Opinión

El futuro del PRD…

Por: Salvador Rangel

rangel_salvador@hotmail.com

La sociedad está integrada por grupos y no por individuos, y una manifestación de los grupos es la asociación política en partidos. Todo grupo social requiere de un líder, de un guía para lograr un fin que no podría lograrse si sus miembros actuaran por cuenta propia.

En México, las fuerzas revolucionarias habían triunfado, pero carecían de un líder, de partido político que se encargara de la transformación del país. La Constitución de 1917 no favorecía las ambiciones de los jefes revolucionarios que luchaban por el control del incipiente aparato estatal.

La primera Ley electoral, 6 de febrero de 1917, establecía dos requisitos para formar un partido. No llevar título religioso ni estar formado en provecho de una raza o religión.

Uno de los partidos más representativos fue el Partido Liberal Constitucionalista, formado por los generales Benjamín Hill, Álvaro Obregón y Pablo González. Otro partido con fuerza fue el Partido Nacional Cooperativista, fundado por grupos de la clase media, estudiantes… Estuvo encabezado por Manuel Aguirre Berlanga.

Los partidos se multiplicaban, pero su fuerza era mínima y los que apoyaban al gobierno no tenían influencia.

El gobierno requería de un partido fuerte, que enarbolara los principios de la Revolución, que no fuera temporal, que agrupara a obreros, campesinos, clase media y militares. No era un tarea fácil conjugar tantos intereses, pero hacía falta alguien con la capacidad de convocatoria, fuerza política y mano fuerte; ese personaje fue Plutarco Elías Calles, expresidente de 1924 1928, factor determinante para la asunción al poder de Álvaro Obregón, asesinado a los 16 días de su triunfo presidencial, el 17 de de julio de 1928.

Y el 4 de marzo de 1929, Calles funda al Partido Nacional Revolucionario (PNR), mantuvo el mando del gobierno hasta que el 11 de abril de 1936, cuando el presidente Lázaro Cárdenas lo destierra al igual que al líder obrero Luis Morones. Y de manera tácita, a partir de entonces el presidente de la República es el líder del partido oficial, el fiel de la balanza, como alguien llamó a José López Portillo.

Y esa jefatura en el partido oficial se resquebrajó en el gobierno de Ernesto Zedillo (1994-2000), cuando señaló “la sana distancia” con el PRI. Infinidad de partidos políticos ha tenido México, efímeros, de beneficio personal y de grupos.

En la actualidad, dentro las diez opciones políticas que tienen los ciudadanos, destacan tres, debido al nivel obtenido en las últimas elecciones presidenciales del 2012: el PRI, el PRD y el PAN; el orden es de acuerdo a la votación que recibieron en los comicios electorales.

De los tres, el PRD se debate en problemas internos que lo ponen al borde, sino de la muerte política, al menos de perder un importante número de votantes y simpatizantes.

Hace algunos días, el líder moral y fundador del Partido de la Revolución Democrática, Cuauhtémoc Cárdenas, renunció a su partido, renuncia que se suma a la de otros fundadores y líderes importantes que en su día decidieron salir del partido, entre ellos Porfirio Muñoz Ledo, Andrés Manuel López Obrador.

Cárdenas cuestionó el liderazgo del recién nombrado presidente del partido, Carlos Navarrete, a quien pidió su renuncia. Entre los argumentos del líder moral del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas señala que el partido ha caído en una línea de contradicciones, corrupción e incumplimiento en el respeto a los derechos estatutarios.

Los problemas del PRD son muchos, entre ellos el caso de la línea 12 del Metro, construida en el gobierno de Marcelo Ebrard, el cuestionamiento de cómo llegó a presidente municipal José Luis Abarca, edil de Iguala, Guerrero, quien ahora está preso.

Tal parece que el PRD se ahoga en sus inconsistencias; Andrés Manuel López Obrador salió del PRD para fundar el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y al abandonar el partido que lo postuló dos veces a la presidencia de la República, señaló “El PRD ya no tiene remedio, el futuro es Morena”. Tal parece que la profecía se cumple.

Y los nostálgicos se acuerdan de las palabras del maestro Carlos Monsiváis, quien dijo “Dadme un partido de izquierda y os regresaré grupúsculos”.

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