Opinión

Encuestas, fotografías del momento

Por: Sergio Rivera Magos

riveramagos2013@gmail.com

Como parte de su estrategia de comunicación política, los partidos suelen dar resultados de las encuestas que mandan hacer, siempre y cuando estas favorezcan a sus candidatos.  Tal es el caso de los resultados de la encuesta hecha por Ipsos-Bimsa para el Partido Acción Nacional. En ella, Pancho Domínguez está cuando menos seis puntos arriba del candidato del PRI Roberto Loyola en la elección para gobernador, y en la municipal, Marcos Aguilar aventaja a Manuel Pozo entre 15 y 20 puntos.  Aunque las encuestas -sobre todo las hechas por encargo de los partidos- suelen despertar gran escepticismo, la divulgada por el PAN acerca de las elecciones en curso tiene elementos de verisimilitud.

Ipsos-Bimsa es una marca internacional con buena reputación dentro del ramo, no es una empresa fantasma con las que se suelen vincular resultados de encuestas inexistentes. Por otra parte, la encuesta hasta el momento expresa de alguna manera lo que cualitativamente está sucediendo en la contienda electoral. En el caso de la gubernatura, es innegable que el factor carisma favorece a Pancho Domínguez, su capacidad para adueñarse de categorías fundamentales en una campaña como la cercanía con la gente y la confiabilidad, han hecho pensar que tiene posibilidades de triunfo.

Los errores cometidos en la campaña de Roberto Loyola también han contribuido a su posición en las encuestas. Una estrategia de comunicación inconsistente no le ha permitido hacer una campaña diferente o de efectivo contraste con su opositor. Valga de ejemplo el fallido slogan: “Palabra de Queretano”, que cualquiera con sentido común y un poco de conocimiento de marketing político hubiera desechado de inmediato. La frase se presta a pensar en elites, en ese Querétaro cerrado y conservador en donde los que han llegado de fuera no están a la altura de los valores y sensibilidad local. La intención de construir una campaña inspiradora, que mueva a los votantes a la participación convencida y entusiasta se ha quedado en los spots, pero no en el ánimo del electorado.  Otro error que ha costado caro a la campaña de Loyola es el tema del “Tres de Tres”, pues la estrategia de contención de daños que implementó su equipo no funciono, y el tema se convirtió en una mácula que el PAN seguirá utilizando hasta el final del proceso electoral.

La percepción de que la campaña de Pancho Domínguez va mejor crece poco a poco. Probablemente los seis puntos de ahora puedan aumentar de seguir así las cosas.  El riesgo es que si la brecha sigue creciendo, sus opositores opten por campaña negativa o guerra sucia para bajarlo de su posición de líder.  Mientras tanto, Domínguez debe de seguir marcando agenda, contrastando no sólo sus propuestas y logros, sino su imagen misma con la del candidato del PRI.

Con lo que respecta a la elección municipal, los priistas saben que la campaña de Pozo se encuentra en estado de coma. La combinación de un candidato sin muchos positivos y una estrategia de marketing político sin idea ni creatividad llevó finalmente a la debacle: Aguilar va sin mayor problema a ganar una elección frente a un opositor poco competitivo.

Las encuestas son fotografías del momento, por lo que difícilmente pueden tomarse como garantía de triunfo o de derrota. Loyola a pesar de su bajo perfil y lo convencional de su campaña, cuenta con el voto duro priista, con el aparato del partido para movilizar electores y clientelas, y con la memoria de aquellos que durante los gobiernos panistas se vieron agraviados por nepotismo, arbitrariedad, o falta de experiencia.

En una elección todo puede pasar, por eso resultan tan interesantes. Las encuestas son una guía, tanto para los electores, como para los estrategas, una brújula para saber si se está sobre el camino correcto, o si hay que hacer un ajuste a fin de seguir con posibilidades de éxito en la contienda.

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