Opinión

El peligro de la historia única: reflexiones sobre la situación mexicana

Por: Augusto L. Peón Solís

El título y contenido de este breve escrito sobre la lamentable situación del país está inspirado en una plática que recientemente ofreció la escritora nigeriana Chimamanda Adichie a la comunidad de la Universidad de Oxford, en la que destaca el peso fundamental de lo que ella denomina “el peligro de la historia única”, es decir, la historia unilateral, parcial, destructiva, que emana del ejercicio del poder sobre situaciones, individuos o colectividades y las atroces consecuencias que ello implica en aspectos como la libertad, el desarrollo y el bienestar de un pueblo. Es una “historia única” (o, para efectos del presente escrito, un conjunto de “historias únicas”) cargadas de estereotipos, prejuicios y maneras de ser y hacer, de ver al otro, que entrañan su exclusión y degradación. Historias únicas que niegan, desempoderan y roban dignidades.

El marco que engloba a la historia única en México está relacionado con el desarrollo histórico unilateral característico del Estado mexicano. Es la historia única del Estado que emerge como producto de la derrota indígena, por lo que es visto como una imposición. De la ficción de Estado después de la Independencia y de su surgimiento posterior, pero con un espíritu autocrático. Del Estado posrevolucionario que cuenta con bases sociales importantes, pero que tiene un carácter oligárquico y autoritario. En el presente, aunque hay cambios relevantes a considerar, prevalece su esencia autoritaria y el Estado sigue siendo patrimonio de unos cuantos.

¿Qué nos dice este contexto? Dos cuestiones que son esenciales para entender nuestro dantesco presente. Por un lado, que el Estado nunca ha sido un Estado para la nación, para el pueblo; nunca fue entendido como patrimonio nacional ni como garante del interés general. Por el otro, que tampoco el Estado mexicano ha encarnado históricamente la otra condición esencial que le da contenido y sustancia al Estado constitucional liberal moderno: el Estado de Derecho con sus dos vertientes, la legal, emanada de los actos del legislativo, y la moral, derivada de la concreción de los ideales de la sociedad.

De esta situación básica deriva el peor de los males que padecemos: la historia única de la clase política mexicana. Como señala la activista Jodi Williams, premio Nobel de la paz: No es la historia de los últimos años, sino la de la continuación histórica de la impunidad. La historia de la cara bonita en el exterior, y de hacer todo lo imaginable hacia adentro para cometer toda clase de abusos contra el pueblo. Dinero, poder, crímenes. Matrimonio entre políticos, militares, policías, empresarios y delincuentes.

Es la historia de la matanza de Tlatelolco, del “arriba y adelante” de Echeverría y el 10 de junio de 1971, de la guerra sucia de los años setenta y el combate a la guerilla y la insurgencia obrera, del “perdón a los pobres” de López Portillo, la “colina del perro” y el siniestro encumbramiento del “Negro Durazo”. La historia de la frustrada “renovación moral de la sociedad” de Miguel de la Madrid; la de la podredumbre de la administración de los hermanos Salinas y el asesinato de cientos de militantes de izquierda. La brutal historia de Aguas Blancas durante la administración de Zedillo. La de frivolidad, muerte, ascenso del narco y niveles cósmicos de impunidad de Fox, Calderón y Oceanografía. La de Atenco, Tlatlaya, Ayotzinapan. La de la “casa blanca de Peña Nieto” en Las Lomas de $7 millones de dólares, en el marco de la ausencia del presidente. La historia del 43 + 1 de Denise Dresser.

Es la historia de los pactos de impunidad; de la avaricia del grupo México; de Pasta de Conchos en Coahuila; de Guillermo Padres y su apropiación del agua en Sonora; de la denuncia del periodista Craig Pyes del NYT, desde 1997, de la complicidad de Manlio Fabio Beltrones y Jorge Carrillo Olea con las redes del narcotráfico de Amado Carrillo Fuentes. De la demanda contra César Duarte. Del “gober precioso”, de Ulises Ruiz, de Moreno Valle, de Granier, de Moreira…

De la Guardería ABC, de las muertas de Juárez, de las muertas de León y del Estado de México. Del pésimo desempeño de la educación en México en los rankings educativos mundiales.

Es la historia de los 160 mil a los 563 mil pesos de sueldo a funcionarios de alto nivel, y el aumento de 3.4% a la UNAM. La historia de la decisión de la SCJN de cancelar la consulta sobre la reforma energética y cerrar la puerta democrática a la gente que está en su contra. La historia que narra Sergio Aguayo de los excluidos, de los ciudadanos que se organizan, se expresan, y son marginados e ignorados por el poder.

Es la historia, en fin, de la fragilidad institucional y la irresponsabilidad política. De un sistema político que, a pesar de los cambios, en realidad no se ha transformado. La historia de la ruptura entre el Congreso y la ciudadanía. La de la crisis del liderazgo presidencial y del colapso de su prestigio. La de un poder judicial que está lejos de colocarse como factor de equilibrio entre los poderes y como vanguardia que comande los urgentes cambios que se requieren. La de un sistema político cuyos métodos de reclutamiento se inclinan no por el mérito sino por el espíritu abyecto y ruin. La historia de una clase política que siempre da la espalda a la opinión pública.

Historias, historias, historias. Muchas historias. Historias que emergen de todos lados y que convergen en una gran historia única. La historia de la “inmoralidad mayor” como forma cotidiana de ser y que Wright Mills resume en la siguiente frase: “Benditos sean los cínicos porque sólo ellos tienen todo para triunfar”.

Historia única que mancha, que lacera y deshonra. Historia que nos ha colocado en los más bajos peldaños en el ámbito internacional. Haré referencia a lo expuesto por dos de las calificadoras internacionales de mayor prestigio: Latinbarómetro y el Rule of Law Index.

Latinbarómetro 2014: En un contexto en el que la aceptación promedio de la democracia en América Latina es de 52%, los resultados de la democracia mexicana son muy malos: de más del 60% de aprobación en el 2002, ha pasado al 37%, el más bajo en la región, junto con Guatemala. Y añade: esto es peligroso: en un lapso muy corto de tiempo, la democracia mexicana ha perdido a más de un tercio de sus adherentes.

Por su parte, el Rule of Law Index, 2014, que mide los siguientes aspectos cruciales: derechos fundamentales, corrupción, apertura gubernamental, orden y seguridad, justicia civil y justicia criminal, concluyó que de 99 países estudiados, México ocupa el lugar 79, dentro de un contexto en el que países como Filipinas (60), Colombia (61), El Salvador (64), India (66), Zambia (70), Egipto (64) y China (76), están mejor colocados que nosotros.

Historias, historias, historias. Cientos de historias. Miles de historias que apuntan hacia la historia única. La historia de la traición a los principios constitucionales liberales que nos rigen formalmente por parte de la clase en el poder. La historia de Tlatlaya y Ayotzinapan. La historia, como puntualizó Alberto Assiz, del socavamiento de la democracia, la historia de su entierro en una fosa clandestina.

Concluyo. En la parte final de su relato, Chimamanda enfatiza que la única salida para terminar con el peligro de la historia única es la construcción de historias alternativas. Historias que empoderen a los tradicionalmente desempoderados. Historias que reconstruyan nuestra dignidad. Historias que nos humanicen y que pongan un freno al poder.

Para Chimamanda, las historias alternativas representan la posibilidad de entrar al paraíso. Estamos ante una oportunidad histórica. ¿Seremos capaces de hacerlo?

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