Opinión

En Querétaro no pasa nada

La historia nos recuerda que mientras los romanos corrían por su vida, aterrorizados porque la ciudad era devorada por enormes y feroces lenguas de fuego, el emperador Nerón tenía una visión distinta de lo que ocurría en su entorno, para él no existía motivo de preocupación y fue tal su desenfado que tranquilamente se apoltronó a tañer su lira.

En Querétaro ocurre algo similar. Mientras la ciudad, y todo el estado, son abrasados por el fuego del crimen organizado, el gabinete de seguridad y el propio gobernador, niegan de manera sistematizada la violencia que se ha incrustado en nuestra realidad cotidiana en forma de asaltos a mano armada, robos a casa habitación, ejecutados, cristalazos, levantados, incremento de feminicidios, secuestros, balaceras en calles y plazas.

La violencia no es señal de alarma, pero sí de alerta dice Francisco Domínguez Servién.

Cada vez crece más el número de personas desaparecidas, principalmente mujeres, se incrementa el número de feminicidios y Aleida Quintana, del Grupo Interdisciplinario T’ek’ei, una de las activistas que investigaba estos casos, como medida de seguridad, se vio obligada a abandonar nuestra entidad, debido a las amenazas y el acoso de las propias autoridades estatales. Branda Ivonne Rangel, de Desaparecidos Justicia, también ha sido hostigada, amenazada por las propias autoridades que deberían de garantizarle protección y auxilio en la búsqueda de su hermano Héctor, que fue desaparecido en 2009 por la policía municipal de Monclova, Coahuila.

¿Y en dónde dejamos los casos de los migrantes queretanos desaparecidos a los que ninguna autoridad busca? ¿A qué ventanilla nos asomamos para que el aparato de justicia atienda a los ciudadanos de a pie y no sólo sea a los pudientes? ¿En qué archivo buscamos los casos de impunidad que viene arrastrando nuestra comunidad porque la justicia queretana es ciega? Tan solo recordemos que el caso de la BMW nunca fue resuelto, aunque hubo un asesinado, nunca se dio con el autor para “aplicarle todo el peso de la ley”, como le gusta declarar a los gobernantes.

Se dice que no hay más ciego que el que no quiere ver y la máxima aplica para el fiscal, el secretario de Gobierno, el secretario de Seguridad Pública y para el propio gobernador, porque tal vez sean ellos los únicos que no saben que en la cuenta de Facebook “los justicieros de Irapuato” existe información abierta de la presencia del crimen organizado en Querétaro, como lo podemos apreciar en el siguiente texto plagado de violencia ortográfica y sintáctica:

“Señores estamos de luto porque emos perdido en una emboscada a nuestro miembro 12 representante de michoacán manuel coronel descanse en paz policías corruptos de acuerdo con extorsionadores de zona de ciudad hidalgo michoacan les queremos declarar la guerra total contraeste cobarde echo donde murió un compañero y casi perdió la vida otra esta advertencia también es para ustedes señores correa de ciudad hidalgo tenemos identificadas todas sus propiedades y negocios que an obtenido atra ves de extorsionar y matar gente aunque pertenezcan l narcotráfico no les tenemos miedo y es una guerra frontal los tenemos ubicados sres Correa en querétaro donde radican. Cuídense mientras puedan a y si pensaron. Que al miembro herido lo hibamos a dejar que lo mataran ya les pusimos la muestra al. Rescatarlo en. Sus narices que somos mas inteligentes y su gente guerra total”.

El anterior texto apareció publicado el 24 de junio a las 23:13 en el muro de Facebook del grupo autodenominado “los justiciero de Irapuato” y es revelador para los queretanos puesto que señalan lo que las autoridades locales se han negado a aceptar de manera sistematizada: la presencia del narcotráfico en Querétaro y aún más, puesto que en el mensaje también se infiere que los narcotraficantes afincados aquí, son inversionistas.

En el muro se postean videos, fotografías y comunicados sobre sus actividades, así como uno de sus objetivos principales, que es el de combatir y acabar con la delincuencia, sus cómplices y los policías corruptos. El grupo de justicieros se estrenó con la detención y exhibición de dos raterillos a quienes les cortaron las orejas y, con las orejas sangrantes los postearon en Facebook. Así fue como se dieron a conocer virtualmente apenas a principios del mes de junio de este año y han sido noticia en diferentes medios locales, nacionales y en CNN en español.

Los autodenominados justicieros es un grupo de presuntos ciudadanos que exhiben armamento de alto poder, de uso exclusivo del Ejército, encapuchados que se dicen hartos de la violencia e inseguridad que se vive en de Irapuato, Guanajuato, que están haciendo justicia por mano propia ante la incapacidad de las autoridades de todos los niveles y, lo que es peor, ante la violencia generalizada que sufrimos, amenazan con expandirse en el centro de nuestro país, del que Querétaro no se salva.

Habrá que recordar que durante, por lo menos, los dos últimos años de la administración de Pepe Calzada, la violencia exacerbada ya se había instalado en la realidad queretana y no es ninguna casualidad que el entonces candidato Domínguez prometiera acabar con la inseguridad y la violencia que atemorizaba a los ciudadanos de a pie. Promesa que se quedó en el aire, como tantas otras más que el político en campaña esbozó demagógicamente para alcanzar el poder.

Es por eso que ahora, cuando la nota roja ha cubierto las primeras planas de los diarios locales y la impunidad y la corrupción caminan tomadas de sus siniestras y esqueléticas manos, los queretanos vemos con terror cómo la violencia corre desatada por las calles queretanas segando vidas, percutiendo cartuchos, provocando dolor, desolación, caos, terror, temor, angustia y desintegración familiar.

Y mientras los queretanos corren por su vida en esta cruenta realidad cotidiana, el gobernador Francisco Domínguez Servién se sitúa en una realidad de oropel, de fiesta, de diversión y de largos periodos vacacionales en los que su única ocupación es la de estar al pendiente de su tequila “Rey del Mundo” con su nombre grabado en refulgentes botellas.

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