Opinión

El gasolinazo: la falacia del precio internacional del petróleo

Ángel Balderas Puga / anbapu05@yahoo.com.mx

PARA DESTACAR: Si fuera cierto lo que dicen Peña Nieto y sus secuaces, que aumentaron el precio de la gasolina porque aumentó el precio del petróleo, entonces debería ser verdadero también lo opuesto, es decir, al disminuir el precio internacional del petróleo debería bajar también el precio de la gasolina.

Una de las mentiras más recurrentes que se usa para tratar de justificar el injustificable aumento de dos pesos en el litro de la gasolina es que “aumentó el precio internacional del petróleo”. Esta es una más de las falacias del gobierno federal y de los mediocres legisladores que aprobaron la medida del salvaje aumento.

Para comenzar, México es un país que no importa ninguna gota de petróleo. Somos un país netamente exportador, ocupamos el lugar número 11 a nivel mundial. Producimos un volumen de petróleo equivalente a lo que producen Venezuela, Brasil y Nigeria, del orden de 2 millones y medio de barriles diarios y a diferencia de otros países petroleros, como Estados Unidos, China, India, Brasil o el Reino Unido tenemos un superávit en nuestra balanza comercial de petróleo. Los otros países citados consumen más petróleo del que producen por lo que ellos sí, a diferencia de México, tienen que importar petróleo.

Dado que no importamos petróleo, ¿qué tiene que ver el “precio internacional” del petróleo para fijar el precio de la gasolina? ¡Nada! ¡Absolutamente nada! Ese precio impacta a los países importadores no a los exportadores.

A los países productores lo que les interesa, para fijar sus precios de los combustibles, es el costo de producción. Que en México, como ya hemos señalado en artículos anteriores, es de 3.40 pesos por litro. Como comparación, en Arabia Saudita cuesta la mitad, 1.70 pesos por litro. Eso explica porque, en enero de 2017, Arabia Saudita puede vender el litro de gasolina en 5.12 pesos el litro. La diferencia entre los 5.12 pesos del precio de venta y los 1.70 pesos del costo de producción del petróleo es la que incluye los costos de refinación y distribución y los impuestos. Es decir, Arabia Saudita vendiendo el litro de gasolina en 5.12 pesos el litro, recaba impuestos.

Otro ejemplo, lo tenemos en Estados Unidos.

En 2016, en Texas, el litro de gasolina se vendió en 8.75 pesos. Este precio de venta incluye los costos de refinación, distribución, comercialización, utilidad e impuestos. Es decir, las petroleras transnacionales vendiendo el litro de gasolina en 8.75 pesos el litro, tienen ganancias y no son pocas, pues además del margen de ganancia está el volumen de ventas. Eso explica porque en 2016 Exxon Mobil tuvo ganancias del orden de 8 mil millones de dólares. Las transnacionales no son hermanitas de la caridad. Ganan y ganan mucho vendiendo la gasolina en 8.75 pesos. En ese mismo año, el gobierno de México nos vendió la gasolina en 13.52 pesos.

Por otro lado, es una media verdad que haya aumentado el precio del petróleo. En realidad ha disminuido y mucho.

La mezcla mexicana llegó a costar, en promedio, 102 dólares por barril, en 2012. Disminuyó a 98.44 dólares en 2013, bajó a 84 dólares en 2014, siguió bajando a 44 dólares en 2015 y cayó hasta 34.87 dólares en 2016. Así que ¿cuál aumento? Es verdad que ahora el crudo mexicano se cotiza en unos 45 dólares el barril (en enero de 2017) lo que significa un aumento de apenas 10 dólares con respecto al precio promedio en 2016, prácticamente el mismo precio que en 2015, 40 dólares menos que en 2014, 50 dólares menos que en 2013.

Si fuera cierto lo que dicen Peña Nieto y sus secuaces, que aumentaron el precio de la gasolina porque aumentó el precio del petróleo, entonces debería ser verdadero también lo opuesto, es decir, al disminuir el precio internacional del petróleo debería bajar también el precio de la gasolina y en la misma proporción, es decir, una disminución pequeña en el precio del petróleo debería implicar una disminución pequeña en el precio de los combustibles derivados y una fuerte disminución en el precio del petróleo implica una fuerte disminución en el precio de los combustibles.

En este contexto y en el de la ofensiva de Donald Trump, es cinismo puro llamar a la unidad en torno a políticos corruptos, ineficientes y antipatriotas. Estos últimos le han hecho más daño al país que los mismos extranjeros pues para que éstos puedan operar requieren de la complicidad de políticos que se venden por unas cuantas migajas.

La situación de nuestra industria petrolera no es producto de la fatalidad o de la mala suerte, sino de las decisiones tomadas en la época del dominio del neoliberalismo en nuestro país, cuya fase más salvaje comenzó con el fraude electoral de Carlos Salinas de Gortari en las elecciones presidenciales de 1988.

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