Opinión

El grito en dos actos y una conclusión

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

PRIMER ACTO: Una hermosa joven, de ojos vivaces, con fresca sonrisa y mente llena de esperanza camina confiada. De pronto aparece un grupo de agresores inescrupulosos (ya no se distingue si son sicarios o guardias oficiales) que la ofenden, amenazan, violan, secuestran y dejan varios días sin comer, en una micro-casa de “interés social” (desvencijada desde nueva). De vez en vez, sus raptores le retacan la boca de asquerosas frituras, indigestos pastelillos y gaseosas híper-azucaradas para conservarla viva a bajo costo, pues les resulta útil. También le dan cocaína y le inyectan tele a todo sonido y color para tenerla contenta. Cuando se enoja o llora, la golpean salvajemente, dejándola medio muerta.

Quienes la quieren, llenos de indignación, se lanzan al rescate, agotando todas las vías legales. En el Ministerio Público el funcionario en turno les advierte que “poco se puede hacer”, que “será palabra contra palabra” y pesará más la de los ofensores, prestigiados y pudientes. Alegarán en la corte que “ella se lo buscó, por andar con falda”.

Quienes la quieren van a los juzgados, pero “el licenciado está muy ocupado (o aún no llega o ya se fue o a él no le toca o se canceló la cita o se le presentó un imprevisto o el reglamento no lo permite o son muy estrictas las reglas de operación o el proceso es largo y caro, o no hay presupuesto ni personal que alcance, o lo que sea…), así que venga de nuevo mañana”. Después de vueltas y más vueltas los amigos de la chica descubren que el delito “prescribió” o los jueces sentenciaron en favor de los agresores.

En lugar de cansarse, los aliados de la joven se van enardeciendo; ganan conciencia y convicción de la necesidad de liberarla, no sólo por ella, sino por un principio ético-político de elemental justicia.

Años, décadas de insistir, investigar, estudiar leyes, consultar especialistas, entregar oficios y hacer filas no los desalientan. De vez en cuando alguien los atiende y les dice que sí, o les hace promesas para quitárselos de encima; entonces se calman un poco, pero nada cambia. La chica sigue presa y los agresores, haciendo de las suyas.

Quienes tienen la encomienda formal de detener a los delincuentes, no lo hacen porque no se atreven, no saben cómo, no les importa o porque ellos mismos son los agresores.

Los amigos de la joven salen a la calle, para bramar la iniquidad cometida. Su clamor llega a oídos internacionales y muchos más alrededor del mundo protestan también.

SEGUNDO ACTO: Las manifestaciones desquician el tránsito citadino, afectan el comercio y la vida del lugar, afean el paisaje, generan el repudio de una parte de la población y, sobre todo, hacen quedar mal a los gobernantes, que no pueden presentar al país como atractivo a los inversionistas extranjeros.

Los agresores emplean mil estratagemas para mostrar la impertinencia del enorme movimiento popular, reducido mediáticamente a “ridícula minoría”; pagan millones a los medios para desacreditar a los “sediciosos, inconscientes e irresponsables”. Los defensores de la agredida exigen que su versión también se difunda ampliamente en los medios, pero los breves minutos que consiguen no contrarrestan el aluvión discursivo de la versión dominante.

Los agresores y sus sirvientes se ocultan; maquillan a la muchacha y difunden melosos y delicados discursos en repetidos spots: Que “la chica merece los mejores cuidados”; que “quienes protestan son en realidad sus agresores”; que “es necesario traer médicos privados extranjeros, altamente calificados, con tecnología mucho más moderna y efectiva”; que “si no se toman decisiones rápidas, la joven rota morirá”.

Los agresores y sus voceros advierten que no dialogarán con quienes protestan, si no muestran buenos modales; que “no habrá marcha atrás” pues la aprehensión de la chica fue “conforme a derecho” (un derecho recién reformado según sus intereses). Si alguien pregunta a los sicarios, ignorantes, ¿de dónde les vino ese derecho?, o ¿por qué la joven está mejor apresada que libre?, no saben qué responder y repiten explicaciones huecas, aprendidas de memoria.

El presidente (comprado por los agresores) justifica el rapto, en un mensaje a la nación de siete minutos, por el que pagó a los medios 8 millones de pesos. Ese dinero salió del gaje que entregaron los amigos de la chica a los secuestradores, por el rescate frustrado.

¿CÓMO SE LLAMÓ LA OBRA?

Esa mujer violentada no es sólo de Ciudad Juárez, ni del Edomex, ni del bar Heaven, ni un daño colateral de la guerra contra el narco… Es todas ellas y más.

¡Esa joven es nuestra Madre Patria, nuestra Historia; nuestra Constitución Política, nuestra educación pública, la Naturaleza; nuestra industria energética, minería, agricultura, nuestra comunidad, nuestra ciudad, nuestra autoconciencia, soberanía, capacidad creativa y productiva, nuestra disposición solidaria, nuestra esperanza, nuestra alma!

Todas estas palabras femeninas (o de las nuevas masculinidades) luchan por sobrevivir en este régimen patriarcal machista, voraz, grosero, insensible y violento (que no varonil).

Este es El Grito Popular, que se oyó con toda su fuerza, alrededor del 15 de septiembre.

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