Opinión

El IFE y su omisión ante la manipulación de las encuestas

Por Ángel Balderas Puga

«Las encuestas se han convertido en elemento de propaganda y difusión de datos que no corresponden con la realidad». María Marván Laborde, consejera del IFE (La Jornada, 03/06/11)

Al igual que con el fraude de 2006, además de los “opinadores” oficiales que pululan en el duopolio televiso y en otros medios, intelectuales orgánicos han sido atacados nuevamente por el “síndrome del avestruz”, que consiste en negar como un mantra que otra vez haya habido fraude en las recientes elecciones presidenciales, a pesar de pruebas y testimonios que evidencian que se cometió un nuevo fraude, con la complicidad de diferentes autoridades, comenzando por el IFE, al que siguen considerando como un organismo impoluto y no como el ente faccioso, parcial y cínico que ha demostrado ser, sobre todo a partir de las elecciones de 2006.

Por cierto, la casi totalidad de esos “opinadores” pasaron de ser filo-panistas (sólo durante dos sexenios) a filo-priistas. Muchos de ellos habían sido ya abiertos defensores del PRI, pero sólo hasta el 2000 en donde cambiaron de “vocación”. No es exagerado decir que esas personas se han dedicado a la prostitución, en el sentido del Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia Española: se han deshonrado, han vendido su empleo y su autoridad abusando bajamente de ellos por interés o por adulación.

Las encuestas y el IFE

El fraude arranca desde la integración del IFE. El triste papel de Luis Carlos Ugalde en 2006 fue repetido por Leonardo Valdés Zurita en 2012. Este último ha llegado al extremo de convertirse en defensor oficial de las casas encuestadoras que manipularon los datos de sus encuestas con el fin de influir en los electores a favor de Peña Nieto (La Jornada, 27/07/11).

Valdés Zurita se atrevió a afirmar que “desde la tarea académica tuve el privilegio de conocer a detalle la metodología para la construcción de las encuestas y debo decirle que tengo la convicción de que los ciudadanos mexicanos difícilmente se dejan influir por las encuestas que se publican en los medios de comunicación y, sobre todo, en materia electoral”. Con esta afirmación, Valdés evidencia su ignorancia en cuestiones de estadística y demerita a las instituciones académicas que lo han acogido, comenzando por el Colegio de México, en donde hizo un doctorado en Ciencias Sociales. Es economista por la Universidad Anáhuac, de los Legionarios de Cristo, la congregación fundada por Marcial Maciel y ha sido profesor en la Universidad Autónoma Metropolitana y en la Universidad de Guanajuato, entre otras.

Valdés defendió principalmente a GEA-ISA, empresa que publicó durante cien días seguidos, en Milenio Diario, encuestas totalmente erradas y tendenciosas en donde se daba una ventaja a Peña Nieto de casi 20 puntos. La chafa formación “doctoral” de Valdés queda en evidencia pues se ve que no ha tenido tiempo de leer al profesor-investigador del Colegio de México, Julio Boltvinik el que publicó un interesante análisis sobre la manipulación de datos de las casas encuestadoras, en las pasadas elecciones (La Jornada, 20/07/11).

Valdés no ha tenido tiempo ni siquiera de ver las opiniones de su compañera María Marván Laborde quien en junio había ya alertado sobre el uso de los sondeos para mentir y hacer propaganda (La Jornada, 03/06/11). A diferencia de Valdés, Marván había hechos fuertes señalamientos antes de las elecciones, había denunciado que la mayoría de las encuestadoras no entregó al IFE datos que permitieran contrastar respuestas y que aun así el IFE había detectado múltiples deficiencias científicas en los estudios de opinión. Y si esto lo sabe Marván lo debería saber el presidente del IFE, con todo y su doctorado y su “tarea académica”.

Valdés hace referencia a cuestiones metodológicas mientras que Marván había denunciado que ¡las encuestadoras no estaban entregando sus metodologías! Marván señaló que “de 2 mil 330 reportes están prácticamente vacíos los recuadros en los que se deberían anotar pormenores del estudio de opinión. Escasean datos de recopilación (vivienda, telefónica, etc.), método de muestreo, tamaño de la muestra, fraseo de la pregunta, nivel de confianza, rango de error estadístico e incluso fecha del levantamiento”. Todos los elementos señalados por Marván, prueban que, en realidad, las supuestas encuestas fueron usadas, efectivamente, como propaganda para influir en el ánimo de la opinión pública. Para hacer creer que Peña Nieto era imbatible y que por lo tanto no tenía caso salir a votar en contra de él.

El presidente del IFE, además, pretende hacer valer “su convicción” como si fuera un dogma y en ciencia no hay nada más acientífico que los dogmas.

Me sorprende la manera en que ciertas personas, como Leonardo Valdés, tiran a la basura toda su carrera académica y desprestigian a las instituciones en las que estudiaron o en las que han trabajado con tal de quedar bien con los poderes fácticos.

anbapu05@yahoo.com.mx

 

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba