El PRI, su desesperación y sus actitudes porriles

El PRI gobernó México durante décadas. La mayor parte de ese tiempo lo hizo de manera absoluta, autoritaria y casi totalitaria. En esa época tenían la presidencia de la república, las 32 gubernaturas, todos los municipios del país, la mayoría en todos los congresos estatales. Controlaban los poderes ejecutivo, legislativo, judicial y a los órganos supuestamente autónomos.
Sin embargo, perdieron la presidencia de la república en 2018, hoy sólo gobiernan en dos de los 32 estados (Durango y Coahuila), gobiernan en un puñado de municipios (ninguno de gran relevancia) y su presencia en los congresos locales es más bien testimonial (excepto en los dos estados que gobiernan).
En las elecciones presidenciales de 2024, sólo votó por el PRI el 9.5 por ciento del electorado. En la última encuesta de Enkoll (mayo de este año) se identifica con el PRI sólo el 8 por ciento del electorado. El PRI se halla al nivel del PAN y de MC, con una identificación que ya no llega ni siquiera a los dos dígitos. Para el otrora partido mega poderoso debe ser muy duro vivir esta situación, pues el PRI es el partido con más negativos, de todo el país: en la última encuesta de Buendía y Márquez (para El Universal, de mayo de este año) tiene una opinión mala o muy mala del PRI, el 63 por ciento del electorado, mientras que únicamente el 2 por ciento tienen una muy buena opinión.
El PRI nunca había sido oposición, no lo fue en los dos sexenios panistas. Es apenas en 2018 cuando se convierten en oposición y aún no saben ser oposición responsable, de ahí que regresen a sus actitudes porriles.
Esto viene a cuentas dada la actitud del diputado priista plurinominal (como casi todos los del PRI), Carlos Gutiérrez Mancilla, el que se caracteriza por confrontar con insultos y agresiones físicas a legisladores de la 4T, dentro de recintos legislativos y eso que es abogado, (egresado de la UVM).
La primera vez fue en contra del senador del PT, Gerardo Fernández Noroña, en agosto de 2025. En mayo de este año tocó el turno del diputado de Morena, Zenyazen Escobar García y el pasado 12 de agosto le tocó al vocero del grupo parlamentario de Morena en la cámara de diputados, Arturo Ávila.
En este último caso, Gutiérrez llegó a confrontar a Ávila con insultos y con empujones y casi, casi, retándolo a golpes. Cuando Ávila se retiró sin caer en la provocación, el priista lo acusó de “cobarde”, como si las divergencias entre legisladores deberían arreglarse a golpes.
No sorprenden las actitudes porriles del PRI pues cuando gobernaron al país, esa era su manera de, por ejemplo, controlar a las y los estudiantes críticos: el uso de porros en las universidades públicas, porros que eran pagados por los gobiernos federales priistas o por los estatales. Su tarea consistía en reprimir, con violencia, a estudiantes que manifestaban algún tipo de disenso con autoridades escolares, municipales, estatales o federales y lo hacían no sólo a golpes sino incluso con el uso de armas.
Para los que no vivieron esa etapa violenta del PRI represor, sólo imaginen si así se comportan ahora, sin estar en el poder, cómo fueron de violentos y prepotentes cuando tenían el poder.
Las actitudes porriles de priistas tienen varias razones. Una de ellas es su desesperación por haber pasado de gobernar el país de manera casi totalitaria a ser una simple fuerza minoritaria muy disminuida, algo que, evidentemente, les duele mucho y no logran reconocer.
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