Opinión

El duro adiós

Por Omar Árcega E.

 

Así como en la vida de las personas se dan momentos trascendentales, las instituciones también tienen sus puntos de quiebre, esos raros instantes en la historia que marcan un antes y un después, que generan giros de 180 grados en el destino. Estos momentos no surgen de la nada, son la culminación de procesos, acumulación de acontecimientos que nos llevan a encrucijadas. El Partido Acción Nacional (PAN) está a punto de vivir uno de estos eventos, como lo afronten la élite partidista y como lo asuman las bases será un hecho que marque su historia.

 

Nuevos perfiles

Hay dos dinámicas que ha vivido el PAN, la primera es interna: la transformación del perfil de sus afiliados, la segunda es externa: el cambio de cosmovisión de los mexicanos. Respecto a sus militantes tenemos que la llegada al poder significó que se incorporan a este instituto personas con una multitud de ideologías, muchas de ellas compatibles con los principios del partido, otras no tanto, pero que se aglutinaban por interés político; con el tiempo se crearon liderazgos con poca afinidad con el panismo tradicional, habían nacido los neopanistas.

 

El sentido pragmático de éstos les hizo escalar rápidamente posiciones, aunque no todo fue mérito suyo, en mucho contribuyó la torpeza de un viejo panismo que no supo preparar nuevos cuadros afines a su visión, con capacidad para dar la batalla al interior del partido. Así fue como lentamente se inició un desplazamiento del panismo engendrado en los años sesenta y setenta.

 

Por eso no es de sorprender que tanto a nivel nacional como local estas corrientes cada vez tengan menos espacios, en Querétaro perdieron el control del partido, en las próximas elecciones prácticamente no veremos candidatos afines a estas cosmovisiones, hay algunos refugiados en el municipio, pero con un poder político a la baja.

 

A nivel nacional el panorama es similar, cada vez ocupan menos puestos de decisión, lentamente son arrinconados en el consejo nacional y su candidato natural a la Presidencia de la República: el gobernador de Jalisco, está prácticamente borrado de la contienda electoral interna.

 

Una sociedad distinta

La dinámica externa se refiere a que como fruto de la globalización, la visión política de los mexicanos va cambiando, ciertamente aún dentro del espectro político, al elector nacional se le puede considerar de centro derecha, sin embargo, se rechazan extremismos tanto de izquierda como de derecha, se prefieren candidatos con perfiles cada vez más laicos, de posturas ideológicas más neutras, nos convertimos cada vez más en una sociedad posmoderna donde la pertenencia a algún credo religioso deja de ser un factor determinante; en lo público se practica un laicismo que ve como “malo” que los hombres y mujeres que aspiran al poder político sean demasiado activos en algún culto religioso.

 

Las recientes discusiones sobre legalizar o no el aborto han generado lo inimaginable: muchos nuevos panistas se declaran pro-abortistas. Todo esto genera que los posibles candidatos del panismo tradicional, generalmente enraizados en el culto católico o ramificaciones cristianas, no sean muy populares.

 

Dos caminos

La escasa importancia al relevo generacional por parte del panismo tradicional y una sociedad con referentes ideológicos cada vez más lejanos a éste, lo acorralan, lo sentencian a una muerte lenta.

 

El acontecimiento que le dará la estocada son las elecciones del 2012, prácticamente no habrá candidatos locales o nacionales que representen a esta cosmovisión. En este contexto la élite panista deberá definirse: pragmatismo o vuelta a los principios del partido.

 

Si escoge lo primero está condenado a repetir los vicios antidemocráticos del priísmo, al rendirse ante el poder por el poder iniciará un vertiginoso proceso de corrupción, sus tradicionales prácticas democráticas quedaran sepultadas. Por tanto éste no puede ser el camino, es necesario que la nueva élite vuelva al ideal de la política como medio, no como fin, que se busquen los hombres y mujeres más “doctrinarios” y menos pragmáticos, no a los liderazgos que estando en cargos públicos han hecho notorios actos de corrupción, ejemplos sobran, desde el descarado desvió de recursos hasta el hipotecar el bienestar ecológico de toda una ciudad, basta de pragmatismos estériles que sólo sirven para engordar carteras, que ven la política como un simple mercado de poder.

 

Es necesario se recupere lo mejor del panismo tradicional: las convicciones, su apego a los principios ideológicos del partido. Pues no olvidamos que el PAN sobrevivió en el era priísta gracias a ellos, no les importaba ser perseguidos pues los impulsaba algo más fuerte: el convencimiento de cambiar a México para bien.

 

Recuperar la dignidad

En este 2012, hay serias posibilidades de que el panismo pierda la Presidencia de la República, el desgaste del poder y el haber tomado decisiones trascendentales para México pero con un alto costo político, lo ponen en una situación de desventaja electoral.

 

Pero ésta es su gran oportunidad de mostrar que es un partido con prácticas políticas de avanzada. Llevar como candidata presidencial a una mujer que conoce y vive el partido, que conjuga lo doctrinario con lo pragmático, es la mejor opción para la vida partidista tanto interna como externa.

 

El panismo tradicional, “duro”, puede dar un adiós digno al partido mostrando que entienden el momento político sumándose a esta candidatura y desde ahí dar una lección de apego a la doctrina partidista. Posiblemente se pierda la contienda, pero eso será benéfico, los arribistas sin convicciones se irán, como sucedió en Querétaro, pero se recuperará el partido de ciudadanos y para ciudadanos, sobre todo la vida interna democrática que sin ser perfecta fue ejemplar.

 

El 2012 será el parte aguas para que Acción Nacional retome el rumbo de una opción viable para México o bien se hunda en los liderazgos de pragmatismo voraz y con ello, se despida de la vida política de México.

twitter.com/Luz_azul

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