Opinión

¿El sexenio de la movilidad?

Por: Daniel Muñoz Vega

@Danielopski

Todos los días hago válidos los 5 minutos a los que tengo derecho antes de levantarme después de que suena el despertador, a veces abuso y me extiendo a 10. La rutina es fiel a uno, sino no sería rutina. Siempre planeo salir de mi casa a las 6:30 am, y casi siempre, salgo con 12 ó 13 minutos de retraso. Escribo como automovilista. Tengo un pointer con el que voy y vengo. Hago cálculos a ojo de buen cubero: del 100 por ciento del tiempo que uso mi automóvil, un 75 por ciento lo conduzco solo;  23 por ciento, circulo con un acompañante, y un 2 por ciento, con más de una persona.

Todos los días salgo de Tejeda con dirección al Centro; un día de la semana, a veces dos, cuando se acomodan las rutinas, mi novia y yo usamos el mismo coche para dirigirnos a nuestras respectivas actividades. Últimamente me he dedicado a observar, sobre todo durante la mañana, la forma cómo viajamos los automovilistas. Rara vez, veo autos donde se ocupen los 5 asientos, casi siempre van 2 o máximo 3 personas a bordo. A las 6.45 am, de Candiles a Plaza de Toros vamos a “vuelta de rueda”.  Hace meses, cuando comenzaba mis actividades a las 8 am, el tráfico iniciaba a la altura de Tejeda sobre Paseo Constituyentes. Esto no es una queja, no puedo quejarme de un problema del que yo también soy parte. La movilidad en Querétaro está colapsada.

En días pasados estuve en la Ciudad de México y vi un anuncio donde celebran 10 años en que comenzó a operar el sistema Metrobús. La administración de López Obrador fue criticadísima por la apuesta, ya que la primera línea que comenzó a operar, le quitaba un carril a Avenida Insurgentes para uso exclusivo del Metrobús. Hoy hay 5 líneas más en la Ciudad de México; es una solución dentro de la catástrofe urbana en que viven los habitantes del DF; primeramente, porque la inversión en su infraestructura es mucho menor a la que se requiere para hacer líneas de metro.

Las ventajas de este sistema de transporte son muchas, van desde el ordenamiento vial, la recuperación de espacios públicos y la reducción de emisiones contaminantes. La puesta de este sistema en el DF ha sido totalmente exitosa, el transporte público es eso: público, no privado. Hay que mencionar que a pesar de los esfuerzos, la ciudad de México está desquiciada, sus arterias están infartadas, 3.5 millones de automóviles llenan todos los días sus grandes avenidas; sin embargo, si no fuera por el metro, el metrobús y el viejísimo trolebús,  sería mucho más difícil la vida en el Distrito Federal.

La vida del “defeño” creó un amplio debate hace 15 años sobre los problemas de movilidad. A partir de ahí, se implementó otro tipo de políticas. En Querétaro no somos capaces de comenzar un debate ciudadano sobre la vida que llevamos sobre el asfalto, desconocemos nuestra realidad; la dinámica económica nos avienta a las calles, “perseguir la chuleta” es la lógica de cualquiera, estamos en un círculo vicioso donde ni siquiera tenemos tiempo para hacernos preguntas, no hay tiempo para imaginar lo que será esta metrópoli en 5, 10, 15 años. Hacemos lo inmediato, lo que urge.

La administración actual anuncia de manera simplista la modernización del transporte público, de la misma forma como la administración pasada tuvo la “brillante” idea de lanzar REDQ. Hoy veo circular las unidades del transporte público con carteles que exhiben su grilla interna acusando a no sé quién de que se robó dinero. Desconozco totalmente el tema, simplemente analizo que tendrá que haber una voluntad inmensa de todos, ciudadanos y gobierno, para solucionar el problema de la movilidad. Mi lógica quizá es simplista, no soy experto, es más, escribo esta columna desde el desconocimiento, pero creo que algo que debe tener una naturaleza pública no puede estar en manos de privados.

Lo primero que se tendría que hacer es un diagnóstico, quizá ya exista, sobre la demanda de viajes que requiere una población creciente y económicamente activa,  que necesita vivienda, educación, acceso a la cultura, y que sus roles se distancian cada vez más; de igual manera, debe haber un diagnóstico sobre la infraestructura vial de avenidas y calles, y sus intersecciones, que utilizan los automovilistas, taxis y camiones. A partir de ahí, y de la difusión de la información, se podrán tomar decisiones que quizá afecten a unos, pero que beneficiarán a una mayoría, sólo con una voluntad gigantesca, donde se tenga conciencia de ceder privilegios, se podrá solucionar el problema.

 

 

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