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El día antes y después de la investidura de Donald Trump

Generalmente esperamos a que un gobernante electo asuma formal y legalmente su cargo para que, a partir de ese día, inicie su forma de gobierno; de ahí la importancia de los primeros 100 días, ya que se requiere de un tiempo para que las decisiones se traduzcan en políticas y acciones. Pero este caso es particular, aún Donald Trump no asume la presidencia de los Estados Unidos con toda propiedad y los efectos de su mandato ya se han dejado sentir. Desde que ganó las elecciones del 5 de noviembre de 2024 ha estado difundiendo mensajes libremente, a través de X, que han causado impactos en México, Canadá, Panamá y China. 

El regresó de Donald Trump, ahora versión 2.0, tiene a una parte de la población intranquila y a otra esperanzada con ver la “grandeza” again. Su estilo de gobierno no es una sorpresa. Conocemos su discurso y sus acciones, y no se va a moderar a partir del 20 de enero, porque esta combinación han mostrado efectividad para ganar elecciones y mantener la legitimidad. Además, de que cuenta con el apoyo de empresarios y políticos.

Estamos en el día antes, 19 de enero de 2025, y las noticias giran en torno a los costos de los lugares para ver la investidura de Donald Trump y su respectivo VIP, las apuestas que se han generado a partir de si el presidente mencionará bitcoin en su discurso, la lista de invitados (y los no invitados), los fuegos artificiales y las consideraciones climáticas para que la ceremonia se lleve a cabo en el interior del Capitolio. Todo avisora que será un gran espectáculo rentable, porque Donald Trump ante todo es un empresario.

No sabemos cuántas de sus amenazas cumplirá, sin embargo, el efecto de estas ya está hecho. Un discurso antimigratorio vinculado con ilegalidad, inseguridad y tráfico de drogas, le ha funcionado muy bien a Donald Trump, tanto en sus dos campaña como en la gestión anterior, por ello, no va a matizar su postura, independientemente de las medidas que pueda ejecutar. Su discurso vende y vende bien.

Nos esperan cuatro años sin mesura discursiva con respecto a la migración y el control de las fronteras, lo que pueda hacer bajo este discurso lo hará sin miramientos, y las restricciones que enfrente provenientes de las leyes y el presupuesto limitarán sus acciones, pero no así su discurso. Este será grandilocuente y triunfalista, porque es la vistosa envoltura que recubrirá todo lo que haga y lo que no pueda hacer en materia migratoria.

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