Opinión

El grafiti de Zapata

Por Jacobo Pichardo Otero

“¿Por qué quiero ser Presidente? Porque nuestro país merece estar mejor, porque quiero cambiar a México”.

Que se trague el cuento quien no lo conoce. Y paradójicamente ésa es la cosa, muy pocos conocen de Peña Nieto más que su muy cuidado rostro.

“Tú me conoces y sabes que sé cumplir”, atosiga desde, la que bien podría ser su segunda madre, la televisión.

¿Quién de los millones de mexicanos que votarán el próximo primero de julio conoce realmente al mexiquense? ¿Quién de los miles de jóvenes que hacen monería y media en las plazas donde se presenta su candidato lo conoce sin maquillaje?

¿A alguien le importa conocer a Peña Nieto? No creo, dice un comentarista en la pantalla de Tv Azteca; la gente se conforma con su cara bonita, su copete engominado, su pulcritud y el éxito que refleja. ¡Chiquito bombón!

Por eso mismo los spots del abanderado de la Coalición Compromiso por México no tienen como objetivo mostrar al candidato; sino todo lo contrario, ocultarlo. Y ni qué decir, lo están logrando, qué importan sus ideales y proyectos mientras todos sepamos que de niño tenía un carrito de pedales y comía charales con huevo.

Sus anuncios presentan a un candidato aislado de la militancia del PRI, no permita Dios que la sombra del dinosaurio manche sus guayaberas.

Lo que realmente muestra la spotisa de Peña es que a toda costa necesita ocultar la historia de su partido y la de algunos de los hombres que en el último año le han estrechado la mano en agradecimiento.

Ay´va pues el ruido para que acaben de tronar las nueces.

Desde Oaxaca, el lustrado candidato priista se compromete a combatir la marginación y la pobreza y a respetar los derechos de las comunidades indígenas. Todo esto mientras en la pantalla vemos que saluda de mano a dos hombres, junto a un muro donde se aprecia un grafiti del mismísimo Emiliano Zapata.

Si Peña Nieto hablara con la verdad nos diría que ese grafiti de Zapata está ahí, en las calles del centro de Oaxaca, representando la lucha de los movimientos populares, de esos a los que su compa Ulises Ruíz asesinó, secuestró y violó.

Si Peña Nieto dijera la verdad no pasearía en su spot como un turista por la tierra de Juárez, no. Prometería investigar los 88 asesinatos cometidos en contra de civiles, activistas, estudiantes, periodistas y luchadores sociales en ese estado durante el sexenio de ese asesino priista que es Ulises Ruíz.

Pero en el norte también miente y oculta el señor del copete. Sin desparpajo y con todo el cinismo del mundo nos escupe a la cara que se compromete a hacer que Coahuila sea reconocido por la prosperidad y la fuerza de su trabajo.

¿Cuál prosperidad? Si el ex gobernador priista y ex dirigente nacional del tricolor Humberto Moreira, ahora protegido del esposo de La Gaviota, dejó endeudadas a cuatro generaciones de coahuilenses al contratar 36 mil millones de pesos de deuda, de los cuales nadie sabe dónde fueron a parar.

Peña habla de cambio, pero para ello no ve necesario combatir la corrupción. Habla de prosperidad pero evidentemente no se refiere a la del pueblo mexicano.

Y qué decir de sus compromisos cumplidos. A golpes de propaganda intenta callar las vocecillas que susurran que su administración en el Estado de México fue más un reality show que un ejercicio de gobierno.

Trajeado y desde una oficina que marcha a todo vapor nos dice que cuando tuvo el alto privilegio de ser gobernador del Estado de México firmó y cumplió 600 compromisos. Gran mentira, y no porque lo diga el PAN, cualquier mexiquense sensato lo sabe. Muchos de sus compromisos cumplidos fueron obras menores y la otra gran parte fueron inauguradas antes de ser concluidas. Hoy muchas obras de esos 600 compromisos, en efecto, están abandonadas.

Si Peña quisiera un cambio para México empezaría por ofrecer una disculpa a los mexiquenses por haberle regalado sus impuestos a las televisoras, nada más 130 millones de pesos por cada año de su gobierno al frente del Estado de México fueron a parar a manos de los Salinas y Azcárraga.

Cómo explicarle a los millones de mexiquenses que no tienen agua potable y drenaje que eso es menos importante que ver sonreír al señor gobernador en un programa de chismes y novelas, ¡cómo!

Con qué cara autonombrarse el candidato de las mujeres cuando se negó a reconocer 922 casos de feminicidio en el Estado de México.

Cómo prometer apoyo a los campesinos cuando declaró sentirse orgulloso de haber ordenado un operativo contra los pobladores de San Salvador Atenco, donde se violaron los derechos humanos de cientos de personas y donde se violaron mujeres y hubo detenciones injustificadas.

Cómo buscar el cambio cuando, para proteger sepa Dios que interés, dijo no encontrar en ocho días a una niña que se encontraba muerta bajo su colchón. Cómo hablar de trabajar por los niños si montó esa gran farsa entorno a la niña Paulette Gebara Farah.

El compromiso que Peña Nieto ofrece es cambiar para que nada cambie, para que todo se siga hundiendo en la mierda de la simulación, la corrupción, la represión, la injusticia y el engaño.

Peña no es sólo el hombre guapo que puede ser Presidente. Es Ulises Ruíz y Humberto Moreira y un etcétera de preciosos.

¡Si Zapata viviera!

 

 

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