Opinión

El viejo checo

Por: Julio Figueroa

Desde San José, California, EE.U.., llegó el libro a mis manos el último día de nuestra estadía en Premiá de Mar, Barcelona. Un día más y se pierde… Al otro día salimos la familia hacia Marsella, Francia, gracias al viejo amigo Botey. Así que fue mi primera lectura en aquella ciudad de frontera entre Europa, el Mediterráneo y la otra orilla de África y Asia. Un paisaje a veces desolador, a veces enigmático, a veces dormilón.

 

Allí tengo anotada esta idea vital en la primera página del libro:

 

–Todos somos parte del cuadro que vemos. Marsella, Francia, 30 de junio de 1987.

Y luego este Pensamiento de Blas Pascal:

–El hombre no es ni ángel ni bestia; y quiere la desgracia que aquel que quiere hacer el ángel, haga la bestia.

Los libros queridos, leídos y releídos, y sus espacios en blanco siempre me han servido como un diario de vida.

El libro en cuestión es ‘Miro la tierra’ (Poemas 1983-1986), de José Emilio, con su poema largo sobre el temblor de México de 1985: “Las ruinas de México (Elegía del retorno)”. Por la nota al calce sabemos que lo empezó a escribir en Maryland, USA, en noviembre de 85 y lo terminó en México en agosto de 86.

Es un poema de largo aliento que expresa la mirada humanista pesimista creadora de su autor sobre aquellos aciagos días, que son parte natural e histórica de la Ciudad de México: “Esta ciudad no tiene historia, / solo martirologio. / El país del dolor, / la capital del sufrimiento, / el centro deshecho / del inmenso desastre interminable.” De ahí vengo.

En México vamos de crisis en crisis y de desastre en desastre.

Entre las grandes palabras de los grandes políticos que al paso del tiempo resultaron pequeños.

Tarde o temprano natura vence a cultura.

Inútil combate la perra vida.

Y la lucidez impotente del ojo que todo lo ve sin poder hacer nada.

Salvo levantar acta, registrar lo sucedido, dar fe de vida.

El poema de Pacheco tal vez es demasiado largo y demasiado intelectual, totalizador sin la experiencia íntima. Mira la tierra. Ahí está. Aparte de sus poemas “Ritos y ceremonias” y “Altar barroco”, así como sus aproximaciones a otros poetas, siempre llamó más mi atención la segunda sección titulada “Lamentaciones y alabanzas”, en donde se resume toda la oscura luminosidad vital de José Emilio Pacheco, su apuesta literaria: “Soy el que canta el cuento de la tribu… // El instante se ha llenado de azul… // La gloria de la tarde se alza en espuma…”. Por un instante apenas / “Hay un total acuerdo / entre el estar aquí y estar vivos”. Y esto se cristaliza a la entrada de la sección, como epígrafe, en la oración del viejo checo,  Jaroslav Seifert, Premio Nobel de Literatura 1984:

El viejo checo / oración

Me dije:

lo peor ha quedado atrás,

ya soy viejo.

No, lo peor está por venir:

sigo vivo.

Pero, si quieren saberlo,

fui feliz;

a veces un día entero,

a veces toda una hora.

Es bastante.

–Jaroslav Seifert (poeta checo, 1901-1986), “El monumento a la plaga”.

 

Curiosamente en una edición posterior de su libro JEP suprimió la segunda mitad del poema. Pero yo desde entonces cargo la oración completa del viejo checo, y a veces me la digo en las noches, en las mañanas, en el día… Es bastante.

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