Opinión

El diente de oro y la caries: un año de política cultural

Por: Abelardo Rodríguez Macías

PARA DESTACAR: Presumen el diente de oro, pero por debajo del oropel la caries carcome las instituciones culturales ya en bancarrota no sólo económica, sino también moral. Van unos datos y testimonios que demuestran el estado de deterioro cultural que viene acompañando desde hace buen rato el deterioro de toda la vida social, política y económica.

En el marco del Primer Informe de Gobierno de Francisco Domínguez y del alcalde Marcos Aguilar, hago este “contra-informe”, que es una forma de decir lo que el gobierno no dice. Van unos datos y algunos testimonios que demuestran el estado de deterioro cultural que viene acompañando desde hace buen rato el deterioro de toda la vida social, política y económica que padecemos.

Empezando por una clase política que no entiende, o no quiere entender, nada de lo que está pasando. El famoso “no entiende que no entiende”, que se le aplicó  al presidente Peña Nieto por su desastroso desempeño, hay que aplicárselo a todos los políticos y funcionarios queretanos, no importa de qué partido sean.

Empecemos por señalar que una de las metas del gobierno estatal y y también del municipal es el recorte del 50 por ciento de su personal. Trabajadores con cerca de 25 años de trabajo, como los de la Librería del Centro, dependiente del Instituto Queretano para la Cultura y las Artes (IQCA), se les está exigiendo su renuncia con constantes presiones, para no darles ni su jubilación ni indemnizarlos.

¿Pensarán que son estúpidos estos trabajadores y que firmarán su renuncia absoluta a sus derechos laborales, nomás porque se los pide la jefa en turno? A un custodio del Museo de la Ciudad lo indemnizaron con 9 mil pesos por 16 años de trabajo, menos de mil pesos por año. Peleó y logró un poco más. ¿Cómo es posible que una meta de “gobierno” sea el dejar sin trabajo, sin jubilación y hasta sin indemnización a la mitad de sus trabajadores?

Esas no son metas de una política cultural, sino de una política punitiva en contra de la sociedad. En este marco, el trabajo, por ejemplo, de los archivos históricos del municipio y del estado, se encuentran paralizados, nadando de “a muertito”.

O que el supuesto director Difusión y de Patrimonio Cultural del IQCA, en realidad no haga ni una cosa ni otra, y se dedique a realizar labores administrativas como firma de contratos, expedición de cheques y cotejo de trámites. ¿No es esto corrupción institucional?

Que te paguen como difusor cultural y procurador en la protección del patrimonio cultural y en realidad hagas talacha administrativa y, además, la hagas mal, con retraso de pago a proveedores y prestadores de servicios, rubro de la odiosa jerga burocrática en donde incluyen a los artistas, por varios meses, por no saber redactar un contrato, no saber dónde están los archivos  y tener que pedir los papeles que ya entregaste, varias veces, etc., etc.

O que en el recientemente finalizado festival de la nueva dramaturgia, el foro de usos múltiples se haya vuelto a inundar por el aguacero que cayó, al igual que ha sucedido siempre en temporada de lluvias desde que se inauguró hace más de 10 años. Y eso que es el más importante foro cultural con el que cuenta Querétaro, tanto por la cantidad de eventos que tiene, a veces hasta dos en un día, prácticamente todos los días del año, como por la calidad de los mismos.

O que de igual manera, se encuentre en ruinas otro de los principales espacios teatrales, como es “La caverna”, de la Casa Municipal de Cultura “Ignacio Mena”, la más importante del municipio. O que la titular del IQCA, Paulina Aguado, le haya exigido al director del Museo de la Ciudad, Gabriel Horner, que retirara una exposición plástica, de penes, por considerarla inmoral.

O que pidan de manera oficial, mediante una convocatoria pública que fotógrafos profesionales regalen su trabajo y cubran el Festival internacional de Jazz. O que todos los espacios públicos artísticos y culturales, desde casas de cultura, el Centro Cultural Manuel Gómez Morín o el Centro de Capacitación Artística (CEFAC),  hasta foros como el Cine-teatro Rosalío Solano o el Teatro Alameda, estén privatizados y se alquilen, hasta por 20 mil pesos al día, como si fueran salones de fiestas o escuelitas particulares “patito”.

Y todo esto porque supuestamente “no hay dinero”, “porque hay que volver autosustentable la cultura” y “porque hay que acostumbrar a la gente a que pague por la cultura; pues la gente está muy mal acostumbrada, quieren todo gratis”. Todas estas argumentaciones no solo son falsas, sino propagandas desde una ideología empresarial que convierte a la cultura y a las artes en mercancías y para escamotear, de muy mala fe los dineros públicos a la cultura y la educación, cosa que por supuesto, no sucede con el financiamiento a partidos políticos y procesos electorales.

Esta situación nos parece más grave que nunca, no por ser novedosa, sino porque no solo no se ve cuándo pueda cambiar, sino que el deterioro y la descomposición se profundizan gobierno tras gobierno. Porque nosotros no podemos separar el desarrollo cultural y artístico de la educación y del desarrollo social. Pero esto no les importa en lo más mínimo a nuestros gobernantes gerentes, servidores fieles y fanáticos de los grandes señores del dinero.

 

Porque dinero sí hay, pero para los festivales internacionales, como el Hay. Pero no hay dinero para fortalecer y desarrollar la creación, la producción y la formación cultural y de las artes. ¿Cuánto cuestan estos festivales y qué beneficios aportan realmente a la sociedad?

Y no es que estemos en contra de los festivales, aunque sí de la “festivalitis”, que es el festival como fin en sí mismo, sin relación con una estrategia para fortalecer procesos culturales locales, como sí lo son los festivales de huapango en la Sierra Gorda queretana, que no son meros eventos aislados, sino que forman parte de un proceso más amplio que se inicia desde mucho antes del festival y que continúa después del mismo. Pero, evidentemente, este no es el caso de estos festivalotes internacionales, que son franquicias de grandes empresas del entretenimiento y del espectáculo y que sólo sirven de vitrina para políticos gobernantes, como el gobernador y el alcalde, que de manera permanente están en campaña electoral a costas del erario público.

 

Esto solo es un repaso rápido y escueto de lo que las cuentas alegres de los primeros informes del gobernador y el alcalde no dicen. Presumen el diente de oro, pero por debajo del oropel la caries carcome las instituciones culturales ya en bancarrota no solo económica, sino también moral. El mal olor de la infección no se remedia con los evanescentes perfumes de festivales internacionales, en donde la cultura se vuelve cool-tura y la identidad y pluralidad cultural de una sociedad tan rica y compleja como la queretana se reduce al photoshop de caritas ‘very nice’ de la propaganda turística más común y corriente. Pero aquí cabe la pregunta: ¿Y la sociedad de poetas, teatreros, músicos, promotores culturales, cineastas, etc., qué dicen, qué hacemos? ¿Estamos muertos o vivos?

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