Opinión

En busca de un nuevo Hércules I

María del Carmen Vicencio / metamorfosis-mepa@hotmail.com

PARA DESTACAR: ¿A quién se le ocurre que el magnate Slim, cual “candidato independiente”, quiera domar a semejante bestia para ponerla al servicio del pueblo, cuando es parte de ella y vive de ella? Pretender que “este titán es el único capaz de vencer al otro titán Trump”, equivale a esperar que una cabeza de la Hidra destruya a otra.

Muchos mitos o leyendas de todo el mundo, representan metafóricamente la lucha entre el bien y el mal, entre opresores y oprimidos, débiles y poderosos. En ellos suele haber temibles monstruos, un pueblo desvalido y uno o más héroes valientes y astutos que se enfrentan a los primeros, hasta destruirlos. Para lograrlo, deben andar oscuros laberintos, plagados de peligros, engaños y distracciones; superar complejos desafíos y resolver difíciles enigmas.

De la mitología griega sabemos de la Hidra de Lerna, una feroz serpiente con aliento venenoso, varias cabezas, y tan poderosa que si alguien lograra amputar alguna, le renacerán otras dos más fuertes (o siete o nueve o mil, según el narrador). Hidra guarda la entrada al inframundo y es madre de Quimera, otro ser espantoso, que goza acumulando tesoros, con el único fin de verlos brillar, y destruyendo a cualquiera que se le acerque. Hidra muere, cuando Heracles (o Hércules), bisnieto de Perseo, ayudado por su sobrino Yolao, descubre cómo destruirla.

Los zapatistas representan muy acertadamente al capitalismo, con la metáfora de la Hidra, lo que ayuda a comprender por qué es tan difícil destruirlo.

Aunque gran cantidad de expertos en todo el mundo adviertan que el capitalismo está herido de muerte y caerá, independientemente de lo que haga la sociedad, nadie sabe cuánto más vivirá, ni si la humanidad sobrevivirá a su debacle; tampoco si lo que venga después resulte peor.

Por eso, vale seguir recreando esta metáfora, para analizar con mayor detenimiento el problema y prever cómo sobrevivir, pues está más que visto que sólo el sentido común, sazonado de coraje, indignación y buena voluntad, no es suficiente para rasguñar siquiera al monstruo; incluso resulta a veces contraproducente.

Si pudiéramos sacar una radiografía de la situación, quizás hallemos alguna pista, que contribuya a salvarnos. Habrá que dirigir los rayos X: 1) al monstruo, para identificar qué componentes lo vuelven tan potente; 2) al pueblo, para entender por qué no logra destruirlo, y 3) a Hércules, para saber qué poderes tiene, que lo vuelven “libertador”.

No basta sin embargo lograr una buena tomografía, hay que saber interpretarla y conciliar las teorías que debaten sobre qué interpretación es la más pertinente.

De entrada, queda claro que cortar las cabezas de Peña Nieto y toda la clase política mexicana, sería casi irrelevante. Son tan delgadas como un cabello. Esto no significa, desconocer que, a pesar de su insignificancia, han provocado graves daños a la población, pues al “peinarse” (o hacerse a un lado), liberaron a las más fieras trasnacionales, que antaño habían quedado atrapadas en la red de la historia nacional.

Rapar al monstruo, cortando las cabezas de la clase política, resulta altamente seductor, sin embargo, si el pueblo no tiene lista una potente “greña alternativa”, pudiera soltar otras testas mucho más violentas. Cuando la autoridad es débil, se impone la ley del más fuerte, y el Estado deviene en delincuencia organizada, como el que hoy tenemos.

También resulta tentadora la idea de suplicar al ejército que asuma el papel de Hércules y dé un golpe de estado. Pero un régimen militar corrupto someterá al pueblo (no al monstruo) y violará todos sus derechos, como ya sucedió en Latinoamérica con Pinochet, Videla y en México también.

Lo que llamamos “neoliberalismo” consiste precisamente en soltar las cabezas del monstruo, que otrora habían sido frenadas (por las redes de los gobiernos republicanos, promotores del “Estado de bienestar”, tras las guerras mundiales, la Revolución mexicana y el cardenismo).

Por eso es peligroso pretender que la liberalización de los servicios públicos, sea la solución. Esto equivale a alimentar mejor a la Hydra, dizque “para que no se enoje y no nos ataque”. Es decir, en vez de cuidar y empoderar al pueblo, la administración pública y sus aparatos (político, jurídico y militar) destinan el erario y sus servicios a proteger al engendro (a los intereses privados, al pago de la exorbitante deuda, que México tiene con las corporaciones nacionales o multinacionales).

En este contexto ¿a quién se le ocurre que el magnate Slim, cual “candidato independiente”, quiera domar a semejante bestia para ponerla al servicio del pueblo, cuando es parte de ella y vive de ella? Pretender que “este titán es el único capaz de vencer al otro titán Trump”, equivale a esperar que una cabeza de la Hidra destruya a otra.

En esa cruenta guerra caníbal, el fuego que lancen ambas, se desbordará sobre la población, además de que cada una seguirá colocando sus huevecillos en las entrañas populares, para que la batalla continúe, aún después de muertos.

Aunque sus cabezas se amputaran mutuamente, el monstruo no morirá, sólo se transformará y resurgirá más potente (Continuará).

 

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