Opinión

El examen PISA no es sagrado

Por: Ángel Balderas Puga

anbapu05@yahoo.com.mx

PARA DESTACAR: Ni en Estados Unidos, Israel o España se ha hecho tanto escándalo como en el nuestro por los resultados del examen PISA. Esos países toman el examen PISA como lo que es: un simple indicador más. En cambio, en México toman esos resultados como si fueran algo sagrado, objetivo e inobjetable y lo usan para justificar su ofensiva en contra de la educación pública.

Es más que evidente que la reforma laboral-administrativa que se quiere hacer pasar por “educativa”, no tiene nada de educativa. La base esencial de tal reforma es la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD) que es un instrumento laboral muy ajeno a lo educativo.

Desde fuera pareciera ser que esta reforma solo afecta a los directamente involucrados, los maestros y las maestras de nivel básico y del nivel medio superior, sin embargo no es así, si no logramos detener esta reforma, tendrá grandes consecuencias negativas en la sociedad mexicana, comenzando por los propios estudiantes y sus familias.

El examen PISA, una única fuente de justificación

Recordemos que PISA (Programme for International Student Assessment) es una serie de exámenes estandarizados que se aplican, cada tres años, en los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) para medir competencias sobre sobre ciencias, matemáticas y lectura en la escuela básica. Este examen fue concebido por investigadores de países desarrollados pensando en maestras que tienen condiciones laborales de país desarrollado y en alumnos de países desarrollados, que trabajan con infraestructura escolar de país desarrollado; lógicamente, no fue pensado para las condiciones de nuestro país.

Por ejemplo, en 2015, en ciencias, los países líderes fueron Japón con 547 puntos, Finlandia con 545 y Estonia con 541, el promedio de la OCDE fue de 501, el promedio de la Unión Europea (UE) fue de 497 y aquí nuestro país obtuvo 415 puntos. Por debajo del promedio de la OCDE hay verdaderas potencias económicas y científicas como Israel (470), Suecia (485), Italia (494), Noruega (495), España (496), Estados Unidos (497), Dinamarca (498) y Francia (499). Resultados semejantes se obtuvieron en matemáticas y en lectura.

Sin embargo, en ninguno de los países señalados se ha hecho tanto escándalo como en el nuestro por tales resultados. Esos países toman el examen PISA como lo que es: un simple indicador más.

En cambio, en México, el gobierno y organizaciones como “Mexicanos Primeros” toman esos resultados como si fueran algo sagrado, objetivo e inobjetable y los usan para justificar su ofensiva en contra de la educación pública en nuestro país.

Los países que aman a sus niños

Más allá de la demagogia extrema del gobierno mexicano, de sus corifeos y de los hipócritas, los países que aman a sus niños invierten en educación.

Mientras el gobierno federal y “Mexicanos Primeros” se la pasan mostrando los resultados negativos del examen PISA, ocultan de manera deliberada los montos de inversión en educación de los países de la OCDE, en donde nuestro país queda siempre en último lugar. Datos de la OCDE, de 2010, señalan que países líderes como Estados Unidos invierten 15 mil 200 dólares por estudiante desde la primaria hasta la universidad, Suiza invierte 14 mil 900 dólares, Noruega 14 mil 100, Dinamarca 12 mil 800 y Austria 12 mil 500, mientras que México invierte apenas 3 mil dólares en el mismo concepto. El promedio de la OCDE es de 9 mil 300 dólares.

¿Cómo se traduce esta inversión en educación? Los países que más invierten tienen grupos reducidos (por lo que el aprovechamiento individual es mucho mayor pues el docente puede destinar más tiempo a cada estudiante), profesores bien pagados y que atienden a pocos grupos al día, estudiantes bien alimentados y no desnutridos y buena infraestructura.

En cambio el maestro mexicano está en una enorme desventaja: grupos numerosos, atención de muchos grupos (conozco el caso de un maestro en Sinaloa que atiende a 21 grupos y a un profesor en Querétaro que atiende a 16 grupos), muy mal pagados (lo que implica trabajar una doble plaza o hacer otro trabajo para obtener un salario decente) y con pésima infraestructura.

Pero de todo lo anterior, el maestro no es el culpable, él no decide nada de estas cosas. Sin embargo, la campaña de satanización contra el magisterio mexicano quiere hacer aparecer a los maestros como los culpables de todos los males de la escuela pública mexicana, cuando, por el contrario, hay profesores que hacen cosas heroicas para sacar adelante la educación de sus niños ante tantos obstáculos y tantas limitaciones.

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