Opinión

El papelazo de los Panamá Papers Boy’s

Para destacar: Es hacia donde tiene que apuntar el periodismo de investigación y luchar a toda costa por lograrlo: la revelación de la verdad y propiciar la acción de la justicia; esa es la tarea más noble y ética del oficio periodístico y que, recientemente, ha tenido resultados notables y también desastrosos para quienes se han embarcado en tan peligrosa nave.

Tigres de papel

Pero los que de veras se portan mal, se van a los paraísos fiscales

El Fisgón

Por: José Luis Alvarez Hidalgo

Sería ocioso relatar todos los pormenores del tristemente célebre caso de los “Papeles de Panamá”, por el simple hecho de que es información sabida por las mayorías y se ha convertido en la nota de ocho columnas en los últimos días desde que estalló la bomba mediática que hizo temblar al planeta entero. Me parece más atinado incursionar por otros senderos que nos obliguen a una reflexión más profunda en lo que se considera la tierra ignota del ejercicio periodístico a nivel local y regional: el periodismo de investigación.

A modo de anécdota ilustrativa, en una de mis clases de Lingüística, les inquirí a mis estudiantes sobre cuál era el valor lingüístico del caso Panamá papers y luego de algunos desvaríos uno de ellos dio en el clavo: saber quiénes son los implicados, esto es, el nombre de cada uno de los delincuentes de cuello blanco: nombres, nombres, nombres. La condena racional del hombre de todas las épocas es la de ponerle nombre a las cosas, nombrar al otro y, en esa acción denominativa estricta y constante,  evitar la caída al vacío conceptual de la que nos habla Roland Barthes: el horror vacui, que nos dejaría en el desamparo absoluto: el desconocimiento.

En el mismo tenor se puede ubicar la famosa expresión lingüística: “NO en mi nombre”, la cual exhibe esa oposición tajante a que, so pretexto de hacerlo por los demás, es decir, por nosotros, se nos arrastre en el caudal pestilente de la ignominia; esto es, del o que NO tiene nombre dado lo vergonzante de la acción cometida. Como sea, el acto de nombrar sigue siendo una de las acciones verbales de nuestra lengua más fascinantes y, por lo tanto, más riesgosa.

El caso de los papeles de Panamá nos coloca asimismo, en el eterno dilema en el que suele debatirse el periodismo que va hasta las últimas consecuencias en la investigación que emprende: ¿es ético hacer pública información confidencial  que concede el secreto bancario? ¿Es legítimo el hackeo o espionaje cibernético para revelar información de esta índole? ¿Todo se vale en aras de la transparencia y la justicia? Las dudas anteriores se ven superadas inmediatamente desde el momento en que el valor supremo de la obtención de la verdad y la justicia se imponen a todas las demás querellas de corte moral y el asunto queda saldado cuando se descubren a los autores del crimen perfecto.

Es hacia donde tiene que apuntar el periodismo de investigación y luchar a toda costa por lograrlo: la revelación de la verdad y propiciar la acción de la justicia; esa es la tarea más noble y ética del oficio periodístico y que, recientemente, ha tenido resultados notables y también desastrosos para quienes se han embarcado en tan peligrosa nave. Me refiero concretamente a los casos de Cuauhtémoc Gutiérrez Alatorre y al de la emblemática “Casa blanca” en los cuales, el equipo de investigación periodística de Carmen Aristegui descubre una serie de verdades inocultables y destapa la cloaca de la corrupción, la criminalidad y el cinismo de los criminales. Lamentablemente, la historia se repite eternamente y la impunidad nos escupe a la cara, pues la justicia, en ambos casos, se tarda mucho en llegar y muy probablemente, nunca llegará.

No obstante, el esfuerzo está hecho y la batalla está ganada para el periodismo de investigación serio y profesional y sólo resta seguir insistiendo con la terca memoria y el No al olvido para alcanzar la justicia prometida y tantas veces negada. Por lo pronto, el caso Panamá se vuelve un hito en la historia del periodismo de investigación desde el Watergate hasta los apenas nombrados y la lucha sigue. Ahora, es preciso dar a conocer los nombres de todos los mexicanos implicados, amén de las sorpresitas y no tanto, que ya se han dado a conocer y, especialmente, los nombres de los  queretanos que no se quieren quedar atrás y figurar en las ligas mayores de la evasión fiscal internacional.

Tal y como lo indica el epígrafe a cargo de El fisgón, los que de veras son delincuentes y corruptos y desvergonzados, se van a los paraísos fiscales. Esa es la noble misión del periodismo de investigación en la que no se debe claudicar, sino perseverar hasta lograr lo imposible. Esa es la gran tarea que nos falta por hacer en el periodismo local y regional: trascender el periodismo de la inmediatez y la estupidez. Encontrar la verdad donde se encuentre. Nos falta mucho por hacer.

 

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba