El gobierno de Trump en contra del mundo (tercera parte)

El actual gobierno norteamericano no sólo ha amenazado a países en particular, sino que también se está alejando de organismos multilaterales.
Mediante una orden ejecutiva, Trump retiró a Estados Unidos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA). Trump también suspendió la participación de Estados Unidos en el programa de ayuda alimentaria de la ONU, afectando a países africanos como la República Democrática del Congo, Sudán, Sudán del Sur, República Centroafricana y Mali.
Apenas el pasado 21 de febrero, legisladores republicanos presentaron un proyecto de ley, llamado “Ley de Desvinculación Total de la Debacle de las Naciones Unidas de 2025” cuyo objetivo es retirar a los Estados Unidos de la ONU y de sus agencias y terminar con el financiamiento de estas. La razón, según los legisladores que promueven el proyecto es que «la ONU se ha convertido en una plataforma para tiranos y un lugar para atacar a Estados Unidos y a sus aliados», según el senador republicano Mike Lee, uno de los autores de la iniciativa.
Por otro lado, Trump firmó otra orden ejecutiva para imponer sanciones financieras y de visas contra quienes colaboren con la Corte Penal Internacional (CPI) en investigaciones sobre ciudadanos estadounidenses o sobre aliados, como Israel.
Trump también sacó a los Estados Unidos del Acuerdo de París, tratado internacional sobre el cambio climático, jurídicamente vinculante, cuyo objetivo es limitar el calentamiento mundial a muy por debajo de los 1.5 grados centígrados, en comparación con los niveles preindustriales, para lo que se propone disminuir de manera considerable las emisiones de gases de efecto invernadero. Hay que recordar que Estados Unidos es el principal generador de emisiones de dióxido de carbono.
En total contraposición al Acuerdo de París, el día de su toma de posesión, Trump señaló que declararía “estado de emergencia” en materia energética, con el fin de reactivar a gran escala la exploración, perforación y producción de los yacimientos de petróleo y gas para convertir a Estados Unidos en un exportador de energéticos. Trump también anunció que pondría fin al “green new deal” (acuerdo verde) y al acuerdo que obliga a la transición hacia vehículos eléctricos.
Al detener las actividades de la USAID, también se ha afectado a la “parte buena” de esa agencia, es decir a los programas de asistencia económica y humanitaria (programas de vacunación, desarrollo social, identificación forense de personas desaparecidas, desarrollo de centros sanitarios, acceso a agua potable, asistencia a víctimas de desastres naturales, formación de personal médico, mejora de la infraestructura sanitaria y varios más).
Es evidente que a la nueva cúpula del gobierno norteamericano no le gustan los organismos multilaterales, no le gusta el tener que discutir y tomar decisiones de manera colectiva. Esta nueva cúpula se siente mucho más cómoda tratando con cada país por separado para llevar ventaja, dada la enorme asimetría que hay entre los Estados Unidos y cada país en particular (quizás con las excepciones de China en lo comercial y de Rusia en lo militar).
Y pensar que algunos ingenuos siguen creyendo que se trata de una cosa sólo contra México y contra el gobierno de la 4T.
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