Opinión

El gasolinazo y la protesta social

Martagloria Morales Garza

PARA DESTACAR: No hay razones, no hay una propuesta de modelo económico del país, no hay una propuesta de reorganización del gobierno, no hay nada, solo un incremento en el precio que no parece tener otra lógica que la de mantener la vida de los políticos que hoy tienen el poder y no parecen saciarse.

La democracia en México está en crisis. Los políticos no responden a las demandas de la ciudadanía y esta no tiene un comportamiento institucional y pacifico ¿Qué se esperaba?

400 tiendas departamentales y de conveniencia han sido saqueadas, según informa la organización patronal; las marchas pacificas se han convertido en protestas violentas en Nuevo León y en Michoacán. En un video que circula en redes sociales los manifestantes en Monterrey gritan “este no es el pueblo” refiriéndose a los violentos. Yo creo que sí son el pueblo, cansado, no escuchado y harto de un gobierno mentiroso y cínico.

El incremento en el precio de la gasolina no es lo prometido. Se nos dijo en 2013 y 2014 que si se aprobaba la reforma energética el precio de la gasolina y de la luz bajaría, sin embargo, enero de 2017 nos permitió asomarnos a las mentiras de los políticos y particularmente a las mentiras del Presidente.

A partir de enero el precio de la gasolina se incrementa en 20 por ciento e igual porcentaje de incremento en la luz.

Los argumentos del secretario de Hacienda, José Antonio Meade, primero y del Presidente de la Republica ayer, son entre patéticos, falaces, cínicas o simplemente mentiras. Meade argumenta que si no se incrementa el precio de la gasolina será peor el futuro para nuestros hijos y nietos.

No hay razones, no hay una propuesta de modelo económico del país, no hay una propuesta de reorganización del gobierno, no hay nada, solo un incremento en el precio que no parece tener otra lógica que la de mantener la vida de los políticos que hoy tienen el poder y no parecen saciarse con sus respetivas “casas blancas”, “relojes de oro” y viajes al extranjero sin límites y con un sinnúmero de cortesanos que acompañan a la familia real como en el tiempo de las monarquías absolutas.

Simultáneamente al anuncio del incremento de la gasolina, se avisa también que el salario mínimo -y por lo tanto todos los salarios- se incrementarán 3.5 por ciento, cuando la inflación cerró en diciembre del 2016 en 5 por ciento y con los dos incrementos mencionados al menos se espera una incremento inflacionario del 10 por ciento en 2017.

Casi como regalo de Día de Reyes, el presidente Peña Nieto afirmó ayer en la prensa y casi a las 10 de la noche en un mensaje televisivo, que el aumento en el precio de la gasolina se debe al incremento internacional de los hidrocarburos y de la gasolina y que “no es una consecuencia negativa de la reforma energética o hacendaria y tampoco se trata de un nuevo impuesto”.

La afirmación del presidente es llanamente una mentira. El precio del petróleo en el último año ciertamente ha tenido un incremento del 15 por ciento, y no del 50 por ciento como argumenta el Ejecutivo, pero si se revisa con cuidado y se hace un análisis de los últimos cinco años en realidad el precio del petróleo ha caído en un 58 por ciento. (www.preciopetroleo.net) y como es evidente, el precio de la gasolina no bajó cuando bajó el precio del petróleo y por lo tanto no debería subir cuando este sube.

Es decir, el presidente miente, el precio de los hidrocarburos están bajando a nivel mundial, con una leve recuperación que de ninguna manera alcanza el precio que tenía el petróleo en 2012, cuando llegó a la presidencia Peña Nieto se cotizaba en 100 dólares el barril, hoy está en 55 dólares el barril.

Por otro lado, el precio de la gasolina en el mundo tampoco ha aumentado; en promedio a nivel mundial el precio del litro es de un dólar, en México era de .83 centavos, con el gasolinazo alcanzará un dólar el litro aproximadamente dependiendo de las fluctuaciones del dólar.

A nivel internacional los países productores de petróleo son los que tienen los precios más baratos de la gasolina. Por ejemplo Venezuela y todos los países productores del Medio Oriente, que son los que tienen mayores reservas petroleras venden sus gasolinas a 20 centavos de dólar o menos, sin embargo, México que también es un país con grandes reservas y productor, es el país petrolero con la gasolina más cara, incluso antes del gasolinazo.

El precio de la gasolina es más barato en Estados Unidos que en México, pues en este país en promedio se compra en 68 centavos el litro, y se asemeja a los precios de los países no productores como Perú, Costa Rica, China, Canadá. (ver globalpetrolprices.com).

Lo que más molesta no es solo la mentira, sino el cinismo de nuestros gobernantes, realmente creen que somos una suerte de idiotas que no entendemos y que aceptamos lo que ellos afirman.

Los empresarios, particularmente la Coparmex, hizo declaraciones ayer muy duras, “El gobierno mexicano ha pedido a la sociedad ser más compresiva, pero ¿en qué momento será el gobierno comprensivo con la situación de están atravesando los mexicanos?”.

En síntesis, el organismo empresarial llama al diálogo, disminuir el incremento de la gasolina y llama a los tres niveles del gobierno a cumplir con los compromisos de responsabilidad y eficiencia en el uso de los recursos públicos.

La sociedad es menos argumentativa, solamente actúa, algunos no están muy felices con su comportamiento porque los bloqueos carreteros impactan sobre todos, por cierto sería mejor simplemente tomar las casetas y dejar pasar los vehículos sin pago para que realmente se afecte al gobierno y no a los automovilistas, que son las víctimas y no los culpables.

Los políticos han llegado a un nivel de cinismo incomprensible, el mensaje de anoche del presidente Peña Nieto es una afrenta nacional, justifica el incremento a la gasolina porque solo afecta a los más ricos, queriendo ignorar que afecta a todos los productos que se transportan y a todas las personas que usan los transportes públicos.

No comparto los actos violentos de la sociedad, pero tampoco comparto una política estatal que descuida el bien común y solo se preocupa por seguir saqueando las finanzas públicas. La democracia mexicana está en crisis y no vislumbro camino alguno para hacernos escuchar.

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