Opinión

Ellos discriminan… yo no

Por Salvador Rangel

Por lo general nadie acepta que discrimina, pero en la práctica es común hacerlo, bien sea en el seno familiar, pero ahí se disimula como afecto, cariño, amor, sin mala fe. Y a los niños, de preferencia, se les ponen motes, en algunas ocasiones ofensivos, así escuchamos que se refieren al zotaco, al prieto, el enano, el gordo, el pitufo, etc.

Y si un miembro de la familia cuestiona el mote, quien lo usa se justifica diciendo que es de cariño. Pero no deja de ser ofensivo, ya cada quien tiene un nombre y no requiere de alias o apodos, así sean de supuesto cariño.

Pasa el tiempo y el niño ya crecido y con amigos, sin respeto alguno, le siguen llamando así frente a sus compañeros de escuela o de trabajo.

Bueno, eso es en casa, pero también en el trabajo, en la escuela se aplican, no es raro que años después de haber pasado por las aulas, no falta a quien se le ocurra reunirse y no pocas veces no se sabe el nombre del compañero(a), pero si del apodo.

La mayor parte de las veces el apodo es para señalar una característica de la víctima y naturalmente apodo que no molesta a quien va dirigido, deja de decirse, por lo tanto se usa con dolo y mala fe cuando provoca molestia en quien lo recibe.

También la discriminación se aplica a quien presta un servicio o de alguna forma tiene relación momentánea con alguien que se cree de más alcurnia que el otro. Es así como la “gente bonita” se refiere a quien lo atiende como “naco”, “indio”, no es raro escuchar: “Llegué a una oficina y debí entrevistarme con el jefe, para quejarme de un naco que en la ventanilla no me atendió bien, pero el jefe parecía indio.”

Se dice que los mexicanos no discriminamos, existen leyes, pero en la práctica no funcionan, no es cuestión de leyes, es de respeto personal y a nuestros semejantes.

Discriminamos por el color, por la forma de expresarse, por religión, por preferencia sexual, por nivel económico, donde se vive, preferencia política, etc.

Pero las discriminaciones son un atavismo de la Conquista, donde existían las denominadas castas, que son el producto de mezclas de distintas razas.

Así existía el mestizo, que producto de la unión de un español con una indígena, el zambo de indio con negra, el mulato de blanco con negra, el morisco de mulata con blanco, el saltatrás de albino con blanco, el cambujo de chino con india y el tente en el aire producto de cambujo con india y así por el estilo.

En los llamados “antros” están a la entrada los guaruras (forma de expresar discriminación) o “cadeneros” que a ojo de buen cubero deciden quién entra al establecimiento. Y la pregunta es cuándo se ha multado a un establecimiento por esta discriminatoria práctica.

En los bancos hay ventanillas exclusivas para clientes premier, otras únicamente para clientes y una (sí, una) para quien no es ni premier ni cliente, que únicamente va a cambiar un cheque o hacer un pago. Cuando el dinero no tiene nivel, es decir, no vale menos el del no cliente que el del cliente premier. Ninguna autoridad pone freno a este tipo de discriminación.

También en la contratación se aplica la discriminación, bien sea por la edad, el sexo, hasta la procedencia de la escuela.

Y los nostálgicos que no tienen pedigrí están en contra de cualquier forma de discriminación.

rangel_salvador@hotmail.com

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