Opinión

En busca de la impertinencia perdida

Por Felipe López Veneroni

Tomando en cuenta, como lo sugiere Paul Ricoeur, que vivimos en un permanente conflicto de interpretaciones (que, por cierto, es lo que nos hace medianamente humanos y de ahí la centralidad ontológica, más que mecánica, de la comunicación) y que con frecuencia unas cosas se leen por otras, o bien no hubo concordancia entre lo que se quiso decir, lo que se acabó diciendo y lo que se entendió, creo que viene bien un ejercicio de clarificación que, por otra parte, siempre suele ser de auto-clarificación.

Al margen de la posición política que uno tenga (o crea tener, porque ésa es otra: luego resulta que decir “mu” es para otros decir “ye” y empieza la de dios es Cristo), los fenómenos sociales dejan una estela relativamente observable. Si nos salimos un poco de nuestra propia posición para tratar de cuando menos calibrar lo ocurrido, sostengo los siguientes puntos que no veo cómo puedan considerarse una apología de ningún partido o candidato.

1. Ni la manipulación mediática ni las marchas callejeras mostraron ser un arma lo suficientemente efectiva para logar la contundencia electoral deseada ni para impedirla. Si vemos cómo quedó repartida la votación queda claro que hubo un 60 por ciento del padrón electoral que no votó en favor del PRI, pero también que hay otro 60 por ciento que no lo hizo por las izquierdas. Eso no es tomar postura a favor de nadie: son tendencias medibles que no se pueden obviar.

2. Hubo quienes votaron en contra del PAN y del PRI, pero, nos guste o no reconocerlo, hubo quienes votaron en contra del PRI y el PRD y, más aún, quienes lo hicieron en contra del PAN y del PRD. Eso para mí no significa preferir a nadie, sino simplemente que la nuestra es una sociedad cada vez más heterogénea, plural y, sí, en cierto sentido, dividida. Pero ¡qué horror pensar en una sociedad enteramente homogénea o estrictamente binaria (o estás aquí o estás allá)!

3. En ese sentido no se vale sostener que todos los electores que no votaron por tal o cual preferencia están manipulados. Me parece una posición terriblemente arrogante y condescendiente, como si entre los casi 30 millones de votantes que no optaron por AMLO no hubiera uno solo (o varios miles o millones) que hubiesen podido racionalizar su voto en uno u otro sentido. Si no somos capaces de hacer autocrítica y entender que hay otros puntos de vista (un problema lamentablemente recurrente en ciertas formas de izquierda), nos va costar mucho trabajo avanzar.

4. Se ha dicho que con el triunfo del PRI se retrocedió el reloj 70 años. Además de la imposibilidad física del asunto (salvo que Hawking tenga razón y el universo ya haya empezado a contraerse), habría que preguntarse: ¿Qué hace 70 años teníamos elecciones arbitradas por una instancia no controlada por el gobierno (lo que hubiera dado Vasconcelos por un IFE y un TEPJF)? ¿Qué hace 70 años teníamos un Congreso independiente del Ejecutivo o cuando menos donde éste no fuera mayoría absoluta? ¿Qué hace 70 años existían las figuras constitucionales de los medios de impugnación o el marco jurídico y las instancias extrajudiciales –como la CNDH– para ventilar inconformidades?

Si esto se entiende como un apoyo al PRI, lamento decirles que están muy equivocados. Lo que me preocupa del argumento de la “restauración del autoritarismo” no es sólo la falta de un conocimiento más crítico de nuestra historia política, sino que parecería que en este país nada ha cambiado nada en los últimos 40 años y basta con que llegue un muñequito a quitarnos todos los logros que, desde la sociedad civil organizada, hemos alcanzado.

Alegar que la llegada del PRI equivale al fin de la historia, es simplemente desconocernos a nosotros mismos y anular de tajo el potencial crítico y auto-gestivo de la sociedad civil. ¿Realmente un muñeco y su partido pueden detener el avance político de la sociedad? ¡Coño!

5. Que cambie o no el país no depende de que Peña y Televisa lo impidan o de que Andrés Manuel y las izquierdas (what ever that means) así lo decidan, sino de la acción política de la sociedad a través del Congreso y de otras instancias legales (como ya ha ocurrido). Pensar en términos ad hóminem (Peña es un maldito; AMLO es un bendito; Josefa es una cuchi cuchi) es, con todo respeto, no haber entendido nada de lo que ha pasado en México a lo largo de las últimas décadas.

Cierto, la lucha por impulsar una agenda progresista puede ser más difícil, pero si se lograron cambios políticos en los momentos del autoritarismo más álgido, ¿a poco ahora no vamos a poder impulsar ninguna agenda progresista? …Además, ¿quién dijo que los procesos de emancipación son sencillos?

6. Y resalto la paradoja (o parajoda, como quieran) que si en algún lugar hemos retrocedido el reloj 70 años es precisamente en la ciudad de México, donde el famoso Carro Completo era la antigua práctica y la marca más distintiva del viejo PRI. ¿Quiere esto decir que estoy en contra del triunfo del PRD en la capital o en Morelos o en Tabasco? Para nada. Simplemente quiere decir que cualquier régimen político –sea del signo que sea– que carezca de contrapesos en el Legislativo y el Judicial tiende a ser endofágico, autocomplaciente y, ni modo, arbitrario.

Para mí, una de las características fundamentales de una democracia no sólo radica en su sentido positivo (las libertades que se conquistan o reconocen), sino también en su sentido “negativo”, es decir, en la existencia de medios de control de los actos de autoridad. En la ciudad de México, esos medios son muy endebles y tenues (bastaría ver el caso de la Supervía, por ejemplo, contra la que existen recomendaciones de la CDHDF que han sido completamente ignoradas), a causa precisamente del Carro Completo.

Pero ni hablar, así lo decidió la mayoría de los electores del DF y hay que respetarlo. Eso, sin embargo, no quiere decir que no se pueda cuestionar, discutir o analizar desde una perspectiva crítica. Sí creo que en esta ciudad las prácticas electorales del PRD deben ser analizadas desde una perspectiva autocrítica, porque ni modo de cuestionarlas en otro lado pero no aquí.

7. Por último, creo fervientemente en aquella frase de Lennon en Revolution: “You tell me it’s the institution/Well, you know/You better free you mind instead/ But if you go carrying pictures of chairman Mao/You ain’t going to make it with anyone anyhow” o, para retroceder el reloj (y aprovechando que cumplen 50 años de andar rolando), esta otra versión de los Rolling Stones con especial cariño para el #YoSoy132:

http://www.youtube.com/watch?v=fN6XRwnYzL4&feature=related

 

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