Opinión

El otro (y rojo) centenario

Kevyn Simon Delgado

PARA DESTACAR: Hoy por hoy, tras la desintegración de la URSS en 1991, el viraje de la Revolución china y las contradicciones de la Revolución cubana, la lucha por la utopía comunista parece que se ha tomado un largo descanso ¿Estará dando unos pasos para atrás solamente para tomar vuelo en un futuro?

Hace 100 años, a más de 10 mil kilómetros de distancia del centro geográfico de México, la Revolución Rusa tomaba por asalto el Palacio de Invierno y hacía caer al zarismo, sistema político con más de tres siglos inaugurado por Iván ‘El Terrible’, y a la dinastía de los Romanov, con casi doscientos años en el poder del atrasado Imperio ruso, inaugurada por Pedro ‘El Grande’.

La Revolución de febrero, que vio caer al último zar de Rusia, Nicolás II, dio pie a la Revolución de octubre, una mucho más radical, encabezada por los bolcheviques, dirigidos por Vladimir Ilich Uliánov, mejor conocido como Lenin, la que llevaría la utopía proletaria a las puertas del mundo, casi como lo imaginó Karl Marx, padre intelectual de los comunistas rusos.

Lenin, fallecido hace ya 93 años, con su revolución socialista de corte comunista, dio inicia el siglo XX, como siempre decía el gran historiador de la “era de los extremos”, Eric Hobsbawm. La de por sí nada sencilla hazaña, enfrentó los embates de los ejércitos pro-zaristas y de diez ejércitos extranjeros (incluyendo uno de Estados Unidos) que invadieron Rusia durante la guerra civil que sucedió a la revolución, poco tiempo después que los bolcheviques retiraran a su país de la Gran Guerra o Primera Guerra Mundial que aún se estaba disputando por media Europa entre los viejos y no tan viejos imperios, monarquías y dinastías, que llevó como carne de cañón a millones de campesinos y obreros de decenas de nacionalidades.

Tras la defensa, efectuada por el Ejército Rojo levantado por León Trotsky, brazo izquierdo de Lenin, se procedió a conformar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1922, proyecto político que marcó un parteaguas en la historia, debido a su intención de acelerar la lucha de clases y terminar de una vez y para siempre con la burguesía y con el capitalismo y, por ende, con la explotación del hombre por el hombre, colocando al proletariado en el lugar histórico que le corresponde. El método: la violencia revolucionaria a nivel mundial.

Tal posibilidad puso a los Estados capitalistas, usualmente de corte liberal, en estado de alarma. Amplios grupos socialistas en Alemania y Hungría estuvieron a nada de hacer sus respectivas revoluciones, las que finalmente fueron aplastadas por la reacción y el temor real que se le tenía a los cambios de raíz que se proponían desde Moscú y San Petersburgo (después renombrada como Leningrado, en honor al aún momificado líder).

Fallecido Lenin, en enero de 1924, el brazo derecho del mismo, Iósef Stalin, se apoderó del poder y reculó en varios de los postulados de Lenin, iniciando con tres décadas de autoritarismo feroz. Sin embargo, el camino que habían trazado tanto con la Revolución de febrero y, principalmente, con la de octubre, fue indeleble e importantísimo para las decenas de movimiento de liberación nacional que se dieron a lo largo del siglo pasado.

Hoy por hoy, tras la desintegración de la URSS en 1991, el viraje de la Revolución china y las contradicciones de la Revolución cubana, la lucha por la utopía comunista parece que se ha tomado un largo descanso ¿Estará dando unos pasos para atrás solamente para tomar vuelo en un futuro?

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