Opinión

El triunfo del candidato de Televisa: Lecciones y desafíos de la elección 2012

Por Iván Islas

La puesta en entredicho de la libre circulación de la ideas, traducida en el déficit de la “vitalidad discursiva” como condición de una democracia sólida, algo de lo que habló muchas veces el teórico social Habermas, fue uno de los asuntos esenciales que dejó ver la elección de 2012. La inesperada emergencia del movimiento #YoSoy132 confirma dicho déficit y hace visible tres asuntos: el desfase generacional y la incomprensión de la clase política a nuevos escenarios; el papel escandaloso que jugó Televisa, monopolio de las comunicaciones, que estratégicamente apostó por el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI); y la poca voluntad de los candidatos y sus partidos por el intercambio de ideas y propuestas o, mejor dicho, de una contienda que fuera más allá de la “espotización”. Hagamos, pues, un recuento, una crónica de los momentos claves de la elección.


El primer debate

Celebrado el 6 de mayo, el primer debate presidencial mostró un innegable asunto: la poca voluntad de los candidatos por establecer una real discusión y un intercambio de ideas. Aunque fue un formato que superó experiencias de anteriores elecciones, terminó siendo rígido y poco deliberativo. Sin embargo, ese primer debate fue uno de los detonantes de otro hecho, hasta ahora, el más significativo de la elección 2012. En el debate, el candidato puntero, Enrique Peña Nieto (EPN), se dirigió a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) con las siguientes palabras: “Si la televisión hiciera presidentes, usted sería Presidente, Andrés Manuel”. Luego AMLO, preparado para la refutación, respondió a EPN con cifras en las que intentó demostrar los gastos excesivos que EPN había llevado durante su gestión como gobernador. Al siguiente día, la periodista Carmen Aristegui, quien por todos sabido, incómoda para Televisa, retomaría la frase citada y se iniciaría una intensa discusión sobre cifras y dichos entre los equipos de ambos candidatos. El asunto circuló los siguientes días, era un tópico importante, pues había sido un argumento del propio AMLO y también un tema de interés de la periodista Aristegui. El tema inevitable en la agenda: el uso desmedido de recursos y el apoyo del monopolio televisivo a un candidato.

Aparición del #YoSoy132

Algunos días después, la historia de la elección daría un giro inesperado: la visita el 11 de mayo de EPN a la Universidad Iberoamericana, institución educativa privada de gran tradición.

Después de haber participado en un foro organizado por la comunidad de dicha universidad, el candidato fue cuestionado sobre “Atenco”, así llamada la represión policiaca sucedida en años de su administración como gobernador del Estado de México. Los alumnos ya estaban listos para expresar su descontento con respecto a un candidato que representaba, por lo menos de a “oídas”, el arribo de un gobierno corrupto y autoritario. Pero, además, EPN a la luz del presente, y entonces sí vivenciado por los jóvenes #132, simbolizaba el candidato del “canal de las estrellas”, del evidente acuerdo de una de las televisoras, Televisa, por llevarlo a la silla presidencial a partir de un apoyo turbio que al paso de los meses y años se habría confirmado, e incluso documentado por el periódico inglés The Guardian y por los cables de Wikileaks.

La protesta fue elocuente, tuvo eco, resonó de inmediato. Se dispersó rápidamente a través de las redes sociales. Jóvenes ilustrados de clase media alta, quienes han vivido inmersos ya en las nuevas tecnologías y quienes han experimentado nuevas formas de interacción comunicativa, habían logrado difundir el evento en cuestión de minutos. De inmediato, varios videos subidos a YouTube circulaban en la red y atestiguaban a jóvenes estudiantes mostrando cartulinas y pancartas al tiempo que gritaban diferentes consignas, la más difundida: “¡fuera, fuera, fuera!”. También exhibían a un candidato y a su equipo angustiados en algún pasillo, arrinconados, esperando escabullirse, literalmente, del recinto universitario.

Al siguiente día, el presidente del PRI y el propio jefe de campaña de EPN descalificaron el movimiento cuestionando su origen, e incluso planteando que se trataba de “porros” o de gente relacionada con el candidato de izquierda, AMLO. La estrategia fracasó, los jóvenes estudiantes ya habían hecho lo que natural y lógicamente tendrían que hacer: se comunicaron por Facebook y por Twitter, compartieron posturas y decidieron ante semejantes apreciaciones de parte de la vieja guardia priista, hacer un video mostrándose uno a uno, enseñando sus credenciales y evidenciando que los asesores de EPN estaban equivocados. Así nació el llamado #YoSoy132 y se hizo visible una generación de jóvenes convertida en un movimiento, que le daría un vuelco a la elección de 2012.

