Encuentros 28S: Por el derecho a decidir

Cuando me solicitaron escribir estas líneas para promover las actividades que se llevarán a cabo en el marco del 28 de septiembre, “Día de Acción Global por el Acceso al Aborto Legal y Seguro”, como parte de la jornada “Encuentros 28S: Por el derecho a decidir”, comencé a preguntarme cuál sería el énfasis de este texto. La jornada fue planeada y construida colectivamente desde la Consejería Comunitaria, estrategia de la Coordinación de Mecanismos para la Igualdad de Género de la Dirección de Inclusión e Igualdad de Género para la Cultura de Paz (DIIGEPAZ), y esa construcción colectiva también me llevó a pensar en aquello que, como comunidad universitaria, necesitamos seguir poniendo en el centro de nuestras conversaciones en el marco de esta conmemoración.
Son muchos los temas urgentes que requieren ser nombrados, discutidos y, sobre todo, acompañados de acciones. Esto adquiere un sentido particular cuando se trabaja desde una estrategia que apuesta por las metodologías participativas y por la construcción colectiva de conocimientos. Para nosotras, aprender sobre la autonomía y sobre nuestros cuerpos también implica encontrarnos, escuchar y reconocer nuestras experiencias como conocimientos válidos, reconocer las distintas realidades que habitamos y generar espacios donde sea posible cuestionar aquello que durante mucho tiempo se ha dado por sentado: que las mujeres y las personas con capacidad de gestar continuamos siendo criminalizadas al decidir sobre nuestros cuerpos.
Por ello, hemos encontrado en las acciones participativas una forma de compartir estrategias de cuidado, de contarnos sobre las violencias que vivimos diariamente —en nuestras relaciones sexoafectivas, en nuestros espacios escolares, en nuestros barrios— y de hablar sobre las estrategias colectivas que construimos para cuidar de nuestros cuerpos. Compartimos información sobre las organizaciones que nos han apoyado y acompañado para abortar; nos informamos sobre los métodos anticonceptivos a los cuales podemos acceder cuando no tenemos la lana para pagar una clínica privada; nos contamos cuáles son nuestros derechos y cómo acceder a ellos. Es ahí donde vamos tejiendo comunidad.
En esta conmemoración queremos poner en el centro la autonomía de las mujeres y el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, así como la necesidad de garantizar un aborto libre, gratuito, seguro y accesible. Y sí, es necesario nombrarlo con todas sus letras. Aunque en ocasiones abordar este tema desde una institución educativa situada en un estado conservador puede llevarnos a buscar expresiones que resulten menos incómodas para determinados sectores, considero que no podemos defender derechos si evitamos nombrar las realidades, las desigualdades y las demandas que les dan sentido.
Nombrar el aborto es también reconocer que existe, que forma parte de las experiencias de muchas mujeres y que las condiciones en las que se vive pueden estar atravesadas por desigualdades sociales, económicas, territoriales y de género. Hablar de ello en la universidad no significa únicamente abrir una discusión; significa generar espacios para informarnos, escuchar distintas voces, cuestionar prejuicios y reconocer que el derecho a decidir también forma parte de la construcción de una vida digna y autónoma.
Responsable Consejería Comunitaria



