Opinión

El fenómeno del grafiti en el municipio de El Marqués

Por Jorge Coronel

El sábado 30 de abril de 2011, por la mañana, elementos de la Dirección Pública, Tránsito y Protección Civil de El Marqués, recorrieron La Cañada, cabecera municipal, para repartir un tríptico con la denominación de “Campaña anti grafiti”.

En dicho tríptico, plagado de errores ortográficos, se informa que el grafiti está tipificado como delito de daños en el Código Penal del estado de Querétaro con penas de seis meses a tres años de prisión y de 30 a 300 días de multa. El fenómeno del grafiti en La Cañada, El Marqués, ha aparecido de forma espectacular: de norte a sur, de este a oeste, prácticamente toda la cabecera municipal está grafiteada (incluso la fachada de la casa de quien esto escribe); en varias comunidades también se aprecia el rayadero.

En el año de 1998, cuando comenzaba en el periodismo escrito, publiqué, en el extinto semanario El Nuevo Amanecer de Querétaro, un extenso reportaje acerca del grafiti en la ciudad capital. Poco ha cambiado de esa fecha a la actual: para la mayoría de las personas, los grafitis son simples “garabatos”. Hay algo de cierto en ese calificativo ya que, por desgracia, hay una inmensa cantidad de grafitis que carecen de todo sentido; mientras que el buen grafiti surge con un objetivo determinado, los émulos son sólo eso: imitadores que tienen la manía de rayar todo lo que encuentran en su camino.

El fenómeno del grafiti ha aflorado rápidamente por todos lados: de La Cañada a las comunidades, pasando por Querétaro capital, para llegar a todos los rincones del mundo. Ante esta manifestación que se ha dado con fuerza en El Marqués y todo Querétaro, las opiniones, en su mayoría, han condenado a esta expresión pública de sentimientos u opiniones (sea artísticamente buena o mala).

El grafiti le ha dado, para bien o para mal, un toque especial a las calles de La Cañada y sus alrededores. Ante tal suceso, las instancias gubernamentales han respondido organizando actos en torno al grafiti para tratar de cooptar al grafitero. Misión errada: día a día aparecen más y más paredes rayadas. Despreciado, satanizado, odiado, el grafiti representa un tema con mucho de fondo.

Asimismo sigue sorprendiendo e indignando la ausencia de la academia, de los científicos sociales, en estos temas, ¿qué demonios investigan los investigadores sociales?

¿Por qué rayan los grafiteros? Por moda, por pose, por hastío, por rebeldía, por aburrición, porque gritan que están vivos, porque lo establecido los ahorca, porque nacieron en medio de turbulencias que han conformado sus actitudes ante el entorno que poco o nada les ofrece. Son el producto del sistema mexicano.

Cierto es, también, que la aparición del grafiti en el municipio de El Marqués (antaño considerado como eminentemente “rural”), muestra que en este siglo y milenio nuevos la característica que distingue a las sociedades es la mezcla de idiomas, costumbres, religiones, es decir, la conformación de sociedades producto de diversas culturas. En la conformación grafitera hay de todo: estudiantes de secundaria, prepa y universidad; músicos, poetas, locos, desempleados, borrachos, drogadictos, trabajadores de medio o tiempo completo; grafitear en su forma de desahogo; juntarse en una “crew” es una comuna que sustituye a la familia.

Aburridos de su vida, del municipio, de la ciudad o no sabemos de qué demonios, huyen cuantas veces pueden en busca de paredes, de adrenalina, de joder… Por supuesto que me molesta que rayen mi casa, empero, debemos reconocer que desde las pinturas rupestres hasta los modernos grafitis, un sentimiento de catarsis es lo que ha motivado al ser humano para pintar las paredes tanto de cuevas como de edificios (cuestión de épocas).

¿Penas y leyes más severas para los grafiteros? No servirán de mucho para detenerlos. El escritor, Víctor Santos, publicó “Los grafitis, del arte al vandalismo”, en el también extinto semanario local Nuevo Milenio (No. 141, 31/05/99), donde daba cuenta de cómo Francisco Garrido Patrón, entonces presidente municipal de Querétaro, y los regidores panistas, impulsaron varias reformas: “El 26 de mayo del año en curso, el cabildo aprobó imponer mayores sanciones económicas a los grafiteros y a todos aquellos que sean sorprendidos deteriorando fachadas, ventanas, o inmuebles públicos o privados. Los artículos modificados fueron el 929, 930 y 930 bis del Código Municipal (…) Hasta aquí, todo bien, pero los regidores panistas, quienes mayoritearon las reformas, dejaron pasar un detalle, el artículo 182 de la Ley Orgánica Municipal del estado de Querétaro, que dice: ´Si el infractor fuere jornalero, obrero, campesino o indígena, no podrá ser sancionado con multa mayor del importe de su jornal o salario de un día; y tratándose de trabajadores y estudiantes no asalariados, la multa no excederá del equivalente a un día de salario mínimo´.

“Este escondido artículo deja prácticamente anulado el espíritu de la reforma al Código Municipal, pues bastará con que el grafitero sorprendido en el acto muestre su credencial de estudiante para que sólo se le cobre un poco más de 30 pesos (…) En el municipio de Querétaro, el DIF ha tratado peligrosamente y limitadamente de englobar la conducta del grafitero dentro de la desintegración familiar, la drogadicción y el desempleo. Ofrecen dotar a la juventud queretana de espacios alternativos para su expresión, programas deportivos, programas de empleo y capacitación, conferencias sobre éxito y auto superación. Pero el fenómeno continúa, cada día más y más bardas amanecen tapizadas con esos grafitis, una obsesión por tratar de llegar más lejos”.

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