Opinión

El penalty que no fue

Tigres de papel

Por: José Luis Alvarez Hidalgo

Termina el Mundial y termina la vida. Una sensación parecida a la frase anterior experimenta la pasión futbolera de nuestro país con la eliminación de la Selección Nacional de la justa mundialista. ¡Nos volvieron a robar!, es la expresión mayúscula con la que pretendemos justificar nuestro fracaso. El caso es que se volvió a perder y el desencanto cundió por todo México. De la esperanza a la ira y a la frustración, de la frustración al llanto, del llanto a la desolación y a la desesperanza y, finalmente, a la nada. Será como me dijo el joven que me surte el agua potable: “Ojalá y ya empezara la liga de futbol nacional, para ver si ahora sí, por lo menos, es campeón el Cruz Azul”. Y así nos la llevamos de por vida, de esperanza en esperanza y de frustración en frustración. El mito de Sísifo más vigente que nunca.

Las comparaciones y las metáforas son muy útiles para tratar de explicar lo inexplicable o, por lo menos, para interpretarlo de otro modo, con agudeza, ingenio y buen humor. Me llamó la atención el cartón de Naranjo en la revista Proceso del 22 de junio, que se titula: “A puerta cerrada”. En la imagen, se observa varios balones de futbol esparcidos por el césped y una puerta de madera cerrada por un gran candado. La libre interpretación del lector es inevitable: es la historia de nuestra patria, repetida una y otra vez: siempre nos cierran la puerta y no sólo en el tema futbolero sino en todos renglones de la vida nacional, especialmente en la forma en que nos gobiernan y en la que permitimos ser gobernados.

Ya lo dijo Irene Levy, especialista en análisis de medios, al responderle al conductor televisivo Javier Solórzano acerca de un cuestionamiento en torno a la aprobación de las leyes secundarias en materia de telecomunicaciones, al señalar que los diputados van a aprobar una reforma al estilo del futbol mexicano: jugamos mejor que en ningún otro Mundial, estamos ubicados en el lugar número 10 de los mejores equipos del planeta; pero… y aquí viene el gran pero: seguimos donde siempre, no pasamos a la siguiente ronda y estamos muy lejos de llegar a ser campeones del mundo. La mediocridad rampante y fulgurante, pero mediocridad a fin de cuentas.

De conformismo en conformismo no pasamos. Se nos dice que si se aprueba la ley reglamentaria de la reforma en telecomunicaciones, así como viene directamente del Ejecutivo federal, no representa ser la más democrática del mundo, pero que ya significa un gran avance a comparación del cómo estábamos anteriormente. Esto es, para seguir con la metáfora, no vamos a pasar a semifinales, pero jugamos muy bien y eso nos debe bastar y satisfacer plenamente. Y, por supuesto, no vamos a aceptar un fracaso más en materia de telecomunicaciones, porque si se aprueba que la preponderancia sea por sector y no por servicios (el gran debate en estos momentos), a Televisa nunca se le va a decretar como preponderante, el balón va a estar nuevamente en su cancha y nos van a meter muchos goles más, de la mano de TV Azteca, porque el duopolio nunca falla un penalti.

A modo de colofón, un fenómeno adicional y digno de análisis es el papel mediático tan relevante, digamos preponderante (para emplear el vocablo de moda) que han cobrado los comentaristas televisivos del futbol mundialista. Vimos el resurgimiento monumental del que sido el comentarista más emblemático de todos los tiempos y que responde al nombre de José Ramón Fernández; vimos de qué manera humilló a un tal “Cheliz” y como éste le renuncia en plena transmisión al aire, en un gesto de dignidad que agradecimos los televidentes; apreciamos las acrobacias verbales de un Martinoli que se ha convertido en todo un fenómeno comunicacional admirado por chicos y grandes; vimos los debates que sostuvieron los conductores de dos empresas rivales como ESPN y Fox Sports, como aquella acre discusión entre Fernández y su archirrival Raúl Orvañanos; disfruté en demasía el programa de Diego Maradona que lleva por título “De zurda”, sobre todo aquel encuentro que sostuvo con el imborrable astro brasileño Roberto Rivelino; y un largo etcétera de eventos mediáticos futboleros que le dieron un cariz distinto a la transmisión del Mundial en Brasil y que coloca a los comentaristas deportivos como los nuevos verdugos del poder fáctico de la televisión en todo el mundo.

Son ahora los que mandan, sentencian, condenan, definen, alteran y deciden el rumbo de una nación entera a partir del juego que todos jugamos y jugamos mal: el futbol. Ah, y por cierto, tampoco han fallado nunca un penalty. ¡Nos vemos en Rusia 2018!

 

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