Opinión

El turbio negocio de la gasolina

En febrero de 2014, la gasolina magna costaba 12.41 pesos el litro. Si descontamos $1.80 del costo de producción del petróleo eso nos da un costo increíblemente alto de $10.61 por litro para la refinación, la distribución y el pago de impuestos, rubros que el gobierno de México nunca ha querido desglosar.

Por: Ángel Balderas Puga

anbapu05@yahoo.com.mx

El pasado 22 de febrero, Enrique Peña Nieto anunció que adelantaba para abril de este año, la libre importación de gasolina y diesel por parte de particulares.

Como buen servidor del extranjero, Peña Nieto hizo el anuncio no en México sino en Houston, Texas, patria de los que le ordenan qué hacer. Esta medida ya estaba contemplada en la reforma energética aprobada por PRI, PAN y PRD, aunque estaba contemplada hasta 2017. Recordemos que la apertura del sector de los hidrocarburos a los privados, principalmente extranjeros, era el principal objetivo de esa reforma, pues durante casi 70 años, el manejo de los hidrocarburos había correspondido a la nación, gracias que el presidente Lázaro Cárdenas nacionalizó la industria petrolero en 1938.

La medida, como casi todas las medidas que los neoliberales “mexicanos” imponen, es del todo absurda pues implica que los mexicanos no somos ni siquiera capaces de vendernos a nosotros mismos

nuestra propia gasolina y entonces tienen que venir extranjeros a hacerlo.

¿No que no?

Recordemos que la reforma energética usó como pretexto que nuestro país no tiene tecnología para la extracción de petróleo en aguas profundas o para la extracción de gas shale. En su momento, muchos denunciamos que esto sólo era un burdo pretexto para dar entrada a las grandes multinacionales extranjeras, cada vez más en crisis desde que los estados nacionales fueron recuperando poco a poco sus recursos energéticos. En efecto, mientras que en 1970 dichas trasnacionales controlaban el 85% de las reservas mundiales de petróleo y gas, para 2009 su control se redujo a apenas un 8% (según datos de PFC Energy, Oil & Gas Journal y BP Statistical Review).

Ahora, el tiempo nos da la razón, pues la apertura de los hidrocarburos mexicanos ha sido para pozos en aguas someras y ahora para la venta de gasolina. Dos cosas que, durante 70 años, los mexicanos demostramos que sabíamos hacer.

Es natural que para las compañías extranjeras éste sea un jugoso negocio pues tienen la suficiente experiencia como para refinar petróleo y vender gasolina.

El gran negocio de la venta de gasolina

Según datos oficiales de Pemex (los últimos disponibles en su sitio web, “Presentación a inversionistas” de septiembre de 2015) en 2013 a nuestro país le costaba 22.26 dólares producir un barril de petróleo (costos totales de exploración, producción y desarrollo). Cada barril de petróleo contiene, aproximadamente, 160 litros de petróleo por lo que a los mexicanos nos costaba 14 centavos de dólar producir un litro de petróleo, en 2013. Al tipo de cambio de ese año, de 12.87 pesos por dólar, esto significa que producir un litro de petróleo nos costaba un peso con 80 centavos.

En febrero de 2014, la gasolina magna costaba 12.41 pesos el litro. Si descontamos $1.80 del costo de producción del petróleo eso nos da un costo increíblemente alto de $10.61 por litro para la refinación, la distribución y el pago de impuestos, rubros que el gobierno de México nunca ha querido desglosar.

Si mantenemos los datos proporcionales del análisis que el economista Mario di Costanzo hizo en 2009, con datos de la Energy Information Administration, de los Estados Unidos, el costo de la gasolina debería, dividirse en tres partes iguales, aproximadamente: costo del petróleo, costo de la refinación y costo de la distribución, lo demás serían ganancias e impuestos. Así, los costos de producción, refinación y distribución son del orden de $5.40 por litro de gasolina. Actualmente, el precio de la gasolina magna es de $13.16 por litro, lo que deja una fabulosa ganancia de $7.76 por litro. De este tamaño es el fabuloso negocio de la refinación y la venta de gasolina. Fabuloso negocio que ahora, de manera acelerada, se quiere pasar a particulares.

Es claro y evidente que ninguna compañía extranjera ni está dispuesta ni pagará el volumen de impuestos que paga actualmente Pemex y gracias a los cuales hay dinero para el gasto y la inversión a nivel federal. Por si fuera poco, al pasar gran parte de estas ganancias a compañías extranjeras, el gobierno federal tendrá cada vez menos dinero y todos pagaremos las consecuencias mediante el desmantelamiento de lo poco que nos queda del estado social construido con esfuerzo por las anteriores generaciones de mexicanos, principalmente hablamos de salud y educación públicas, pero también de infraestructura y de otros gastos sociales.

 

 

 

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