Opinión

Elecciones SUPAUAQ: el síndrome del avestruz

Por: Ángel Balderas Puga / anbapu05@yahoo.com.mx

PARA DESTACAR: Los integrantes de LSU, así como sus seguidores, deberían saber perfectamente que hacer campaña fuera del periodo y desatar una guerra sucia conllevaba quedar descalificados del proceso electoral. Seguramente LSU y sus simpatizantes querían un árbitro a modo para que se les dejaran pasar ese tipo de actitudes.

Algunos actores políticos universitarios insisten en su tesis, de que en los procesos electorales en el Sindicato de Académicos de nuestra Universidad todo se vale, incluso violar la convocatoria del proceso, los estatutos sindicales y la autonomía sindical.

Por lo anterior, vale la pena insistir en que el punto 7 de la Convocatoria publicada el 9 de septiembre del año en curso, señalaba claramente los plazos para hacer campaña, nadie debería hacer actos de proselitismo después del 12 de octubre, so pena de perder el registro. Sin embargo, seguidores de la planilla Lucha Sindical Universitaria (LSU) enviaron mensajes de proselitismo, por celular, la tarde-noche anterior a la segunda votación, es decir, el día 26 de octubre, totalmente fuera del periodo.

Así mismo, seguidores de dicha planilla colocaron lonas con inducción al voto ¡el mismo día de la votación del 27 de octubre! Y durante toda la semana entre la primera y la segunda votación, seguidores de LSU estuvieron repartiendo propaganda para desprestigiar a sus contrincantes. El mismo delegado sindical de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Juan José Lara Ovando, envió un correo electrónico a los docentes de su Facultad, donde un día antes de la votación, exponía sus razones para no votar por una determinada planilla (además usando una dirección oficial de dicha Facultad).

Un día antes de la segunda votación se hizo circular un panfleto de inducción del voto para la planilla LSU, el 23 de octubre a muchos profesores universitarios nos llegó un correo electrónico denostando a los contrincantes de LSU. Dos días antes de la segunda votación, un grupo de jubilados, acompañados por representantes de casilla de LSU, ofrecieron una rueda de prensa en donde se dedicaron a denostar a los contrincantes de LSU. Todo fuera del periodo de campaña.

Por otra parte, los fundadores del SUPAUAQ, con una gran visión de largo plazo, plantearon, desde hace más de 40 años que en los procesos electorales del Sindicato se prohíbe el uso de guerra sucia. Los incisos ‘b’ y ‘e’ del artículo 77 son muy claros al respecto y el inciso ‘e’ señala que este tipo de actitudes se penaliza con la pérdida del registro.

Durante todo el proceso electoral, seguidores de LSU se dedicaron a denostar a sus oponentes mediante ruedas de prensa, panfletos, anónimos, correos electrónicos, redes sociales y de todo esto quedó múltiple evidencia. Solo no lo vieron los que no lo quisieron ver.

Por ejemplo, a mi dirección oficial de la UAQ, el 23 de octubre llegó un correo electrónico, desde la dirección supauaq2016@gmail.com, con asunto “elecciones SUPAUAQ”. Este correo fue enviado a otros 59 profesores, en orden alfabético de la a la c y por comentarios de otros compañeros les llegó a muchos más. Entre otras calumnias, se señala que: “el día de hoy Rosalba Flores Ramos ha consensado con la autoridad universitaria la reducción de 25 días de aguinaldo a los profesores universitarios, bajo el argumento de que la SEP solo autoriza el pago de 40 días, violando con ello flagrantemente nuestro contrato colectivo de trabajo”.

Lo mismo se hizo un día antes de la elección, cuando se acusó a la exsecretaria General de haber eliminado el pago del ajuste del calendario y que ya no se pagarían los gastos de los festejos del día del maestro y que Rosalba Flores y el que esto escribe “entregaron a las autoridades universitarias 21 millones de pesos del Fondo de Jubilaciones”, curiosamente, este último “argumento” fue usado en sesiones públicas por el candidato a secretario General por parte de LSU. Solo mentiras y calumnias, parte integrante de la guerra sucia que los seguidores de LSU desataron.

A lo anterior, hay que agregar el amedrentamiento de votantes por parte de seguidores de LSU, incluso el mismo día de la votación.

Los integrantes de LSU, así como sus seguidores, deberían saber perfectamente que hacer campaña fuera del periodo y desatar una guerra sucia conllevaba la pérdida de su registro como planilla y por lo tanto, quedar descalificados del proceso electoral.

¿Las anteriores violaciones al proceso quedan eliminadas al contar los votos? ¡Claro que no! Este tipo de irregularidades ¿quedan canceladas, dado un alto número de votantes? ¡Tampoco! Esto no sucede en ningún proceso electoral serio. Seguramente LSU y sus simpatizantes querían un árbitro a modo para que se les dejaran pasar ese tipo de actitudes, pero eso no fue lo que sucedió.

Hay profesores que de buena fe están preocupados por lo que sucede en nuestro Sindicato pero otros, como aprendices de brujos, se espantan de lo que provocaron.

Lo que daña, deja heridas y divide es la guerra sucia, las calumnias, la denostación y esto deberían pensarlo todos aquellos que sólo saben usar este tipo de estrategias.

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