Opinión

El rumor y los precandidatos

AMOR, HUMOR Y MUERTE

Por: Edmundo González Llaca

Los rumores se iniciaron a principios del año, pero se agudizaron después de la designación de Tonatiuh Salinas en la Presidencia del PRI y la de Ricardo Anaya en la Cámara de Diputados. Con estos nombramientos, la plantilla de candidatos a la gubernatura de Querétaro parece ya estar integrada; salvo el candidato de los grupos de izquierda, que por el momento no se sabe si andan en búsqueda de un candidato emergido de sus filas o si prefieren recoger algún despechado de los que se mencionan de otro partido.

El rumor que circula es: quién será candidato del PRI entre Roberto Loyola y Tonatiuh Salinas, y López Portillo como caballo negro; por el PAN Ricardo Anaya o Francisco Domínguez. La pregunta que trataré de contestar en este artículo es: ¿por qué, faltando tanto tiempo para la elección de los candidatos al gobierno del Estado, se despiertan y circulan tantos rumores?

Varios son los factores de esta plaga, y bien podríamos decir, adelantando la conclusión, que existe tal crisis de credibilidad en Querétaro, que ya no se puede creer ni en los rumores.

Vale reconocer que el fundamento de este fenómeno puede tener una causa concreta o una combinación de las existentes. El rumor se genera, entre otros motivos, porque no hay información o por la impotencia de los ciudadanos de participar en las decisiones que les afectan. Ante esta situación el rumor crea sus propios canales de información y explicación de lo que le preocupa.

En el caso a las candidaturas al gobierno de Querétaro los partidos políticos no informan sobre los procesos de elección interna y tampoco se toman la molestia de tener al tanto a sus militantes de las diversas vías que tendrán en el futuro para hacer sentir su opinión. Militantes y Juan Calle son invitados de piedra a una decisión tan importante y toman desquite especulando sobre las personalidades.

En los medios de comunicación, a pesar de que el tema está en la boca de muchos queretanos, no aparece casi información. Existe desconfianza e incertidumbre y, como una salida a esta realidad que no deja de ser tensa, los ciudadanos circulan rumores para participar con otro: esa cosquilleante  emoción de apoyar a un candidato. Al hacerlo se auto otorgan la satisfacción de que ahora sí le van atinar a quién será gobernador.

Otra causa de los rumores es la proyección de una desilusión generalizada de la realidad política y la clase gobernante. Se tiene la convicción íntima de que la administración ya no realizará nada positivo, ni para el emisor del rumor ni para el Estado. El juicio implacable es que, lo que le resta de tiempo la actividad pública se irá de muertito para terminar su sexenio; las expectativas han muerto. La impresión negativa que tiene el autor del rumor le sirve de desahogo, una especie de catarsis política que le ayuda a fomentar su esperanza de un cambio de gobernante.

Pero también no atribuyamos a la difusión de los rumores a causas esencialmente políticas. La difusión coloquial e intensa de los posibles candidatos a la gubernatura puede ser resultado simplemente que, de acuerdo con nuestro genoma queretano: nos fascina el chisme. No hay nada más sabroso para iluminar la grisácea conversación que erigirse en poseedor de una supuesta información que nadie conoce.

Cualquiera que sea la causa o las causas del rumor, lo cierto es que al difundirlos se rompe la sana comunicación de una vida colectiva y se convierte al Estado en un enorme lavadero o salón de belleza, con habitantes enfrascados en un reñidísimo torneo de invención de gobernadores.

El rumor es un ácido que destruye la comunicación, “cemento” de la cohesión social, pues rehúye la riqueza del diálogo, de la confrontación entre clases o partidos, de la crítica ciudadana y fomenta cobardemente el desahogo inútil o el desaliento a la participación. Después de todo el mensaje subyacente es que nos enfrentamos ante una fatalidad en la que no tenemos nada qué hacer en la designación del candidato de nuestras preferencias.

El rumor, no es tan inocente como a veces parece, promueve el escepticismo y la apatía, que sólo benefician a los que medran de la ignorancia y confusión del pueblo.

Espero sus comentarios en www.dialogoqueretano.com.mx donde también encontrarán mejores artículos que éste.

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