Opinión

En busca de un nuevo Hércules III. El veneno de la Hidra

María del Carmen Vicencio / metamorfosis-mepa@hotmail.com

PARA DESTACAR: Las cabezas del viejo monstruo expelen hoy gases placenteros, que huelen a “progreso” y a “éxito”, y embelesan mejor a los ingenuos. El monstruo deja de ser “el enemigo”, para convertirse en “el proveedor” de disfrute, comodidad, lujo, diversión y placer. Hoy, los enemigos son todos aquellos que limiten al yo-egoísta.

En anteriores artículos he venido recreando el mito de la Hidra de Lerna, temible monstruo de mil cabezas, que renacen al ser amputadas, y con el que los zapatistas comparan al capitalismo ¿Podrá sobrevivir a él la humanidad?

Diversos pensadores señalan que la vieja Hidra (aunque en el fondo siga siendo la misma), actúa diferente de cuando era joven: Antaño, sus ponzoñas corroían las entrañas populares, causando insoportables dolores. Entonces los pueblos aprendieron a temerle y a advertir a sus hijos del peligro.

Hoy, la Hidra neoliberal, ya no procede así. Sus estrategias de control social (“psicopolítica”, “neuromarketing” y otras más) se volvieron mucho más sofisticadas y eficaces, cuando el monstruo concluyó que había que crear un veneno seductor, que generara placer y confusión, en vez de espanto.

En este contexto, John Berger (crítico del capitalismo, recientemente fallecido), en su texto ‘Dónde hallar nuestro hogar (por qué sigo siendo marxista)’, señaló que “Términos como Libertad o Democracia, robados de periodos históricos previos, se usan (hoy) también para confundir. En el pasado, una táctica común de quienes defendían su tierra natal contra los invasores, fue cambiar las señales camineras para que apuntaran en la dirección opuesta… Hoy, no son quienes se defienden, sino los invasores extranjeros los que invierten los signos, para confundir a las poblaciones locales, acerca de quién gobierna a quién, acerca de la naturaleza de la felicidad y del quebranto o de dónde ha de hallarse la eternidad. El propósito de estas direcciones falseadas es persuadir a la gente de que ser un cliente es la salvación última”.

Las cabezas del viejo monstruo expelen hoy gases placenteros, que huelen a “progreso” y a “éxito”, y embelesan mejor a los ingenuos. El monstruo deja de ser “el enemigo”, para convertirse en “el proveedor” de disfrute, comodidad, lujo, diversión y placer.

Hoy, los enemigos son todos aquellos que limiten al yo-egoísta: los “mediocres” maestros, los “irresponsables” padres de familia, los “zánganos” hijos del vecino, los “extraños”  migrantes limosneros, los “ineptos” servidores, los “conflictivos” que protestan contra el régimen, los “depravados” que aman diferente, los pobres (o indios) “incultos, haraganes y malolientes”, los “perdidos ni-ni”, los “depravados” que aman diferente. Todos esos “otros”, quedan bajo sospecha.

La mutua desconfianza y miles de mensajes de dudosa procedencia invaden casi todos los espacios.

Las cabezas del monstruo también enloquecen, buscando destruirse unas a otras (o aparentan hacerlo, para ganar incautos). Se enfrentan en cruentas batallas “democráticas” y hablan las lenguas populares, disertando sobre “democracia”, “justicia” y todo lo que pueda convencer a la gente. Cada una presume de ser “el nuevo Hércules” y entabla sucias alianzas con sus viejos adversarios.

Los principios ético-políticos pierden vigencia frente a la promesa del triunfo. Algunas cabezas se desdoblan en otras más pequeñas, “distintas” o “independientes”, para hacer creíble su oposición al monstruo.

Los pueblos infectados las imitan y ven con recelo a esos “otros” que luchan contra la Hidra; cuestionando ferozmente sus caminos y reprobando sus “falsos” o “imperfectos” esfuerzos libertarios. Se impone una nueva Babel.

El necesario debate sobre la verdad se vuelve líquido, para dar paso a las interferencias del mercado. El verbo “escuchar” se tasa de “obsoleto”, por las “políticas de calidad” de la neolengua. La gente se acostumbra al ruido, y éste arrulla en vez de fastidiar.

De pronto, grita Trump y estalla el ‘gasolinazo’, y retiembla en sus centros la tierra. Muchos entonces parecen despertar. Las protestas se multiplican por doquier, y se vuelve posible la unión de todos los mexicanos. El himno nacional adquiere nueva vigencia.

En otro escenario, Coca-Cola ofrece su dulce y negra pócima en latas con apellidos latinos, en “franca oposición al nuevo nazi”, (movida genial, que le trae nuevas ganancias)… Varios confiados bendicen a su “nuevo aliado” y el monstruo se ríe, allá en la oscuridad.

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