Opinión

Era de la comunicación

Sólo para nostálgicos…

Por: Salvador Rangel

Desde el inicio de la humanidad, el hombre ha sentido la necesidad de comunicarse con sus semejantes, con las pinturas rupestres en las cavernas, por medio de tambores, silbidos, gritos o sonidos guturales.

En 1836, Samuel F. B. Morse inventó los primeros equipos eléctricos para transmisión telegráfica, que por medio de impulsos eléctricos transmitía un mensaje, el código Morse.

Thomas Edison, inventó el sistema en que dos estaciones de telégrafos podían enviar en ambos sentidos.

El avance tecnológico siguió y en 1958 se lanzó al mercado un sistema de teleimpresión llamado télex.

En cuanto a la televisión, fue en 1927 en Inglaterra y en 1930 en Estados Unidos, cuando se realizaron las primeras transmisiones experimentales, en Inglaterra la programación inició en 1936 y en Estados Unidos en 1939.

Durante la Segunda Guerra Mundial, se utilizaron teléfonos móviles, a partir de ahí se desarrollaron para uso civil.

En la actualidad el uso de telefonía móvil es indispensable, cuenta con servicios de mensajes, imagen. Internet, fotografía, etcétera.

En una palabra ya cada quien tiene su teléfono donde se encuentre, no requiere el de la oficina o casa para estar comunicado, tiene al mundo al alcance de su mano.

Sin embargo, esta herramienta de comunicación ha propiciado, el fenómeno contrario, la incomunicación.

Es común ver en la calle a personas que manejan y usan el teléfono móvil al mismo tiempo, en los cafés hay personas que se supone se han reunido para compartir un espacio de diversión y no falta quien se encuentre pegado a su teléfono, está desconectado de los demás.

Y los maestros, sufren para captar la atención de sus alumnos, quien no está con la computadora, se encuentra conectado a los audífonos, otros más reciben llamadas al celular.

Estamos en la moda del uso de la telefonía celular, los niños tienen un teléfono móvil por cuestiones de inseguridad, dificultad para ir por ellos a la escuela y comunicarse para que esperen en determinado lugar.

En las familias, cada quien tiene su horario y son familias democráticas, cada quien hace lo quiere y cuando llegan a reunirse para comer o desayunar, los hijos, si es que no los padres, tienen a la mano el teléfono móvil y es más importante la llamada que atender la charla familiar.

Si esto, ya de por si es un problema, los que se meten en más dificultades son los (las) infieles, que reciben una llamada inesperada de su pareja, pero además queda registrado el número o con la leyenda de privado, que no pasa inadvertida la llamada para el cornudo (a) y en la primera oportunidad que tiene confisca el celular para saber de dónde proceden las llamadas o mensajes. Por lo general cuando entra a bañarse, pero hay quien hasta el baño lleva el celular.

Y que decir de las redes sociales, donde los infieles, sin acatar una de las normas básicas de la infidelidad (discreción), hacen gala de sus conquistas, se exhiben y naturalmente son sorprendidos.

Y en los casos de divorcio se han presentado imágenes de Facebook y de celulares para argumentar la infidelidad. Habría que saber hasta dónde la ley acepta este tipo de pruebas, pero por las dudas, no hay que registrar nada.

Quienes sean infieles, no deben confiar en nadie, únicamente en su memoria, los recuerdos se guardan para quien es protagonista. No se exhiben.

Y los nostálgicos, recuerdan el uso de los teléfonos públicos que funcionaban con una moneda de 20 centavos, de ahí la frase “no te ha caído el 20”.

rangel_salvador@hotmail.com

 

{loadposition FBComm}

 

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba