Opinión

El gran desafío II

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

PARA DESTACAR: En ningún momento estos líderes empresariales reconocen la forma cómo su clase ha sido la primera en lastimar gravemente a los mexicanos, con su voracidad, su autoritarismo, sus oscuras alianzas, sus corruptelas, sus crímenes de todo tipo y la impunidad de que también goza.  No hay ningún señalamiento en sus discursos “críticos”.

Últimamente se ha desatado un extraño fenómeno por el que poderosos grupos de la derecha política, emplean discursos “de izquierda”. Algunos opinan que los conceptos: “izquierda”, “derecha”, o “arriba” y “abajo” ya son obsoletos, pues “en la geopolítica actual todo está globalizado” (no importa que la distancia entre los ricos y pobres sea cada vez más abismal). Lo cierto es que la nueva lógica (neoliberal) ha generado una tremenda confusión:

Quienes tradicionalmente luchaban por preservar sus privilegios, alegando “su derecho a la libre expresión y al despliegue de todas sus potencialidades” (sin importar que con ello afectaran trágicamente a los demás), hoy dicen defender los derechos de la plebe y buscan capitalizar su enojo generalizado. Esto obliga a la ciudadanía a aguzar su inteligencia para descubrir falacias en esos discursos “progresistas”.

Me refiero específicamente a algunos duros mensajes que fluyen profusamente en las redes sociales; como los del Congreso Nacional Ciudadano (CNC) de Gilberto Lozano, de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), presidida por Gustavo de Hoyos Walther y de la Ley 3de3, impulsado por varias organizaciones.

Los tres grupos coinciden en su feroz crítica a la clase política mexicana: por su voracidad, autoritarismo, corrupción e incapacidad para enfrentar la grave problemática nacional.

Si bien, varios de sus señalamientos son pertinentes, no podemos darnos el lujo de la ingenuidad, pues “su lucha en pro de los menos favorecidos” oculta su interés por privatizar los servicios públicos (el mega negocio).

Su falacia funciona así: Si la corrupta clase política se roba el presupuesto y ofrece pésimos servicios públicos; entonces corramos a los políticos, coloquemos en su lugar “gobernantes ciudadanos”, privaticemos los servicios, dejemos de pagar tantos impuestos, y san se acabó.

Gilberto Lozano, por ejemplo, proclama que: su “red nacional de organizaciones de la sociedad civil busca dar un golpe de estado pacífico, para abolir la esclavitud con respecto a los políticos y los partidos” y “modificar el sistema de gobierno para ponerlo al servicio de los ciudadanos, que son los jefes, patrones y dueños de México”. En su discurso motivacional (estilo Alex Dey) llama a todos a convertirse en “leones ciudadanos” para provocar un “tsunami ciudadano”, y a desconfiar de los partidos políticos: “No entraremos a la farsa electoral; nos toca ser patrones los 365 días y habremos de  despedir al corrupto, inepto o traidor…”; “México debe ser cheranizado” (sic).

La sospecha sobre Lozano aparece, sin embargo, cuando en su agenda política, anota, como una de sus metas para el 2010: “incorporar la figura de la candidatura ciudadana” (¿la suya?), y “sacar al Estado Mexicano de la economía” (es decir: privatizar lo público).

Por su parte, el presidente de la Coparmex, en un reciente y sentido discurso en Tijuana, dijo que: “la debilidad de nuestras instituciones…, la corrupción y la impunidad son el principal lastre (para el crecimiento del país)”; que “los mexicanos estamos lastimados; tenemos que una gran parte de la clase política, lejos de sensibilizarse ante los problemas de inseguridad, de injusticia, de corrupción y de pobreza siguen beneficiándose de manera ilegítima de los recursos públicos”, en algunos caso esas corruptelas le cuestan la vida a las personas, particularmente a los más pobres y a los más desprotegidos…”

En ningún momento estos líderes empresariales reconocen la forma cómo su clase ha sido la primera en lastimar gravemente a los mexicanos, con su voracidad, su autoritarismo, sus oscuras alianzas, sus corruptelas, sus crímenes de todo tipo y la impunidad de que también goza.

No hay ningún señalamiento en sus discursos “críticos” sobre ésas más de 400 grandes empresas que en México gozan de privilegios fiscales (Femsa, Bimbo, Comercial Mexicana, Elektra, Liverpool, Telmex, Televisa, Televisión Azteca, etc.). No mencionan los tremendos escándalos (ampliamente difundidos por la prensa crítica) de los papeles de Panamá, ni otros, ocasionados por  Walmart, HSBC, Monex, Soriana, Toyota, Orthofix, Volkswagen, OHL, el Grupo Higa, el Grupo México, y muchos más, que compran funcionarios públicos, evaden impuestos, lavan dinero, destruyen la Naturaleza, y demás.

Muchas veces, los políticos corruptos son cómplices o subalternos de los empresarios corruptos. Lo que pasa es que ya no les sirven por estar tan desprestigiados.

No nos vayamos, pues con la finta.  Esos “críticos” no son la solución, sino el problema.

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