Opinión

El liderazgo en la sociedad mexicana

PENSANDO EN VOZ ALTA

 

Por: Marco Antonio Lara Pérez

La historia de cualquier nación, va estrechamente vinculada con la de los líderes de las mismas, aquellos hombres y mujeres que contaron con determinadas características y un contexto social específico que permitieron en conjunto materializar los ideales que encabezaron.

En la historia de nuestro México, encontramos un sinfín de líderes o personajes a los cuales se les atribuyen meritos en particular, acciones u omisiones que crearon las instituciones que nos rigen a todos y cada uno de los mexicanos hoy en día. Y aquí surge mi primera reflexión de esta participación: ¿Los proyectos son de las personas o de las instituciones?

Ahora bien, en las últimas décadas la historia de nuestra nación contemporánea ha tenido sucesos importantes, los cuales han marcado el camino que hoy recorremos juntos como pueblo mexicano, enumeraré algunos de ellos solamente de manera enunciativa más no limitativa: El levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y como consecuencia de ello, la reaparición de la contraguerrilla o los paramilitares; el asesinato de Luis Donaldo Colosio, candidato del partido oficial en aquel entonces a la Presidencia de la República, un crimen que aunque fue resuelto deja más interrogantes que soluciones; el rescate a la Banca Privado con la creación del llamado Fobaproa, rescate bancario que utiliza recursos públicos, es decir recurso provenientes de contribuciones, derechos, es decir en pocas palabras dinero de los ciudadanos; “transición” en la titularidad del poder Ejecutivo federal, después de más de 70 años de retener la presidencia el PRI, en la elección presidencial del 2000 obtiene el triunfo un candidato del PAN, el señor Vicente Fox Quesada, ejercicio presidencial que se caracterizó por las facultades no legales de la primera dama en turno, la señora Marta Sahagún, de quienes sus hijos se beneficiaron directamente y hoy por hoy detenta una fortuna inexplicable, o mejor dicho un enriquecimiento inexplicable; la represión en San Salvador Atenco, en el Estado de México, en donde se cometieron un sinfín de violaciones a los derechos humanos de los manifestantes; el controvertido triunfo del todavía Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa –que por cierto ya existe la posibilidad legal de que sea destruida la totalidad de la papelería electoral utilizada en aquellos comicios–; y claro que al hablar del periodo presidencial de Felipe Calderón, es indispensable referirse al número de muertos que ha dejado la mal llamada o bien nombrada “lucha contra el narcotráfico”; la transición en el Estado de Oaxaca, en donde el PRI nunca perdió una elección y en la última lo hace frente a una coalición conformado por el PAN y el PRD.

Y así podría continuar las menciones de hechos que desde mi particular visión son relevantes en la historia de todos nosotros, sin embargo en todos estos hechos, quien ha marcado la pauta a seguir es la clase política y no la sociedad, ha sido esa pequeña élite de empresarios y políticos los que han decidido qué hacer y qué no hacer, y la sociedad se ha visto rebasada por el poder que ambos grupos detentan, y lo mismo sucedió en la pretendida reforma laboral, que si bien es cierto causó movilizaciones sociales, no fueron lo suficientemente contundentes para que los políticos decidieran dar marcha atrás; si hoy la reforma laboral está condenada a dormir el “sueño de los justos” lo es porque así lo decidió un partido político y no la sociedad organizada, ¿hasta cuándo debe dormir la auténtica fuerza de una movilización social? ¿Qué nos falta a los ciudadanos? ¿Qué pactos hay que desconocemos para que prevalezca esta llamada oligarquía al frente del destino de nuestro país? ¿Necesitamos a un caudillo? ¿El camino a un movimiento armado ya es opción? ¿O será acaso como Platón lo postuló, que la dirección política debe de estar en manos de sabios filósofos?

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