corrupta medusa del SNTE oficial, que crearon como medio de control de los profesores y las poblaciones más broncas del país; broncas por indias, pues no se dejan seducir por los brillos neocoloniales; broncas por jodidas, pues saben que desde la miseria, la corrupción y el mal gobierno no se construye progreso, y que el modelo dominante devasta sus culturas originarias. Así son Guerrero, Michoacán, Oaxaca o Chiapas y muchos otros estados que transitan del conformismo a la conciencia de lo que pasa en México, pues “en el mundo de hoy, razonar con lucidez, conduce a la indignación” (Aimè Césaire).

Exhibir a los disidentes como “los malos”, en vez de dialogar con ellos, es sumamente grave para nuestro pueblo, en especial para los chicos, porque: 1) la autoridad del Ejecutivo se evidencia débil e incapaz para negociar, por requerir de fuerza bruta, para hacer valer su ley; 2) la legalidad se daña gravemente cuando, en la lucha, ésta se devela impuesta por la fuerte presión de consorcios, que buscan privatizar todo lo público y volverlo jugoso negocio; 3) la legitimidad del Legislativo se desmorona, por no consultar a los expertos ni a los principales afectados, y evidenciar su desconocimiento de los temas que aborda y de las tremendas condiciones del pueblo mexicano, que hacen impertinente e inviable las reformas dizque “de clase mundial”; 4) En el tema educativo, el señalamiento de los profesores, como “los malos”, contribuye a agravar la ruptura del tejido social, a enfrentarlos con los paterfamilias, a culparse mutuamente por la falta de calidad educativa. 5) Los chicos, los más afectados, sufren de grave confusión y violencia.

Si quienes dicen representar al pueblo, consultaran con oportunidad y sinceridad a la disidencia, ésta no estaría tan alebrestada.

No nos asombremos, pues, de que los chavos pierdan interés por la escuela, y se entreguen a la droga, al sexo, al “bullying” o al “feis”. El ejemplo de sus mayores es desastroso.

¿Por qué resulta tan difícil a los maestros lograr que sus alumnos alcancen, algo “tan simple” como los “estándares de clase mundial”, que exige la reforma? Los políticos no entienden de condiciones de vida precarias; no saben de chicos que carecen de guía paterna; que se ven orillados a trabajar o a cuidar de sus enfermos; que son abandonados o lanzados a la calle; que tienen graves problemas cognitivos y afectivos; ni captan que lo que exige una escuela desgarrada, con maestros abrumados, ansiosos y estresados, no les ayuda para mejorar su realidad ni dar sentido a su vida.

¿Qué hará la SEP con tantas vacantes de maestros despedidos? Entregarlas a suplentes improvisados, sin formación pertinente pero, eso sí, muy sumisos y baratos.

 

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