Opinión

El que a Pancho mata… a Álvaro muere

Por Salvador Rangel

El 20 de noviembre se conmemoran 101 años del inicio de la Revolución Mexicana, acerca de la que se han escrito infinidad de historias, reales, inventadas, mezcla de verdades con mentiras, laudatorias y recriminatorias. En una palabra, para todos los gustos.

 

Pero como toda revolución cobró víctimas inocentes, gente que perdió su fortuna, su familia y no en pocos casos huyeron del país a Estados Unidos, después la revolución se transformó en Constitución, en 1917, y poco después, el 4 de marzo de 1929 en partido oficial del gobierno, el Partido Nacional Revolucionario, que el 30 de marzo de 1938 en el gobierno de Lázaro Cárdenas cambió a Partido de la Revolución Mexicana a raíz de la alianza de campesinos, obreros empleados públicos y el Ejército, y en el gobierno de Manuel Ávila Camacho, 18 de enero de 1946 se transforma en lo que ahora es el Partido Revolucionario Institucional, es decir de revolución se transformó en partido. Revolución institucionalizada.

 

En la etapa revolucionaria hubo asesinatos, traiciones, de todo, como en el amor y el poder toda estrategia es válida.

 

Así sucumbieron a las balas de traidores y ex compañeros, Francisco I. Madero y José Ma. Pino Suárez en febrero de 1913; Emiliano Zapata es emboscado el 10 de abril de 1919; el 26 de noviembre de 1919 fusilan a Felipe Ángeles; Venustiano Carranza asesinado el 21 de mayo de 1920, Pancho Villa asesinado el 20 de julio de 1923 y…

 

Estos y otros revolucionarios fueron asesinados en pos del poder, de la eliminación de personajes que en un momento podían levantarse en armas, así que mejor muertos que alborotando.

 

En este juego macabro de muertes, no puede faltar Álvaro Obregón quien ocupó la Presidencia de la República del primero de diciembre de 1920 a noviembre de 1924, en su gabinete estuvo Plutarco Elías Calles quien sería Presidente (1924-1928).

 

Obregón enfrentó insurrecciones como la del general Lucio Blanco, que fue derrotado y fusilado en Nuevo Laredo, Tamaulipas en 1922.

 

Durante su gobierno hubo rebeliones encabezadas por Césareo Castro y Fortunato Maycotte, su compadre, estos levantamientos dejaron saldo de más de siete mil muertos.

 

El 3 de octubre de 1927, en el gobierno del Presidente Elías Calles, un grupo de militares y civiles encabezados por el general Francisco R. Serrano fueron detenidos y asesinados en el poblado de Huitzilac, Morelos.

 

De acuerdo al parte oficial, expedido por el general brigadier del Estado Mayor Presidencial, José Álvarez notificaba: El general Francisco R. Serrano uno de los autores de la sublevación, fue capturado en el estado de Morelos, con un grupo de acompañantes. Se les formó un consejo de guerra y fueron pasados por las armas.

 

Cuando en realidad fueron sacados de los autos y ahí mismo fueron asesinados.

 

Los nombres de los demás pasados por las armas: general Daniel L. Peralta, licenciado Rafael Martínez de Escobar, Alonso Capetillo, Augusto Peña, Antonio Jáuregui, Ernesto Noriega Arce, licenciado Otilio González, Enrique Monteverde y ex general Carlos V. Ariza.

 

Se dice que cuando Obregón vio el cadáver de Francisco Serrano, en el Hospital Militar, expresó: Pancho, mira qué feo te dejaron.

 

Ya para 1927, Álvaro Obregón se postulaba para un nuevo período a la Presidencia de la República, toda vez que se había modificado la Constitución y le permitía contender, el general Serrano era un fuerte opositor, así que se optó por considerarlo como sublevado y traidor.

 

Sin embargo, la muerte rondaba a Obregón y el 17 de julio de 1928, José León Toral lo mata en el restaurante La Bombilla, en San Ángel, DF, en un banquete que las fuerzas vivas de la Revolución le ofrecían por su triunfo en la elecciones presidenciales.

 

Y los nostálgicos recuerdan que de la Revolución nada más queda la conmemoración, el 20 de noviembre y para honrar a los asesinados, sus nombres a calles, escuelas, avenidas, etc.

rangel_salvador@hotmail.com

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