Opinión

El voto nulo y la insatisfacción con la política

Brújula 2015

Por: Rafael Plancarte

Se aproximan las elecciones intermedias de 2015 y la abstención y el voto nulo serán temas importantes. Es conocido que para la democracia de corte liberal la representación política es la única que puede ser compatible con sociedades complejas y diversificadas.

El instrumento del voto se contempla así como el mecanismo fundamental de la democracia. Pero la insatisfacción en el país con la democracia y la política ha llegado a niveles enormes. Los críticos a la democracia representativa han dicho que esta ha ensanchado la brecha entre los políticos y los ciudadanos. Los WikiPartidos y el Podemos han sido reflejo de esto. En el momento en que escribo veo cómo en las redes sociales proliferan las muestras de apoyo hacia la periodista Carmen Aristegui y cómo se construyen marcos que reflejan la ilegitimidad y desconfianza hacia la clase política. Aunque no es fácil saberlo, la abstención y el voto nulo pueden ser producto del descontento con la clase política.

Para diputados federales en 2009 el porcentaje de abstención fue de 55.39 % mientras que para 2012 fue de 37.56 %. Aunque bajó, la abstención sigue siendo alta. Para el 2012 el porcentaje de abstención en la elección del ejecutivo federal estuvo en 36.92% teniendo también una disminución con respecto a 2006 en la que fue de 41.45%. Sobre el voto nulo intencional, éste no puede ser diferenciado del voto nulo.

Discutamos un poco sobre la instrumentalidad del no votar y del votar intencionalmente nulo. En el país un sector que clave es aquel que identifico como maximalistas de izquierda: son aquellos que encuentran en la abstención o en la anulación del voto una forma para expresar su descontento hacia lo que entienden no es más que un juego de simulación democrática y corrupción moral. Las creencias causales de la izquierda maximalista apuntan a que la transformación del sistema político mexicano es sólo posible a través de los esfuerzos sociales que provienen desde la organización “desde abajo”. La izquierda social no partidista ha estado más ocupada en sus propias querellas por precisar quién tiene la mejor fórmula para desestabilizar al sistema, o quién cumple o no de forma cabal con las prescripciones ideológicas. Creo incluso que de legislarse el voto nulo como un instrumento con consecuencias reales, muchos de estos sectores lo verían como una herramienta ociosa. Este tipo de conducta en términos instrumentales produce autorrealización o satisfacción emocional individual, pues no se es parte de la lógica de un sistema viciado. Lejos de influencias ideológicas, están también aquellos que han desplegado campañas a favor del voto nulo como el Candigato Morris o el Perro Titán que hicieron su aparición en 2013, principalmente en las redes sociales. El impacto de estas campañas es gradual, de largo aliento, y su concreción en alguna reforma política no es segura. Otros sectores distintos pueden tener razones muy diferentes para estar enfadados con la política partidista y en consecuencia no votar o hacerlo nulo. Es conocido que los gobiernos muchas veces logran darle la vuelta a contextos electorales en los que han aparecido tanto la abstención como el voto nulo, pues el tiempo y las reformas son útiles en ese sentido. Es conocido asimismo que la abstención y el voto nulo sólo favorecen a los grandes partidos, a los punteros, y a los que tienen ya preparada su maquinaria electoral. Si la intención por abstenerse es producto de que sean bajas las expectativas sobre el partido o candidato preferido, el voto útil puede ser una salida. Aunque es posible que los costos ideológicos de un individuo por votar a su segunda preferencia sean más altos que el beneficio por comportarse estratégicamente. Instrumentalmente el abstencionismo no resuelve las cosas. En un contexto en donde la instrumentalidad de la acción política puede estar ausente, sólo vale mencionar lo que ya se ha dicho antes: existe la necesidad de legislar por que el voto nulo afecte jurídicamente a los partidos en su financiamiento, así como impulsar que un determinado porcentaje de la contabilidad de los votos nulos pueda ser causal de anulación de elecciones. Sin embargo ni los políticos ni los partidos van a impulsar por sí solos estos cambios. De ahí que la presión ciudadana deba ser el principal promotor. Pero sin una política racional, el “prefiero morir de pie a vivir arrodillado” se reduce a miopía política y buenos deseos.

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