El segundo debate oficial, consistente con las estrategias

Después de la controversia que generó el primer debate, sobre todo por su rigidez y por errores de producción, para el siguiente los partidos tuvieron que flexibilizar sus posturas y permitir un formato mucho más ágil y con más énfasis en el real intercambio de ideas. A pesar de las aparentes “buenas intenciones”, no hubo novedades: el comportamiento de los actores siguió siendo más bien estratégico. Los candidatos prácticamente repitieron mensajes de los spots. En realidad, la novedad fue la posición de la candidata Josefina Vázquez Mota (JVM), ya en tercer lugar en las encuestas, por pretender inquirir a sus adversarios, y por su parte, el tono mesurado de AMLO, consistente con su estrategia.

Debate #YoSoy132, emblemático

El tercer debate presidencial fue organizado por el movimiento social #YoSoy132, por ciudadanos de “a pie”, por estudiantes organizados. “Informal” podría catalogarse el evento e inesperado ante pronósticos de académicos y comentadores en medios. Los jóvenes del #132, prácticamente, “sentaron” a tres de los cuatro candidatos a establecer un diálogo fuera del control de los partidos en contienda, curiosamente el ausente fue el candidato EPN. El evento fue elocuente y representativo en varios sentidos: primero, por el hecho mismo de su existencia, pues hizo visible a una generación de ciudadanos con valores democráticos mucho más arraigados. En segundo término, porque evidenciaría la falsa discusión de parte de algunos actores políticos acerca de la prohibiciones de la ley electoral por permitir la organización de debates más allá de los oficiales. Y en tercer lugar, por mostrar la renuencia o poca voluntad de los actores por una campaña mucho más racional y de propuestas.

La elección 2012 y el gran déficit de nuestra incipiente democracia

La experiencia electoral de 2012 pone en la mesa algo que había estado latente y que sólo ante la emergencia del #132 pudo salir a la luz: la imposibilidad de la libre circulación de ideas, de la vitalidad discursiva que tendría que pasar por la esfera mediática en toda democracia moderna. En otras palabras, nos encontramos ante el aplastamiento de uno de los valores esenciales de la democracia a causa, sobre todo, de la presencia de un monopolio de las comunicaciones y la gran “brecha tecnológica” que vive el país. Los jóvenes que crecieron en la alternancia, sorpresivamente, se enfrentaron a un hecho contradictorio si se asumían vivir en un régimen democrático: un candidato fabricado por una televisora y a un manejo de información a todas luces imparcial. El sentido común llevaría a la pregunta de si aquello es posible en un país que, se ha repetido al cansancio, vive en democracia. Esa quizá habría sido una de la motivaciones de las manifestaciones virtuales y “en tierra” de los miles de jóvenes del #132.

Desafíos poselectorales, ¿y después del 2012?

El triunfo de EPN se podría explicar, coyunturalmente, a partir del apoyo económico desbordado y poco transparente de recursos en la campaña del PRI; burdo soporte mediático de una de las principales televisoras del país al PRI; así como del “voto de castigo” al partido en el gobierno, el PAN. Tales fueron asuntos “caldo de cultivo” para impedir que la izquierda pudiera concretar su triunfo y que la derecha quedara desplazada a tercera fuerza política. En efecto, se “restaura” el régimen priista, pero ni las instituciones ni los ciudadanos son los mismos. Hay varios desafíos: el primero es retomar la discusión de la hiperconcentración de los medios, del monopolio mediático y su lógica consecuencia: la prevalencia del interés privado sobre el público y la baja circulación de la ideas.

El otro desafío será seguir construyendo una ciudadanía participativa y vigilante, lo cual supone continuar consolidando instituciones y leyes que lo permitan. De esta forma, será necesario, por tanto, hacer esfuerzos desmedidos por una nueva cultura política que forme a las nuevas generaciones y que siga arraigando valores democráticos, lo que a largo plazo dará frutos. Hay indicios de que esto es posible: los jóvenes del movimiento #YoSoy132, quienes serán en un futuro los que conducirán el rumbo de nuestro país y los que hoy dieron la gran lección en este proceso electoral que acabamos de vivir.

 

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