Opinión

El hombre que confundió a su mujer con un sombrero

Por Ricardo Rivón Lazcano

Como médico, Oliver Sacks nunca pierde de vista el cometido final de la medicina: “el sujeto humano que sufre y lucha”. El título de este escrito es el mismo del libro que he recortado. Sacks tiene mucho que decir a los científicos sociales, tanto como ellos quieran escuchar.

1. “Hay que haber empezado a perder la memoria, aunque sea sólo a retazos, para darse cuenta de que esta memoria es lo que constituye toda nuestra vida. Una vida sin memoria no sería vida… Nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestra acción, nuestro sentimiento. Sin ella, no somos nada…

(Viene por fin la amnesia retrógrada, que puede borrar toda una vida, como le sucedió a mi madre…)”

 

Este fragmento conmovedor y aterrador de las memorias de Buñuel plantea interrogantes fundamentales… clínicos, prácticos, existenciales, filosóficos: ¿qué género de vida (si es que alguno), qué clase de mundo, qué clase de yo se puede preservar en el individuo que ha perdido la mayor parte de la memoria y, con ello, su pasado y sus anclajes en el tiempo?

 

2. “Aquellos aspectos de las cosas que son más importantes para nosotros permanecen ocultos debido a su simplicidad y familiaridad. (No somos capaces de percibir lo que tenemos continuamente ante los ojos.) Los verdaderos fundamentos de la investigación no se hacen evidentes ni mucho menos”.

 

Lo que Wittgenstein escribe aquí, sobre epistemología, podría aplicarse a aspectos de la propia fisiología y de la psicología, sobre todo en relación con lo que alguien llamó una vez “nuestro sentido secreto, nuestro sexto sentido”, ese flujo sensorial continuo pero inconsciente de las partes móviles del cuerpo (músculos, tendones, articulaciones), por el que se controlan y se ajustan continuamente su posición, tono y movimiento, pero de un modo que para nosotros queda oculto, por ser automático e inconsciente.

 

3. ¿Hay algo que sea más importante para nosotros, a un nivel básico, que el control, la propiedad y el manejo, de nuestro propio yo físico? Y sin embargo es algo tan automático, tan familiar, que no le dedicamos jamás un pensamiento.

 

Qué paradoja, qué crueldad, qué ironía hay aquí… ¡La vida interior y la imaginación pueden permanecer apagadas y adormecidas si no las libera, si no las despierta, una intoxicación o una enfermedad!

 

4. David Hume escribió:

“Me atrevo a afirmar… que no somos más que un amasijo o colección de diversas sensaciones, que se suceden con rapidez inconcebible, en un movimiento y un flujo perpetuos”.

 

Así pues, para Hume, la identidad personal es una ficción: no existimos, no somos más que una sucesión de sensaciones o percepciones.

(El filósofo procura oír dentro de sí mismo los ecos de la sinfonía del mundo, escribe Nietzsche, y reproyectarlos en forma de conceptos.)

 

5. Gardner y las inteligencias múltiples.

¿Qué entiendes por inteligencia? Le preguntaron a Howard Gardner. Y Gardner contestó: Responderé con una metáfora, que creo que es más práctica. Si crees en una inteligencia única, lo que quieres decir es que tienes una computadora en el cráneo. Si esa computadora funciona y es eficiente y rápida, no comete muchos errores, entonces eres bueno en todo, eres muy inteligente.

 

En cambio, si dicha computadora funciona a trompicones, entras dentro de la media y, si va lento y comete muchos errores, es que eres estúpido.

 

La reivindicación de las inteligencias múltiples es que tenemos una serie de computadoras independientes: una se encarga de la información musical, otra de la información espacial, otra de la información corporal.

 

Por supuesto, no es una computadora pequeña, no tenemos una lata vacía aquí dentro, pero es un argumento que los cerebros son muy diferentes y pensar que sólo hacen una cosa no es correcto. La disponibilidad de computadoras es amplia: personales, dispositivos portátiles, tablets, etcétera… significa que ya no tenemos que enseñar la misma cosa del mismo modo ni examinar de una sola manera.

 

Tenemos la suerte de vivir en esta época. Quienes parece que no lo entienden son los ministros de educación y muchos, muchos maestros.

rivonrl@gmail.com

 

 

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