Opinión

Entre consuelos y desconsuelos

Por Omar Árcega E.


Loable es que un hombre convierta el dolor de la muerte de su hijo en camino para un México más justo; loable es que se olvide de su propio sufrimiento para solidarizarse con el llanto de muchos agraviados por el clima de violencia que se respira en algunas regiones. Convirtió la pesadumbre en luz de esperanza y de cambio.

 

Mediático y escasamente popular


La caravana “Por la Paz con Justicia y Dignidad”, que acabo siendo llamada “Caravana del Consuelo”, fue una forma inteligente de interpelar a la clase política, un recordarles que en el México real una demanda sentida es recuperar la tranquilidad de los espacios públicos. Durante siete días, 12 estados y tres mil 400 kilómetros, víctimas de la violencia que azota algunos regiones, expresaron sus historias, se sintieron arropados y consolados; en esas jornadas se hizo un diagnóstico de grupos y zonas muy precisas de la nación.


La clase política no puede desentenderse de este clamor, desde el Presidente de la República hasta el alcalde del poblado más pequeño deben sentirse interpelados, pues manifestaciones como éstas muestran que están fallando en su misión fundamental: crear condiciones de seguridad para los mexicanos.

 

Sin embargo, es un movimiento que aún no prende en el ánimo de los mexicanos, su fuerza es mediática no popular, por las ciudades donde pasó fue notoria la poca convocatoria local que tuvo, Javier Sicilia lo achacaba al miedo, no creo que la explicación sea tan sencilla, las razones son multicausales: pese al descontento, no estamos acostumbrados a expresar nuestras inconformidades bajo estos esquemas, falta de politización, quizá se haya perdido la fe en las movilizaciones populares y un largo etcétera, el hecho contundente es que pese a la difusión mediática, no tuvo el arraigo que los organizadores esperaban.

 

Aun así en cada ciudad, los pocos que se expresaban narraban historias desgarradoras, hacían recuento de sus agravios, al extremo que Sicilia tuvo que aclarar: la marcha no era un muro de lamentos, sino el inicio de una nueva generación, de un México diferente. Con su sensibilidad de poeta acuñó una frase para la historia “Los señores de la muerte y del poder” así plasmaba la idea de que la violencia tenía que ver con bandas criminales y con la clase política. Contra los que gritaban insultos al Presidente y las autoridades, el poeta fue muy claro: “No es un movimiento de odio”. Pese a los embates siempre mantuvo su visión propositiva, crítica pero abierta al diálogo y a la propuesta, contraria a la actitud de ciertos grupos perversos incrustados en la caravana.

 

El asalto


Y así llegaron a Ciudad Juárez, donde fueron recibidos con relativa frialdad, los cientos de agraviados no aparecieron, las caras de siempre ahí estuvieron pero la multitud no se hizo sentir. Así fue como las mesas de discusiones de donde nacerían propuestas para refundar la República, para crear un gran pacto nacional, fueron secuestradas por trasnochados grupúsculos de la violencia política, el supuesto pacto terminó en retahíla de alocadas propuestas.

 

Cuando pienso que la gira nacional de un circo internacional, cuyas regalías serían destinadas a casas hogar, fue suspendida porque en Morelia grupos armados les arrebataron lo recaudado en taquilla; cuando me cuentan como un centro de rehabilitación para drogadictos tuvo que ser cerrado por que el local era una donación de Hacienda y llegaron narcotraficantes a reclamar el espacio como propio, a punta de pistola los desalojaron; cuando me platican de decenas de empresarios que han cerrado las fuentes de trabajo que generaban, pues el chantaje del crimen era ya insostenible; cuando rememoro todo esto no entiendo quién puede suscribir las propuestas expresadas en Ciudad Juárez, ciertamente no todas eran malas, pero hay algunas bastantes cuestionables: sacar al Ejército de las calles, suspender el Plan Mérida, hacer juicios políticos contra ciertos personajes. Parece que desean ya no se combata al narcotráfico, eso significaría una sola cosa, quedar en manos de ellos, entonces sí estaríamos ante un Estado fallido, entonces un México de leyes, el México industrial, la nación que aspira su desarrollo, habrá truncado sus sueños y habrá hipotecado el futuro de generaciones enteras.

 

Los deslindes


Afortunadamente dentro de la caravana no todos perdieron la cabeza, la economista Clara Jusidman que encabezó la mesa de discusión sobre democracia y vivió en carne propia “este asalto”, el cual orilló a muchos activistas a no firmar el acuerdo. El propio Sicilia, dijo que no se trataba de sacar de las calles al Ejército de manera irresponsable y pronunció otra de sus frases memorables: “No importa tanto el fruto del agua, sino haber caminado hacia él”, aludiendo a que lo importante de las propuestas recogidas fue su proceso de elaboración. Emilio Álvarez Icaza, cercano a Sicilia, ha dicho que no va a firmar ese pacto si se exige la salida inmediata del Ejército de la lucha contra el narcotráfico y el juicio político a Calderón.

 

Para que un pacto nacional sea factible, se debe evitar caer en lugares comunes: prédicas anti-neoliberales, anti-estadunidenses, anti-Tratado de Libre Comercio, anti cualquier cosa. Se debe llegar con una mente crítica, pero sin dejarse llevar por rencores de campañas presidenciales pasadas, es necesario reconocer que en situaciones normales, el Ejército no debe estar en las calles, pero enfrentamos un momento extraordinario.

 

Antes que abanderar los no rotundos, es menester tener visión del presente y del futuro, hay acciones que tiene altos costos realizarlas, pero no ejecutarlas es mucho más gravoso. La estrategia nacional contra el narco puede ser perfectible, todo en esta vida lo es, invertir más en inteligencia, acorralar sus mecanismos financieros de lavado, esto y otras cosas más debe tener en cuenta la autoridad. Pero la batalla contra los señores de la muerte tiene que seguir dándose, no nos cofundamos, los que están fuera de la ley, los que viven de la violencia son ellos y las víctimas podemos ser tú y yo, y si no hacemos algo habremos perdido el futuro.

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